La literatura también se toma a Barranquilla y encuentra casa en la Universidad del Norte. Como parte del Hay Festival Joven, los días 2 y 5 de febrero, el campus abrirá sus puertas a estudiantes y comunidad universitaria para vivir una jornada dedicada a las letras, el pensamiento y la conversación con grandes voces de la literatura y la filosofía contemporánea.
Lea aquí: Barcelona hace el primer trasplante facial del mundo con donante que recibió la eutanasia
El encuentro se realizara en el Auditorio Marvel Moreno y cuenta con la participación del escritor cubano Leonardo Padura, el colombiano Juan Gabriel Vásquez, el poeta dominicano Frank Báez y la filósofa marroquí Karima Ziali, quienes dialogarán con profesores de Uninorte en espacios abiertos y cercanos al público.
Los invitados llegan a Barranquilla tras hacer parte de la programación del Hay Festival Cartagena, que se celebró entre el 29 de enero y el 1 de febrero con más de 180 participantes de 25 países.
Entre los asistentes a este gran evento cultural también estuvo el rector de la Universidad del Norte, Adolfo Meisel, quien destacó la importancia de mantener este vínculo con uno de los festivales literarios más importantes del mundo.
“Estamos muy complacidos nuevamente de tener en la Universidad del Norte el Hay Festival. Es una oportunidad para que nuestros estudiantes escuchen a autores de primera línea. Los invito a que participen, a que los escuchen y, ojalá, a que los lean”, expresó el rector.

La jornada en Uninorte comenzó este lunes a las 8:30 de la mañana con la conversación entre el poeta Frank Báez y la directora del Museo Mapuka, Daniela Pabón. Báez, nacido en Santo Domingo, es una de las voces más destacadas de la literatura latinoamericana actual. Su obra transita entre la poesía, la narrativa y la crónica, con una mirada aguda sobre la vida cotidiana y la cultura urbana del Caribe.
La programación continuó con el diálogo entre la filósofa Karima Ziali y el profesor Sergio Álvarez. Ziali, quien debutó en la ficción con la novela “Una oración sin dios”, ha ganado reconocimiento por cuestionar las nociones tradicionales de identidad, migración y pertenencia. Su obra ha sido celebrada por su profundidad filosófica y su mirada existencial sobre el mundo contemporáneo.
El escritor que narró a Cuba
En la tarde, a las 2:30 p. m., el protagonismo fue para Leonardo Padura, quien conversó con la profesora del Departamento de Español Alana Roa. Considerado el escritor cubano de mayor prestigio internacional, Padura ha retratado como pocos las tensiones sociales e históricas de La Habana, muchas veces desde el género policial.
Leonardo Padura nació en La Habana en 1955 y, con el paso de los años, se convirtió en uno de los escritores más leídos, respetados y traducidos de la literatura en español.
Su nombre quedó inscrito en el panorama internacional cuando recibió el Premio Princesa de Asturias de las Letras en 2015, un reconocimiento a una obra sólida, comprometida y profundamente humana.
Padura alcanzó fama mundial gracias a sus novelas policiacas, protagonizadas por el inolvidable detective Mario Conde, un personaje que camina las calles de La Habana mientras intenta entender un país, una época y sus propias contradicciones.
Títulos como Pasado perfecto, Vientos de cuaresma, Máscaras, Paisaje de otoño, Adiós Hemingway, La neblina del ayer, La cola de la serpiente, La transparencia del tiempo y Personas decentes han sido traducidos a numerosos idiomas y han recibido múltiples premios, consolidándolo como una voz imprescindible del género negro latinoamericano.
Su obra también incluye novelas como Herejes, ganadora del Premio de Novela Histórica Ciudad de Zaragoza, Regreso a Ítaca y El hombre que amaba a los perros, así como libros de relatos como Aquello estaba destinado a ocurrir y Deseando ocurrir. En el ensayo ha dejado huella con títulos como Agua por todas partes y Los rostros de la salsa, donde combina literatura, música y memoria cultural. A eso se suma su celebrado reportaje sobre La Habana, Ir a Agaba, una mirada íntima y crítica a la ciudad que lo formó.
Ahora, Padura regresa con La puerta grande o morir en la arena, una novela que explora un drama familiar y que le permite al lector recorrer más de 50 años de la historia cubana, desde el siglo XX hasta los primeros años del XXI. Con su estilo reflexivo y cargado de sensibilidad, el autor vuelve a demostrar que escribir sobre Cuba es, para él, una forma de resistencia, memoria y amor.
Al agradecer la invitación a la Universidad del Norte, confesó que esta es, quizá, la tercera vez que visita Barranquilla, aunque para él las fronteras del Caribe no existen. “Me cuesta trabajo saber dónde estoy. No sé si estoy en Cartagena, Barranquilla o La Habana”.
El escritor cubano explicó que en el Caribe colombiano reconoce gestos, formas y temperamentos que le resultan familiares. Ve similitudes claras entre los cubanos y los costeños como en la manera de hablar, de acercarse, de expresar afecto.
“Nos parecemos en los excesos y en los defectos, pero sobre todo en los excesos. Aquí lo tocan mucho a uno, son muy cariñosos y en La Habana también así que me siento como en casa”.
Todo un heterodoxo
Leonardo Padura también se detuvo a hablar de su oficio, de la manera en que se relaciona con los géneros literarios y de por qué nunca se ha sentido cómodo dentro de moldes rígidos. Se definió como un escritor heterodoxo, alguien que escribe desde la libertad y no desde las etiquetas.
Explicó que, cuando aborda la novela histórica o la novela policiaca, no lo hace desde las fórmulas clásicas, sino desde preguntas esenciales.

“El verdadero reto está en cómo contar una historia cuando el lector ya conoce de antemano el acontecimiento más dramático. ¿Cómo se cuenta una historia en la que el hecho principal ya se sabe antes de empezar a leer?”.
Padura señaló que tanto la novela histórica como la policiaca son géneros abiertos y generosos, con múltiples posibilidades.
“Se puede escribir una novela sobre Julio César y hablar todo el tiempo de él, o se puede usar ese contexto para contar otras historias, explorar conflictos humanos, contradicciones y silencios. Lo mismo ocurre con la novela policial, que no tiene por qué limitarse a un cuarto cerrado ni a fórmulas previsibles donde siempre el asesino termina siendo el mismo personaje”.
Heridas cubanas
Con Morir en la arena, Leonardo Padura vuelve a ese territorio que conoce de memoria y que ha narrado durante décadas como lo es Cuba y sus cicatrices.
La historia transcurre en La Habana, una ciudad que no solo sirve de escenario, sino que se levanta como un personaje más, testigo del desgaste del tiempo, de las ilusiones rotas y de las vidas que se quedaron a mitad de camino.
“Allí vive Rodolfo, un hombre recién jubilado, atravesado por un pasado que nunca terminó de cerrarse. El parricidio cometido por su hermano, los recuerdos de la guerra de Angola y un amor antiguo que reaparece de forma silenciosa, ahora encarnado en su cuñada”.
La excarcelación del hermano, enfermo terminal, y su regreso a casa funcionan como detonante. Lo que parecía enterrado vuelve a respirar.
Y es justamente el miedo uno de los grandes temas que atraviesa la novela. Padura explicó que existen miedos universales, al dolor, a la soledad, a la muerte, temores naturales que acompañan a cualquier ser humano.
“También están esos miedos aparentemente menores, como a ciertos animales o situaciones, pero hay otros, más profundos y dañinos, que el autor define como los miedos sociales”.
Son esos miedos los que generan ansiedad, los que condicionan decisiones, los que moldean conductas. Padura señala que en la sociedad cubana esos temores han estado presentes durante décadas, alimentados por la posibilidad de castigo ante cualquier disidencia que se salga un poco del margen permitido.
“Recuerdo épocas en las que llevar un crucifijo podía cerrar puertas académicas, o cuando la orientación sexual se convertía en motivo de persecución. En los años 70, muchos escritores homosexuales escondían su identidad por temor a las consecuencias”.
Le puede interesar: Así se prepara El Salvador para los conciertos históricos de Shakira en febrero
Reconoce que él mismo ha sentido miedo. Pero también explica que su forma de enfrentarlo ha sido escribir. Decir lo que otros callan, aun sabiendo que hacerlo podía traer consecuencias.
“Por ejemplo, cuando terminé La novela de mi vida y dudé entre autocensurarse, guardar el manuscrito o publicarlo. Elegí la opción más arriesgada que fue enfrentar el miedo”.





















