La annona, provisión anual de trigo, fue implementada por Cayo Graco (123 a.C.) como herramienta política y de propaganda para ganar el favor del pueblo, asegurándole su pan. Roma compraba grano y lo distribuía, primero a un precio reducido y luego gratis, bajo Publio Clodio (58 a.C.), para ganar más adeptos, pilar del orden político y social.

Según ponencias en el reciente congreso de Naturgas e informes sectoriales, la crisis energética de Colombia no es por ausencia de recursos sino por exceso de omisiones. El gobierno que asuma el poder en agosto recibirá un sistema estresado financieramente, vulnerable al clima y fracturado regionalmente. Será su primera prueba de responsabilidad económica. Las empresas quiebran por falta de caja, no de facturación y el sector eléctrico y gas natural están ahogados por iliquidez. Sin el giro de subsidios (~ $3 billones), no llega caja para pagar energía y gas. El sistema funciona en cadena, así que la iliquidez es contagiosa y se propaga. La prioridad es fiscal: apropiación presupuestal y oportuna de subsidios, porque sin solvencia financiera no hay expansión, ergo, tampoco confiabilidad. El Fenómeno de El Niño asoma y la energía firme muestra déficits incrementales y dilema no es renovables vs. fósiles, es de resiliencia energética. Agregar opciones de generación como la hidro, solar, eólica y térmica no es un dogma ambiental, es el seguro contra racionamientos, que, más que problemas técnicos, son golpes directos a la economía. En gas natural la tendencia es preocupante: caída de reservas y producción, mayores (y más costosas) importaciones y tarifas al alza. Se requiere ampliar infraestructura de importación y regasificación para el corto plazo y, enseguida, retomar la exploración y producción, incluyendo fracking bajo juiciosos estándares ambientales. Nuestro Caribe es el eslabón débil, ninguna reforma energética es sostenible si no resuelve la anomalía estructural de la región, léase intervención de Air-e. Pérdidas técnicas y no técnicas (~30%), recaudos menores al 10% en ciertas zonas y redes deterioradas, conforman una ecuación inviable. Sin un marco regulatorio diferencial, que reconozca pobreza energética sin normalizar culturas de no pago, ni disciplina y pedagogía social, cualquier operador fracasará; ya hemos visto pasar varios. La agenda del gobierno no termina apagando estos incendios. Hay que modernizar, no por esnobismo tecnológico si no por eficiencia, reducción de pérdidas y mejores señales tarifarias. Organizar subsidios, confiabilidad y asumir el realismo energético no es una renuncia ideológica; es gobernar erradicando distorsiones de raíz y no administrando tensiones.

Roma sabía que sin annona no había pan ni paz social, para un país sin energía confiable no hay crecimiento ni estabilidad. En energía, la improvisación se paga con apagones y en un país que aspira a crecer, éstos se pagan con confianza. Roma garantizaba pan, los gobiernos deben garantizar estabilidad energética integral.

@achille1964