Un grupo de capuchinos, llegados a finales del siglo XIX a una Barranquilla que crecía a punta de migraciones, comercio y oportunidades, entendió que su misión no era pasajera. En 1896 arribaron a una ciudad en plena transformación, diversa y en constante construcción, donde la fe también necesitaba un lugar propio para asentarse y acompañar ese ritmo de cambio.
Tres décadas después, esa intención se hizo real. El 16 de mayo de 1926 fundaron la parroquia Nuestra Señora del Carmen con el objetivo de institucionalizar la vida religiosa en un sector nuevo y planificado de la ciudad como lo era El Prado.
Ese mismo año adquirieron los terrenos donde se levantaría el templo, y sellaron simbólicamente el inicio del proyecto enterrando una botella con un documento fundacional como una forma de dejar constancia de sus creencias y de su mirada hacia lo que estaba por construirse.
La construcción, iniciada en 1927, reflejó también las conexiones internacionales que marcaban a Barranquilla en esa época. Los planos fueron elaborados por un arquitecto en Sevilla, mientras que la dirección de obra quedó en manos del español Alfredo Badenes.
A nivel local, el arquitecto Juan Carlos Macchi Felizzola no solo participó en la construcción, sino que es señalado como uno de los responsables del diseño del templo, lo que muestra un cruce de influencias entre lo europeo y lo barranquillero.
Pero más allá de los nombres propios, el proyecto evidenció una articulación entre Iglesia, Estado y sector privado. Figuras como el gobernador Alberto Osorio, el industrial Alberto Roncallo, Tirso Schemel y el urbanizador Manuel J. de la Rosa hicieron posible que la obra avanzara.

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Amor mariano
En esa línea de tiempo, la mirada actual de la parroquia ayuda a entender por qué este templo sigue siendo un punto de referencia en la ciudad. El párroco Juan David Rendón ha logrado ser testigo de ello.
“Es un símbolo de la espiritualidad mariana aquí en la ciudad, que fue impulsada por los hermanos. Durante estos cien años de servicio, de evangelización, de misión, ha destacado en la ciudad por acoger el desarrollo incluso de la misma ciudad”.
Para él, hablar del centenario es hablar de personas. “Es un centenario donde queremos vivirlo con gratitud por tantas personas sencillas, humildes, ilustres, que han acompañado el desarrollo de esta iglesia”.
Hoy, esa historia se mantiene viva en momentos específicos que siguen convocando a la gente. “Es un sitio de peregrinación central en la ciudad de Barranquilla, sobre todo los dieciséis de julio, donde celebramos a Nuestra Señora del Carmen. Y en estos cien años esperamos vivirla, sobre todo en este mes de julio, con mucha gratitud”.

Con tres años al frente de la parroquia, Rendón también encontró en este lugar algo particular. “Sobre todo resalto y valoro mucho la espiritualidad mariana y el amor fervoroso que se tiene a Nuestra Señora del Carmen… no había tenido la oportunidad de conocer un amor tan especial”.
Y, pensando en quienes vienen detrás, dejó una invitación abierta: “Hago una invitación muy especial a las nuevas generaciones para valorar, para respetar la importancia que ha tenido la experiencia de acercarse a la historia”, expresó.
Su gran conservación
En su diseño original, el templo también habla del momento histórico en que fue concebido. Los arquitectos Alfredo Badenes y Juan Carlos Macchi optaron por un estilo neobizantino, el cual se observa en las cúpulas de las torres de la fachada y en la estructura general del edificio.
La planta de la iglesia se organiza a partir de una gran cúpula central de base hexagonal, sostenida por seis pechinas. Esta cúpula, de 12 metros de diámetro, se levanta sobre un tambor rodeado por un anillo de ventanas que permite la entrada de luz natural, marcando el centro del espacio.
Para que se haya conservado durante un siglo, también está el amor de fieles como Rocío del Carmen Márquez De Ávila, arquitecta especializada en restauración y conservación del patrimonio, quien ha estado vinculada a la iglesia desde finales de los años setenta.
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“Yo creo que la que me impactó fue mi mamá, porque mi mamá decía que ella cuando comprara su casa tenía que ser cerca de la iglesia del Carmen y ella su abogación a la Virgen del Carmen me la aseguró a mí y al resto de la familia”.
Esa herencia es la que la ha llevado a mantener viva la tradición. “Yo creo que eso fue lo que me impactó a mí para yo seguir enseñando la devoción a la Virgen del Carmen a las personas que vienen detrás de mí, los niños”, expresó Márquez.
Desde su mirada profesional, también explica lo que hace diferente a este templo frente a otros de la ciudad. “La iglesia del Carmen tiene un periodo cronológico con la iglesia de Chiquinquirá, con la iglesia del Rosario, con la iglesia del Perpetuo Socorro, la iglesia del Sagrado Corazón, son más o menos de la misma época, pero la iglesia del Carmen… es declarada santuario mariano, y cuando una iglesia es declarada santuario mariano es lo que la hace diferente al resto de iglesias”.

Los niños han contribuido
También hay iniciativas que han buscado transformar las costumbres desde las nuevas generaciones. En ello hizo énfasis Julio Adán Hernández, director de Voz Infantil, Hola Juventud.
“Hacia el año 2002, con el respaldo de monseñor Rubén Salazar Gómez, se respaldó una iniciativa como era recuperar el día de los angelitos, y de ahí salió Angelitos por la Paz, más que todo para evangelizar, para mostrar unas costumbres diferentes”.
También hubo un trabajo en torno a la devoción. “Ese respaldo… nos brindó la posibilidad de promover una sana y auténtica devoción con la madre de Dios, de ahí que Voz Infantil comenzó a realizar Niñas y Niños con la Virgen del Carmen desde el año 2002, con novena y procesión”.
El cambio empezó a sentirse. “Mucha gente recordará que para esa época se hacían unas fiestas de la Virgen del Carmen que era puro vallenato, nadie cantaba música mariana, y nosotros empezamos a ver las posibilidades de que las costumbres en los niños también cambiaran”.

Y es que en esos niños que hoy levantan sus manos y siguen a la Virgen del Carmen ya se empieza a escribir el siguiente capítulo. Serán ellos quienes, con ese mismo amor mariano aprendido en casa y en la iglesia, mantendrán viva la devoción y serán testigos de otro siglo de fe en la ciudad. ¡Por 100 años más siendo el templo casa de fe!
A homenajear este siglo de historia
Según explicó el padre Juan David Rendón, las actividades en torno a este centenario se extenderán durante el año. “A partir del mes de mayo cada mes vamos a tener una actividad central acá en la parroquia, pero las celebraciones principales van a ser en el mes de julio… va a ser un mes de mucha celebración”.





















