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Es una advocación mariana que surgió en Francia en el siglo XIX y que, con el paso del tiempo, se transformó en uno de los referentes espirituales más importantes del mundo.

Lo que comenzó como el testimonio de una adolescente terminó convirtiéndose en un fenómeno religioso, cultural y social que hoy convoca a millones de personas.

En 1858, Bernadette Soubirous, una joven de origen humilde, afirmó haber tenido encuentros con una figura femenina en una gruta cercana al río Gave, en la localidad de Lourdes.

Durante varios meses, relató una serie de apariciones que despertaron inicialmente dudas, críticas y escepticismo. Sin embargo, tras investigaciones eclesiásticas, la Iglesia reconoció oficialmente estos acontecimientos años después.

Uno de los momentos más relevantes fue cuando la aparición se identificó como la Inmaculada Concepción, una expresión desconocida para Bernadette, lo que reforzó la credibilidad del relato.

Entre los elementos más representativos de Lourdes se encuentra el manantial que brotó en la gruta tras una indicación recibida por la joven vidente.

Desde entonces, el agua se convirtió en un signo espiritual para los creyentes. Miles de peregrinos la utilizan como parte de su oración, mientras que los reportes de sanaciones han sido analizados bajo estrictos criterios médicos y religiosos.

Solo un número reducido ha sido reconocido oficialmente como milagro. A medida que aumentaron las peregrinaciones, Lourdes fue desarrollando una infraestructura acorde a su crecimiento. Hoy cuenta con varios templos, espacios de oración y áreas destinadas a grandes celebraciones.

Entre sus construcciones destacan las Basílicas históricas del siglo XIX, un templo subterráneo para grandes concentraciones y edificaciones modernas integradas al entorno natural. Este conjunto refleja la evolución del santuario a lo largo de más de 150 años.