La noche del lunes 13 de abril comenzó en Bellas Artes la versión 35 del Conversatorio Filosófico de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad del Atlántico, que dirige mi entrañable amigo, el profesor Numas Armando Gil Olivera. Los académicos e intelectuales José Gabriel Coley y Juan Pabón Arrieta y este periodista y columnista, fuimos los panelistas invitados a este inaugural ejercicio titulado ‘Imperialismo, filosofía y territorio’. Moderó Numas Armando.

Recordé que la primera vez que escuché la palabra imperialismo fue en el movimiento estudiantil de los años 70. Mao dijo que el imperialismo era “un tigre de papel”, pero Nikita Jruschov expresó, en tono burlón, en medio del distanciamiento chino-soviético, que ese “tigre de papel tiene dientes nucleares”, y el sarcasmo del líder ruso no gustó mucho al timonel chino.

Destaqué como un hecho relevante la postura antiimperialista del papa León XIV, quien, sin estridencias, pero con mucha firmeza, ha dicho que no le teme a la administración Trump, cuyo guerrerismo ha cuestionado, al tiempo que ha clamado por una Tierra en paz. Bajo sus ademanes tranquilos, este pontífice simboliza un poderoso pensamiento humanista.

Señalé ciertas diferencias entre populistas antipluralistas como Hitler y Mussolini y Trump. Los dos primeros asaltaron el poder con partidos políticos monolíticos que parecían guarniciones militares y desplegaban una estética impresionante en sus grandes concentraciones públicas. Además, ejercían un dominio de la narrativa en una época donde no había redes sociales sino periódicos y radio. Trump podría leerse como una nueva versión del fascismo, pero no tiene las camisas negras de Mussolini, ni las camisas pardas de Hitler. Ni controla todos los poderes. Ni domina el relato a través de medios de comunicación unidireccionales. Ni puede quedarse ilimitadamente en el poder.

Fue interesante la discusión sobre el pluralismo a propósito de una chusca expresión costeña que el Pacto Histórico ha hecho suya: “Solo Petro en esta mondá”. (En un evento de Juan Daniel Oviedo, entre estruendosas risotadas, contraatacaron con otro estribillo sectario: “Que Petro ni que mondá”). En el conversatorio dijimos, como Martin Wolf en el libro La crisis del capitalismo democrático, que “la democracia requiere pluralismo”. Lo otro es negar la legitimidad del contradictor, la separación de poderes y la libertad de prensa. Manifestamos también que nadie se puede atribuir la encarnación de todo el pueblo, porque, como dice Wolf, la “idea del pueblo único, homogéneo y auténtico es una fantasía”. Ese delirio conduce al totalitarismo.

@HoracioBrieva