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Scott Schnick estaba sentado en el negocio de Doña Cele, a la orilla de la carretera de la Cordialidad, en Campeche, tomándose una cerveza fría para aguantar el calor. En la mano tenía un par de ciruelas y en la mesa no faltaban las almojábanas.

A su lado, su esposa y otros allegados conversaban tranquilos, como cualquier visitante que llega a disfrutar del ambiente del pueblo.

Su nombre no es común por estos lados. Es estadounidense, pero su forma de ser rompe rápido esa distancia, ya que es sonriente, amable y sin complicaciones. Se levantó sin problema cuando le pidieron unas fotos, cruzó al negocio de enfrente a mirar más ciruelas y no dejó de mostrar interés por todo lo que veía. Sus ojos azules llamaban la atención, aunque para las fotos prefirió ponerse gafas.

Lleva dos semanas en Colombia. De esos días, diez los ha pasado en Campeche y cuatro en Cartagena. No es la primera vez que viene.

“Ya había estado el año pasado, pero volví porque acá tienen un sabor diferente. Es todo muy cálido”.

En su memoria, ese gusto tiene historia. “En América tenemos manzanas y esto me recuerda a cuando era niño, cuando había árboles de manzanas”.

Jesús Rueda

El festival también le resulta familiar. “Me gusta este tipo de festival. Me recuerda a los que hacíamos allá, festivales de manzanas dulces”.

A su lado está su esposa, Rosa Rodríguez, campechana, de familia conocida en la zona. “Ayer teníamos hambre y veníamos a comprar algo. Dijimos: vamos al restaurante y al final la probamos”.

Como él, muchos llegan por estos días hasta Campeche, corregimiento de Baranoa, atraídos por el Festival de la Ciruela, uno de los eventos más tradicionales del Atlántico, que se celebra desde este viernes hasta el lunes festivo.

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En su edición 38, el festival, organizado por la Fundación Festival de la Ciruela de Campeche, con apoyo de la Alcaldía de Baranoa y la Gobernación del Atlántico, tiene el objetivo de mover la economía local a través de este fruto que es símbolo del corregimiento.

La ciruela aquí se vende en todas sus formas. En dulce, jugo, conserva y otras preparaciones que nacen de recetas familiares. Cada puesto es una oportunidad de ingreso para quienes, durante estos días, encuentran en el festival una de sus principales fuentes de trabajo.

Jesús Rueda

Una dulce tradición

Personas de distintos rincones del Atlántico llegaron hasta Campeche y eso se notaba. Caminar por los puestos, en varios tramos, se volvió tarea lenta. La afluencia de visitantes llenó las calles y obligaba a avanzar con calma. Para los vendedores, ese “tranconcito” era buena noticia.

Entre la gente estaba Gisela Rendón, quien llegó desde Galapa con su hijo y se detuvo en el negocio de doña Vicenta. Miraba, preguntaba, probaba. “Me encanta porque esto es tan variado. Tengo dos años viniendo y es uno de los planes más sabrosos. Sobretodo porque uno también tiene donde almorzar, entonces después se degusta con tantos dulces”.

Al frente del puesto estaba Vicenta Isabel Ruiz Torres, nacida y criada en Campeche, con años encima participando en el festival.

“Ofrecemos pudín de ciruela, la ciruela, jugo, vino y dulce, todo a base de ciruela y estamos contentos porque mucha gente nos ha comprado”.

Cuando arranca el festival, hay familias que no duermen. La de los Ortega Escobar es una de ellas.

“Desde las cinco de la mañana estamos preparando todo”, cuenta Sebastián Lora Santiago, amigo cercano de la familia y quien también se suma a la jornada.

Jesús Rueda

Son más de 30 años participando en el festival, construyendo un nombre que en el corregimiento ya es referencia obligada cuando se habla de derivados de la ciruela.

En su mesa no falta nada. “Tenemos dulce de ciruela, pudín, mermelada, vino y hasta vinagre”.

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La dinámica durante estos días es intensa. Lo que se vende en la mañana se vuelve a preparar en la tarde. “A medida que se va acabando, vamos haciendo más y más, porque la gente viene buscando eso, los productos de la ciruela”.

Detrás de cada preparación están las matronas de la familia, las que han sostenido la tradición y han participado en concursos como el del mejor pudín de ciruela, uno de los más esperados. Son ellas las que han perfeccionado las recetas con los años.

Porque hacer un buen pudín no es cualquier cosa. “La autenticidad está en cómo se trata la ciruela y cómo se manejan los sabores. No todas las ciruelas son iguales porque algunas tienden a ser más amargas, y ahí está el secreto, en saber equilibrar, en darle el punto justo para que el resultado sea el mejor”.

Jesús Rueda

En Campeche, muchos de los pudines que se venden salen precisamente de esta familia. Tienen su pequeña fábrica en casa, desde donde han levantado su sustento y el de los suyos.

Uno de los principales atractivos de esta edición será el concurso al mejor producto innovador y la mejor bebida de ciruela, una iniciativa promovida por el alcalde Edinson Palma y la gestora social Julia Durán. Los participantes serán evaluados por expertos teniendo en cuenta criterios como presentación, equilibrio de sabores e identidad del producto, y los ganadores recibirán incentivos económicos.