Son cientos los sacerdotes que han pasado por las aulas y los pasillos del Seminario Regional de la Costa Atlántica Juan XXIII. Muchos de ellos hoy lideran parroquias, acompañan comunidades y sirven a la Iglesia Católica en distintas regiones del Caribe y Colombia.
Por ello, este martes, la institución celebra con orgullo sus 60 años de historia en medio de una eucaristía presidida por monseñor Pablo Emiro Salas, Arzobispo de Barranquilla en la Catedral Metropolitana María Reina.
El Arzobispo recordó los inicios de esta casa de formación y destacó que, seis décadas después, el propósito espiritual con el que nació sigue intacto.
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“Después de 60 años, este querer permanece y los protagonistas de hoy tenemos ante Dios la responsabilidad de mantener sus propósitos misionales”.
Expresó que los primeros seminaristas llegaron desde jurisdicciones como Cartagena, Barranquilla, Montería, Ocaña y el vicariato de San Jorge, mientras que años después se fueron sumando otras diócesis de la región Caribe.
“Iniciaron labores bajo la dirección de los padres eudistas, quienes sobresalían por su carisma en la formación de sacerdotes y líderes evangelizadores”.
El arzobispo aseguró que este aniversario también representa una oportunidad para pensar en el futuro de la institución y en los nuevos retos de la formación sacerdotal.
En ese sentido, indicó que la Iglesia continuará trabajando en la renovación de la infraestructura del seminario y en fortalecer los procesos de formación humana y espiritual de los futuros sacerdotes.
“Estamos interesados en enfocarnos en una formación más humana y comunitaria, en total sintonía con la realidad actual, acompañada de resiliencia y de una profunda madurez espiritual”.

En medio de su homilía, también hizo énfasis en que el seminario debe seguir siendo un lugar donde los futuros sacerdotes aprendan a reconocer la presencia de Dios en la vida cotidiana.
“En este contexto, queridos hermanos, es importante tener una visión sobrenatural de la realidad, aprender a reconocer la acción de Dios en lo concreto de cada jornada”.
Monseñor Salas señaló que la formación de los sacerdotes no solo debe enfocarse en lo académico, sino también en fortalecer la vida espiritual y humana de quienes sienten el llamado religioso.
“Seremos fecundos si somos como un árbol plantado al borde de las aguas, es decir, firmemente arraigados en Dios”.
El seminario de es considerado una de las instituciones más importantes de formación eclesiástica en la región Caribe. Además de su significado espiritual, el lugar también se destaca por su imponente arquitectura, cuya construcción original fue financiada por la Provincia Eclesiástica de Cartagena y el Episcopado Alemán.
La historia de esta casa de formación comenzó el 24 de agosto de 1963, cuando fue bendecida la primera piedra del edificio. Años después, el 22 de mayo de 1966, se realizó la inauguración oficial de la sede en una ceremonia encabezada por monseñor José Paupini, nuncio apostólico de Su Santidad Pablo VI.

Posteriormente, el 3 de diciembre de 1968, el seminario recibió la aprobación oficial de la Santa Sede mediante un decreto de la Sagrada Congregación para la Educación Católica.
40 años de la visita de San Juan Pablo II
También se realizó una mención especial sobre la visita de San Juan Pablo II a la ciudad, de la cual se conmemoran 40 años.
Monseñor Pablo Emiro Salas evocó aquel 7 de julio de 1986, cuando el entonces papa Juan Pablo II llegó a la capital del Atlántico en medio de una multitud que salió a las calles para recibirlo.
“Para ese entonces, toda la región, obispos, sacerdotes, religiosos y fieles nos encontramos en Barranquilla para recibir su palabra y su bendición”, expresó el arzobispo.
La visita apostólica de Karol Józef Wojtyła sigue siendo, hasta hoy, un hecho sin precedentes para la ciudad. Ningún otro papa ha regresado a Barranquilla desde aquella jornada histórica en la que el llamado ‘papa viajero’ visitó la Plaza de la Paz y dejó un mensaje marcado por el llamado a la reconciliación y la esperanza.

Juan Pablo II llegó a Colombia el 1 de julio de 1986, aterrizando en Bogotá luego de un vuelo de 12 horas desde Roma. En esa visita recorrió 11 ciudades del país durante siete días, aunque inicialmente Barranquilla no estaba incluida en el itinerario oficial.
Sin embargo, la capital del Atlántico terminó convirtiéndose en una de las paradas más recordadas de su recorrido por Colombia.
Durante su paso por Barranquilla, el pontífice expresó: “Tengo el gozo de encontrarme en esta Plaza de la Paz, cuyo nombre aúna, hoy más que nunca, los anhelos de todos los colombianos”.
Ese mismo día bendijo y coronó a la Virgen María Auxiliadora con una corona y un cetro de plata donados por exalumnas del colegio María Auxiliadora y por la reina del Carnaval 1976, Katya González.
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La estola utilizada por el papa durante la ceremonia todavía se conserva en la Catedral Metropolitana María Reina como una reliquia y fue presentada ante los feligreses durante el acto.
Uno de los momentos más emotivos de la celebración se vivió cuando monseñor Víctor Tamayo ingresó al templo para coronar a la Virgen María Auxiliadora. Y es que hace 40 años él fue el encargado de organizar la histórica visita de San Juan Pablo II a Barranquilla, cuando el pontífice también bendijo y coronó a la virgen durante su paso por la ciudad.





















