Entre los recuerdos dolorosos y la fuerza de la esperanza, fue presentado la noche de este jueves el libro ‘Morir no era una opción’, una obra que narra en primera persona la experiencia real de un secuestro ocurrido en las montañas del norte de nuestro país y que explora las profundas secuelas emocionales, familiares y humanas que deja la privación de la libertad.
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El lanzamiento se llevó a cabo a las 7:00 p. m. en el Centro Cultural La Perla, en medio de una tertulia íntima entre el autor, el médico internista Carlos Riveros, y el protagonista de la historia que inspira el texto, Luis Fernando Echeverría.

Más que centrarse en la crudeza del secuestro como hecho criminal, el libro propone una mirada hacia la resiliencia del ser humano, su capacidad de adaptación en escenarios extremos y la inteligencia emocional necesaria para sobrevivir.
“La narración recorre paisajes acogedores del departamento de Cesar, las costumbres de sus habitantes y el folclor que acompaña la travesía, creando un contraste entre la belleza natural y la angustia de la cautividad”, dijo el autor.
Uno de los pasajes más impactantes describe el momento en que Echeverría, recién liberado tras varios meses de encierro, conversa con su hermano mientras regresan de la montaña.
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“Aunque físicamente estaba debilitado, mi esencia permanecía intacta. Tú me ves físicamente acabado… pero ¿me ves cambiado?… no alcanzas a ver mi espíritu, soy el mismo”, relata el protagonista en una escena que evidencia la complejidad emocional del regreso a la libertad.
Catarsis literaria
Riveros explicó que el libro nació de una amistad profunda y de la confianza construida durante años. “Yo no lo escogí para escribir esta historia. El tema fue naciendo con el tiempo”, contó el autor, quien aseguró que la obra también representa su propia catarsis frente a la impotencia vivida durante el secuestro de su amigo.

El proceso de escritura se desarrolló con una participación activa de Echeverría, quien aportó detalles cronológicos y emocionales. Según Riveros, el reto fue narrar desde adentro, como si la experiencia hubiese sido propia. “Yo no estoy contando su historia desde afuera, estoy dentro de él, sintiendo lo que él sintió”, afirmó.
Cicatrices invisibles
La obra también profundiza en los efectos psicológicos que deja el secuestro, especialmente en el reencuentro con la familia. Uno de los capítulos relata el momento en que la hija del protagonista, que tenía apenas un año de nacida al momento de la liberación, lo abraza con temor al no reconocerlo plenamente.
“La montaña succionó mucho del Luis Fernando que entró en ella, no solo el peso”, expresa el personaje en el libro, una frase que sintetiza el sentimiento de desarraigo y transformación interior que suele acompañar a quienes atraviesan este tipo de experiencias.
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El testimonio destaca además el papel de personas anónimas que arriesgaron su vida para ayudarlo durante el cautiverio, así como el sacrificio económico y emocional de su familia, que debió desprenderse de recursos importantes para lograr su liberación.

“Tengo que agradecer a una campesina que me ayudó a comunicarme con mi familia, cuando yo tenía unos meses desaparecido. Ella arriesgó su vida y hasta hoy, no pude pagarle eso que hizo por mí. Lamentablemente hace dos años murió de cáncer, pero siempre le estaré agradecido”.
Historias con propósito humano
Carlos Riveros, quien ejerce actualmente la Medicina en Estados Unidos y ha recibido reconocimientos del Congreso de ese país y del Senado colombiano por su labor con la comunidad hispana y su trabajo durante la pandemia de COVID-19, aseguró que encuentra en la escritura una forma de explorar la condición humana.
“Yo no soy un escritor, soy un contador de historias. No todas las vivencias pueden convertirse en un libro; deben tener un propósito y mostrar algo coherente”, señaló. En este caso, explicó, lo que lo motivó fue la capacidad de adaptación del protagonista y su estrategia para sobrevivir en medio de la desventaja.
“Morir no era una opción”
El título del libro surgió de una conversación clave entre ambos. Ante la necesidad de convivir con sus captores y encontrar el equilibrio entre preservar su vida y evitar mayores daños a su familia, Echeverría comprendió que rendirse no era una alternativa.
“Aprendí a ver la vida con los verdaderos valores: la familia, el amor sobre todas las cosas… siempre hay una luz a pesar de tanta oscuridad”.




















