La empresa DreamWorks, una de las empresas de animaciones más grandes del mundo, que ha creado películas como Shrek, no nació de la nada. Uno de sus fundadores, Jeffrey Katzenberg, contó detalles de cómo surgió la idea, que arrancó de su despido de Disney.
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En una entrevista con Big Shot podcast, el productor reveló cómo convirtió la adversidad en una oportunidad para triunfar.
Katzenberg trabajaba en Disney, donde trabajó y fue pieza clave en el llamado “Renacimiento de Disney” (1984-1994), ayudando a impulsar clásicos como La Sirenita y El Rey León.
Después de su despido, decidió cofundar DreamWorks Animation junto a Steven Spielberg y David Geffen, un estudio que cambiaría la industria con éxitos como Shrek, Madagascar, Kung Fu Panda y Cómo entrenar a tu dragón, consolidándose como un imperio de USD 3.800 millones en animación y medios, según dijo el propio Katzenberg.
“La reacción tras mi despido no fue lamentarme, sino buscar el siguiente reto”, relató Katzenberg. Dijo que apenas minutos después de su despido recibió la llamada de Spielberg y Geffen.
“Nosotros pusimos el dinero, aunque fui yo quien tuvo que hipotecar mi casa para aportar mi parte”, explicó. Reveló que la inversión inicial fue de USD 23 millones y que en ese momento se trataba de un emprendimiento muy arriesgado.
“En DreamWorks no hacíamos películas para niños, sino para adultos y para el adulto que hay en cada niño”, dijo el productor. Afirmó que las obras como Shrek eran diseñadas como cuentos de hadas “fracturados” por naturaleza, diferenciándose del modelo Disney.
“Decidimos mantener la famosa frase de Shrek a sabiendas de que nos alejaba del público tradicional de Disney. Nuestro objetivo era construir una identidad propia y no ser la sombra de nadie”, agregó el productor.
Katzenberg también reveló la diferencia que quisieron marcar en cuanto a Disney: “Mientras Disney miraba hacia el pasado y la tradición, nosotros buscábamos siempre el siguiente desafío, abrazando la posibilidad de fracasar para avanzar”.
Añadió: “La clave estaba en respetar las fortalezas de cada uno, saber cuándo ceder y cómo unir nuestras visiones. Contra todos los pronósticos, la sociedad entre los tres se mantuvo durante 20 años, gracias a ese equilibrio”.
Además, dijo, en cuanto su rol en la empresa, expresó: “Me considero un buscador de talentos, un truficultor. El secreto está en conectar con personas auténticas y vulnerables. Allí reside la fuerza para inspirar equipos excepcionales”.
En otra parte de la entrevista, más personal, recalcó cómo vive en referencia a su filosofía.
“Aprendí de mi padre la generosidad, el cuidar a quienes te rodean y a quienes no pueden cuidar de sí mismos... Mi filosofía es nunca dejarse atrapar por el pasado; hay que mirar siempre hacia adelante. Aferrarse a los logros anteriores es un error”.
Enfatizó que esos valores los llevó a su ambiente familiar: “La calidad del tiempo juntos y la capacidad de sorprender a los que amas a diario sigue siendo fundamental”.
Respecto al fracaso, compartió las enseñanzas de sus mentores: “El fracaso no puede ser fatal; es necesario dejar espacio al error para innovar. Quien se atreve a crear debe aceptar que perder forma parte del proceso”.





















