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Colombia es un país donde la realidad política parece superar cualquier guion, aquí el humor se ha convertido en una herramienta para entender la cotidianidad. Así lo asume Daniel Samper Ospina, quien aterriza en Barranquilla con su espectáculo ‘Circombia en elecciones’, una puesta en escena que recoge lo más insólito del panorama electoral colombiano y lo transforma en risas.

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Desde sus inicios en la sátira política, el escritor, periodista y comediante asegura que Colombia siempre ha tenido ingredientes de sobra para el humor.

Con el tiempo surgió su show ‘Circombia’ y ahora se pasea por el país con ‘Circombia en elecciones’ una propuesta en la que sin temor alguno se burla de todos los candidatos a la presidencia de Colombia. Aquí no se salva nadie, los de izquierda, centro o derecha son analizados con la lupa de Samper Ospina quien los presenta de una manera cómica.

En diálogo con EL HERALDO cuenta detalles sobre su apuesta, la cual traerá el próximo sábado 2 de mayo en el teatro José Consuegra Higgins. Las boletas se pueden adquirir en Latiquetera.com y parte del dinero recaudado será donado al programa de becas de “Vamos Pa’lante”. A continuación reproducimos apartes de la entrevista.

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¿En qué momento sintió que Colombia se volvió un espectáculo circense perfecto para el humor?

Cuando comencé mi trabajo como escritor de sátiras en la revista Semana, esto fue hace ya más de 15 años, me di cuenta de que todo era un absoluto disparate. Yo creo que un momento inolvidable fue aquellas elecciones de la Ola Verde. Esas elecciones eran piezas humorísticas involuntarias. Desde Noemí Sanín, cuando empezaba a hablarles a personas imaginarias, que decía que a ella la estaba dirigiendo Pedro, Juan o María (…) Sus simpatizantes terminaba gritando arengas como evangélicos, marchando con girasoles. Esas elecciones le terminaron dando el triunfo de forma insólita a Juan Manuel Santos, que era un tipo sin ningún tipo de carisma, que parecía permanentemente inflamado, como si le hubieran picado las abejas. Allí fue donde vi una oportunidad para abordar con humor todo el tema político.

¿Qué cambia en esta nueva versión frente al “Petroverso”?

Vamos a hacer un resumen humorístico de lo más disparatado de Petro. Yo sé que hay mucha gente que se queja del gobierno de Petro, pero creo que dentro de los humoristas nunca vamos a estar insatisfechos. Este gobierno ha sido muy generoso con los humoristas y siempre nos ha dado material, cuando creemos que ya se agotó todo, él entonces aparece diciendo que la canción de Shakira “Las mujeres ya no lloran, las mujeres facturan”, es una referencia a la prostitución, no sabemos por qué. También abordaremos hechos de este año como la captura de Maduro, la inclusión de Petro en la lista Clinton o la auto percepción de Petro como jaguar, siendo el primer therians que tuvo el país. Aquí no importa si vas por Abelardo, por Paloma o Cepeda, al final a todos los empata el humor, hay que reírse de todos los políticos, no ponerse a pelear por ellos.

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¿Las estrategias “virales” de campaña (bailes, retos, shows gastronómicos) son una evolución natural o una degradación del debate político?

Son una degradación también a la dieta (risas) Juan Carlos Pinzón, por ejemplo, nos dejó sin tomates. En determinado momento, lo llevaron a una plaza de mercado y como él no sabía muy bien cómo funcionaba la cosa, empezó a comer tomates como si fueran mogollas mientras lo grababan, todo eso para demostrar que él también era de calle. Pero obviamente que el debate político está muy degradado y las redes sociales lo degradaron aún más (…) Me parece una maravilla cada vez que sale la fórmula de Abelardo (Juan Manuel Restrepo) bailando, esa es una forma de decir que él es cachaco, sin necesidad de decirlo. También el ‘periodicazo’ de Oviedo o ver a Fajardo con sus gafas oscuras de DJ, toda esta maravilla encaja en ‘Circombia en elecciones’.

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¿El humor político en Colombia hoy tiene más riesgos o más material?

Yo diría que más material que nunca, y yo también creo que hay gente que está haciendo un muy buen trabajo. Las redes han permitido que aparezcan muchos humoristas novedosos capaces de hacer una muy buena sátira con todo el material que arrojan.

¿Has tenido que descartar chistes porque la realidad terminó siendo aún más absurda que la sátira?

Tenía material de Miguel Uribe, pero tras su dolorosa muerte han quedado engavetados.

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¿Qué le ha sorprendido más de los candidatos en esta temporada electoral?

Todos están dando mucha papaya. Abelardo es un personaje difícil de caricaturizar, porque a veces él mismo es una caricatura, y se ufana de serlo, él mismo posa con sus sombreros, es algo auténtico que ha tenido que ir matizando. Paloma Valencia empieza a gritar como loca que Uribe es su papá, y el pobre Uribe pidiendo alguna prueba genética (risas). La irrupción de Oviedo, no estaba en el show y me ha dado buen material con sus ‘periodicazos’. Hay una gran incógnita que es Cepeda, un tipo que aparece jorobado leyendo un papel, no hace ninguna vaina, salvo tener una mirada muy angustiosa, así que hacer humor con él es mucho más desafiante. Toca acudir a temas más psicológicos, de los miedos que representa, me valgo de algunos memes, poniéndole la barba de Fidel Castro.

¿Te han dejado de hablar amigos o familiares por tus posturas o tus chistes?

No he permitido que eso suceda, yo por ejemplo me burlo mucho de mi tío, el expresidente Ernesto Samper Pizano. Le doy bastante garrote en las columnas, en los noticieros digitales, en ‘Los Danieles’ y en la función también lo traigo para criticarlo, él es un tipo divertido que hace reír bastante, había que verlo gobernar para morirse de la risa.

Llegas a Barranquilla, una ciudad con fuerte identidad política y cultural. ¿El público costeño se ríe distinto?

Es el mejor público que uno puede tener, porque es el público más desparpajado, tiene más vocación para el humor, es el público que en su ADN tiene una molécula de mamagallismo que no existe en ningún otro lugar de Colombia. El costeño sabe mamarle gallo muy bien al poder, y eso es una maravilla.

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Lo bueno de todo esto es que parte del dinero de la taquilla va para el programa de becas “Vamos pa’ lante” de la Universidad de los Andes en el que se apadrina a chicos muy pilos con algún problema económico para que no interrumpan su carrera.

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