Pocas personas, en especial las víctimas del conflicto armado, tienen la capacidad de sanar y transformar el duelo en una oportunidad para salir adelante sin dejar de lado aquello tan doloroso que cambió el rumbo de sus vidas.
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En Toluviejo, un municipio del departamento de Sucre que se sitúa a escasos 30 minutos de su capital Sincelejo por una vía de doble calzada en buen estado, está construido el proyecto sanador más importante de la región y quizás del país, del que hasta ahora se tenga conocimiento.
Se trata de Casa O11ce: Café/restaurante por la Paz y la Memoria, que le rinde homenaje a las once vidas, todos jóvenes, que hace cerca de 19 años partieron de este municipio con la ilusión de encontrar un trabajo con el cual salir adelante ellos y sus familias y terminaron muertos en falsos combates con tropas del Ejército Nacional a través de su entonces Fuerza de Tarea Conjunta de Sucre (FTCS), que para ese entonces –año 2007– tenía su sede en el municipio de Sincé y comandaba el teniente coronel Luis Fernando Borja Aristizábal.
En memoria de esos sueños de once jóvenes y por la sanación de sus familias nace Casa O11ce, ubicada en el barrio San Pablo, y que este jueves 26 de marzo será inaugurada, pero que ahora más que antes necesita del apoyo de todos los sectores de la sociedad para que el objeto con el que fue creada en verdad se cumpla y siga sanando heridas y siendo ejemplo vivo de reconciliación y encuentro.
Si bien Carlos Alberto Valeta Jiménez, Luis Alberto Pérez Mercado, John Jairo Colón Ayala, Frank Arley Padilla Bandera, Luis Fernando Mejía Vides, Déimer Hoyos Rodríguez, Cristian Vergara Osuna, Miguel Jiménez Chamorro, Julio Rafael Julio Olivero, Juan Bernardo Patrón Viloria y Evin David Paternina Parra ya no están de cuerpo presente entre los suyos, sus sueños de trabajar para producir están plasmados en Casa O11ce, donde cada miembro de estas familias víctimas de ‘falsos positivos’ o ejecuciones extrajudiciales tiene una tarea por desarrollar.
La mano de todos
Padres, madres, hermanos, tíos y esposos (as) de estos muchachos que fueron asesinados bajo el rótulo oficial de ser delincuentes tienen puestas en Casa O11ce todas las esperanzas para seguir saliendo adelante entre la memoria y el ejemplo de perdón y reconciliación.
Y no es para menos, pues la obra civil edificada en un área aproximada de 500 metros cuadrados fue construida por 34 exintegrantes del Ejército Nacional que son comparecientes ante la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), y de ellos 7 tuvieron participación directa en la falsa propuesta de trabajo, el reclutamiento, transporte y muerte de los 11 jóvenes, de los cuales solo han sido recuperados 10 cuerpos, faltando aún el de Evin David Paternina Parra, que para la época era menor de edad y además tenía problemas cognitivos.
Víctimas y victimarios juntos
La construcción de la Casa O11ce reunió a los comparecientes y a las familias de los asesinados por seis meses durante 24/7 y nunca hubo un enfrentamiento o una situación difícil que no solo pusiera en riesgo el proyecto de infraestructura, sino que también hiciera fallar el trabajo de sanación, perdón y reconciliación en el que las víctimas con el acompañamiento de organizaciones, en especial de la Confraternidad de Colombia, han venido teniendo desde la pérdida trágica de sus seres queridos.
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Los 34 comparecientes que en Casa O11ce hicieron las veces de albañiles estuvieron orientados por el maestro de obra Edilberto Jiménez Chamorro, que es hermano de Miguel, uno de los muchachos asesinados.
“Estas paredes significan mucho para mí y para todas estas familias víctimas asociadas. En este lugar está la transformación del dolor en nuevas oportunidades. Aquí podemos mirar el futuro de los muchachos que ya no están, pero que tenían sus sueños y nosotros los hemos materializado aquí”, anota Nerys Patrón Viloria, hermana de Juan Bernardo y quien lo crió como un hijo más.
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Ella, al igual que las otras mujeres y hombres de la Asociación de Víctimas de Toluviejo Hijos de la Verdad, están listos para poner en marcha el restaurante, la pizzería y repostería de Casa O11ce.
Se han preparado en cursos con personal nacional y extranjero para que la sazón de la memoria, la paz, la reconciliación y el perdón atraiga a millones de paladares en el mundo. Y en un futuro entrará a operar la panadería.
El pilar del proyecto
María Margarita Flórez, compañera sentimental de Carlos Alberto Valeta Jiménez y madre de su único hijo, ha sido el pilar fundamental de todo este proceso de sanación, de producción y progreso. En medio del dolor que le causó la desaparición y muerte de su entonces compañero de vida salió adelante. Se hizo psicóloga no solo para entender y poder superar el duelo, sino para ayudar a las otras familias que como ella sufren el mismo flagelo.
Con esos conocimientos se fue abriendo camino no solo en Colombia, sino en el mundo y fue precisamente gracias a estos contactos que logró los mejores aportes de la Embajada de Noruega y de un donador alemán, Tobías Merclec, a través de la Fundación Sembrando Esperanza, de Colombia, para hacer realidad la construcción de Casa O11ce.
Los aportes
El donador alemán compró el terreno que fue escogido por los miembros de la asociación por una ubicación central –a pocos metros de la vía de acceso principal a la región del Golfo de Morrosquillo–, mientras que con los recursos donados por la Embajada de Noruega, unos 140 millones de pesos colombianos, realizaron la infraestructura que consta del auditorio que lleva por nombre ‘No me olvides’ y que tiene capacidad para 40 personas, además del área administrativa, baños, restaurante, cafetería, pizzería, área de juegos infantiles y un patio externo.

Cada espacio tanto interno como externo está decorado con plantas donadas por Argos y la Fundación Hijos de la Sierra Flor. Los pisos en mármol fino pulido los donó la Asociación de Mineros de La Piche (Asomip); las paredes externas en piedras las donó el nativo Kevin Hernández con su empresa Perla Mármol; el otro nativo Samuel Álvarez regaló el parque infantil; la Escuela de Bellas Artes y Humanidades de Sucre aportó los murales externos y será la que además pinte los rostros de las 11 víctimas, y el artista magangueleño Eduardo Butrón les obsequió una obra de dos piezas en hierro que se llama El Encuentro, haciendo alusión a todo lo que ha rodeado este espacio pintado de blanco.
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“Estas paredes están listas para soportar y mostrar la memoria. “Este será un museo en el que desde ya invito a todos a visitar. A no pasar por Sucre sin llegar a la Casa O11ce de Toluviejo para que conozcan un proceso sanador y transformador que es creación y construcción de nosotros mismos, las víctimas”, dijo María Margarita Flórez, quien desde hace cuatro años cuando nació la idea tuvo la certeza de que este espacio no podía ser un museo más en el mundo, y por eso elaboraron el proyecto que les patrocinó la Embajada de Noruega con la inclusión de unidades productivas.
En el interior del auditorio ‘No me olvides’ estarán impresos los nombres de las once víctimas, además de una pintura que las mismas víctimas realizaron en un lienzo y donde plasmaron por primera vez este sueño que hoy se les hace realidad, pero que para hacerlo funcional necesita de la donación y otros apoyos.
El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo fue garante de la buena ejecución de los recursos donados por la cooperación internacional. Desde el inicio del proyecto destinó a un funcionario que ha estado todo el tiempo acompañando a las víctimas que lo consideran su padrino.
Los hombres de esta asociación también hacen las veces de guardas de seguridad de su proyecto. Hacen las veces de vigilante día y noche por turnos semanales, entre ellos está Bercelio Julio Olivero, hermano de Julio Rafael, uno de los asesinados por el Ejército.
Este hombre ya está listo para preparar las pizzas en el horno que se llama ‘Sabor a la vida’ y que está decorado en un material visual con colores que forman once plumas que hacen alusión a las once vidas que ya no están.
La gerencia de Casa O11ce está en poder del contador público Elías David Mejía, hermano de Luis Fernando, uno de los fallecidos.
Tiene 24 años y el recuerdo de cuando aquella tragedia tocó a la puerta de su casa lo tiene intacto a pesar de que solo contaba con cinco años.
Dice que a este proyecto le ha apostado todo porque en él están puestas las esperanzas de todas las familias víctimas, por eso le pide a la ciudadanía que los apoye, que “se sumen a esta apuesta por la paz y el desarrollo del municipio de Toluviejo”
Finalmente María Margarita Flórez resaltó a Casa O11ce como un referente de perdón, turismo y desarrollo en Sucre, “y estamos dispuestos a darlo todo para que esto no muera”.
Once vidas que se perdieron con una falsa promesa laboral

La trágica muerte de los once jóvenes nativos y residentes del municipio de Toluviejo ocurrió entre el 9 de julio y el 7 de agosto del año 2007 cuando, llevados por una oferta laboral en fincas del vecino departamento de Córdoba, salieron de su terruño. Algunos se fueron sin decirles nada a sus familiares, quienes angustiados empezaron a buscarlos.
Entre los primeros que se fueron estuvo Carlos Valeta Jiménez, compañero sentimental de María Margarita Flórez, quien lo vio salir a trabajar por iniciativa de su coterráneo Robinson Eustaquio Barboza Almanza, de quien la justicia probó que fue la persona que se encargó de reclutar a los muchachos para entregarlos posteriormente a los militares que los llevaron a zonas montañosas en las que los asesinaron a balazos en falsos combates que el Ejército Nacional mostró, en su momento, como resultado de la lucha contra estructuras armadas ilegales.
Barboza, al igual que otros civiles conocidos con los alias de Joselito Carnaval y Andrés Pacheco, así como el TC Luis Fernando Borja Aristizábal, pagaron prisión y, en el caso de este último, confesó y pidió perdón público en 2021.





















