Las señales de tránsito cumplen una función clave para orientar, regular y advertir a quienes se movilizan por las vías. Ignorarlas o utilizarlas de manera incorrecta no solo puede generar sanciones económicas, sino también aumentar el riesgo de accidentes para conductores, peatones y demás actores viales.
De acuerdo con el Código Nacional de Transporte, estas señales están ubicadas en puntos estratégicos para garantizar que sean visibles y comprendidas por todos. Aunque muchos ciudadanos no lo saben, existen varias categorías de señales, cada una con una función específica.
Entre las más comunes se encuentran las reglamentarias, identificadas por su fondo blanco, símbolos negros y bordes rojos. Estas establecen prohibiciones, límites y obligaciones que deben cumplirse obligatoriamente.
Por otro lado, las señales preventivas son amarillas con letras o símbolos negros y sirven para alertar sobre posibles peligros en la vía, como derrumbes, curvas riesgosas o presencia de resaltos.

También existen las señales informativas, generalmente de color verde y con forma rectangular o cuadrada, que brindan orientación sobre destinos, servicios o lugares cercanos como hospitales, aeropuertos o municipios. A estas se suman las señales transitorias, de color naranja, utilizadas en zonas con obras o cierres temporales.
Una de las señales reglamentarias que suele generar confusión entre los conductores es la que obliga a encender las luces bajas o las luces diurnas del vehículo, conocidas como DRL.

Estas luces delanteras están diseñadas para mejorar la visibilidad del automóvil durante el día. En la mayoría de vehículos modernos funcionan automáticamente y suelen ser de tecnología LED blanca.
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En distintos países, su uso es obligatorio en carreteras y rutas nacionales. Sin embargo, algunos conductores creen erróneamente que la señal hace referencia a las luces altas o de posición. Las DRL se caracterizan por permitir que otros vehículos detecten la presencia del automóvil a larga distancia sin causar deslumbramiento.
La finalidad principal de estas luces es aumentar la visibilidad preventiva y reducir el riesgo de choques, especialmente en vías de doble sentido, más que iluminar directamente la carretera.
Actualmente, muchos carros incorporan este sistema de manera automática gracias a normas de seguridad vehicular. Aun así, antes de iniciar un recorrido por carretera se recomienda verificar que las luces diurnas estén funcionando correctamente al encender el motor.
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Finalmente, cuando las condiciones climáticas cambian y aparecen fenómenos como lluvia, neblina o baja visibilidad, los conductores deben activar manualmente las luces bajas para que también se enciendan las luces traseras y el vehículo pueda ser visto con mayor facilidad.





















