El Heraldo
Sociedad

60 años del trágico adiós de Ernest Hemingway

El escritor y periodista estadounidense, ganador del Nobel de Literatura en 1954, se quitó la vida con un tiro de escopeta.

Con sus mágicas manos, esas con que escribió verdaderas obras literarias como Fiesta, El viejo y el mar y Adiós a las armas, el escritor y periodista estadounidense Ernest Hemingway tomó una escopeta y jaló del gatillo, para poner fin a su existencia. 

El trágico hecho ocurrió un día como hoy, hace exactamente 60 años, en el interior de su residencia en la ciudad de Ketchum (Idaho-EE. UU.). De esta manera el literato culminó con un proceso de destrucción personal que mantuvo atado al alcohol.

Bajo la ruda fachada de masculinidad que construyó a través de su vida y obra –cazador, pescador, taurino y corresponsal de guerra– se encontraban muchos miedos y una personalidad atormentada que había encontrado un peligroso aliado: la bebida. 

Su forma de morir contrasta con el coraje que demostraban los protagonistas de sus escritos en las diferentes aventuras que emprendían. Ejemplo de ello fue el viejo Santiago, que domó un pez espada en una lucha de tres días en el mar de La Habana, Cuba. Esta victoria quedó consagrada en la novela El viejo y el mar.

Con aquella historia inspirada en el Caribe se ganó las dos distinciones más importantes de su carrera: el Pulitzer y el Nobel.

Hemingway fue uno de los escritores más importantes entre las dos guerras mundiales. La primera obra que firmó está fechada en 1923 (Tres relatos y diez poemas) y fue publicada en la revista Poetry. Un año más tarde, apareció un volumen de cuentos titulado En nuestro tiempo (1924), Hombres sin mujeres (1927), libro que incluía el cuento Los asesinos y El que gana no se lleva nada (1933), libro de relatos en los que describe las desgracias de los europeos.

El periodismo y la literatura no fueron lenguajes tan distantes para el norteamericano, según le atribuye el escritor y catedrático Joaquín Mattos.

“Su estilo fue seco, conciso, casi que periodístico. Una técnica muy depurada”. Su principal innovación en recursos narrativos, agrega, fue el “dato escondido”.

“Sobre todo en sus cuentos se observa este empleo, en el que oculta o deja de suministrar un elemento anecdótico de la historia”, explica Mattos.

En su paso por este mundo durante 61 años, emprendió muchas aventuras. Fue conductor de ambulancias en Italia durante la Primera Guerra Mundial, siendo herido. En la Segunda fue testigo del desembarco en Normandía y la batalla de las Ardenas, capitaneando incluso un pequeño grupo de milicianos durante la liberación de París. Además, sobrevivió a dos accidentes aéreos mientras exploraba África como safari.

En su estancia por París convivió con intelectuales y grandes pintores como Picasso, y vivió en persona la revolución de Fidel Castro en Cuba, en la que le fue expropiada su finca, en La Habana, donde pasaba largas temporadas.

Fuente inspiradora de Gabo

Según cita el Centro Gabo en su página web, nuestro Nobel de Literatura comenzó a leer a Hemingway a los 26 años en un hotel de Valledupar, cuando vendía enciclopedias. 

En una columna escrita por Gabriel García Márquez en El País de España, el 29 de julio de 1981, contó que del norteamericano aprendió varias lecciones, entre ellas que “es posible escribir en cualquier parte siempre que no haya visitas ni teléfonos, que a veces es bueno releer los propios libros cuando cuesta trabajo escribir para recordar que siempre fue difícil y que el trabajo de cada día sólo debe interrumpirse cuando ya se sabe cómo se va a empezar al día siguiente”.

Para García Márquez, Hemingway es un escritor que enseña la técnica para contar historias cortas y contundentes. En él es posible aprender eso que los narradores conocen como “carpintería literaria”. 

“Faulkner es un escritor que tuvo mucho que ver con mi alma –confesó Gabo– pero Hemingway es el que más ha tenido que ver con mi oficio”.

Una de las frases más destacadas que pronunció Gabo en torno a Hemingway, a quien se refería como “el maestro”, estuvo enfocada a una especie de “literatura en el ring”. 

“Hubo algo que escribió Hemingway que siempre me impresionó mucho: que para él escribir era como boxear. Él se ocupaba de su salud y de su estado físico”. 

Como dato curioso, Gabo pisó por primera vez suelo mexicano el 2 de julio de 1961, el mismo día que uno de sus referentes detonaba su arma de caza sobre su humanidad.

El cataqueros contó que sólo lo vio en 1957, en París. Gabo caminaba por el bulevar de Saint Michel cuando divisó en la acera opuesta al escritor norteamericano. Iba acompañado de su esposa Mary Welsh y avanzaba en dirección del jardín de Luxemburgo. Indeciso entre cruzar la calle para entrevistarlo o expresarle su admiración sin reservas, decidió gritarle en la distancia: “¡Maeeeestro!”. Hemingway, que sabía algo de español, le respondió mientras se alejaba con otro grito en el mismo idioma: “¡Adioooós, amigo!”.

El mundo no lo olvida

Pese a que han pasado seis décadas de su fallecimiento, su legado literario se mantiene vivo y es motivo de homenajes en diferentes países. En Asunción, Paraguay, se presentará hasta el próximo 11 de julio la obra teatral Hemingway, una adaptación libre de datos biográficos del autor estadounidense.

Entre el 24 y el 26 de junio en La Habana, Cuba, para ambientar su natalicio 60, se desarrolló de manera virtual el ‘Coloquio Internacional Ernest Hemingway’, que contó con escritores y docentes.

La Feria Virtual del Libro USA que se cumplió durante todo el mes de junio, también lo recordó con varios análisis sobre su obra.

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