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El cine colombiano está de luto, ha perdido a uno de sus grandes gestores, el actor y productor italiano Salvo Basile, ese que llegó a Cartagena en 1968 como asistente del director Gillo Pontecorvo y desde entonces decidió quedarse en el Corralito de Piedras para continuar su vida personal y laboral.

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Salvatore Basile, ese italiano que medía 1.90 M, de ojos café y cabello castaño claro, forjó una familia cartagenera a pocos pasos del mar y sin renunciar a los encantos gastronómicos de su tierra. En varias entrevistas repetía que algo que lo sedujo de este lugar fue la gracia y vitalidad de los colombianos.

“Lo que me atrapó de entrada a Cartagena fue la condición humana y la belleza de la ciudad”, le confesó al periodista Gustavo Tatis Guerra del periódico El Universal.

La referencia inmediata que tenía de Colombia era porque había leído en 1967 la novela Cien años de soledad. “La Cartagena que encontramos al llegar con Pontecorvo tenía el encanto de su misterio en medio de sus ruinas”, sostuvo.

Era una Cartagena destruida pero maravillosa. Recuerda que encontró en un paraje de El Laguito un escenario bellísimo para filmar. Era Punta de Icacos. Bocagrande tenía solo una calle pavimentada, la Avenida San Martín, el resto eran calles de tierra y las arenas del mar. “Todo eso tenía una belleza impoluta: buceábamos en la bahía que aún no era una cloaca y nos sumergíamos en un mar limpio, incontaminado. Viendo el paso del tiempo veo la capacidad destructiva del hombre”.

Las Islas del Rosario eran una fantasía protegida y cuidada. Pero bueno, además de toda la naturaleza y la belleza de la ciudad, le atrajo la belleza de la mujer cartagenera. Cumplió más de cinco décadas en Cartagena. De todos los directores de cine con quien trabajó más a gusto fue Sergio Cabrera, “cuando trabajé en La estrategia del caracol, como actor y productor ejecutivo. Este filme colombiano tuvo una audiencia inigualable: más de un millón seiscientas mil personas la vieron y la disfrutaron. Es posible que el dato sea más alto”.

En su casa mantenía intactas algunas fotografías en blanco y negro de Marlon Brando viendo entre el maizal de Palenque a Evaristo Márquez, que sería el elegido para la película Queimada.

También en la casa de Salvo hay rastros de aquellos instantes fílmicos en la ciudad, desde cuando compartió con Robert de Niro actuación en La Misión, en 1986, a media cuadra de su casa, en la Calle de la Factoría. Y su actuación en Crónica de una muerte anunciada, con Francesco Rossi, y El amor en los tiempos del cólera.

Algunos de sus logros

Para él Cartagena se convirtió en su lugar a salvo, y también donde pudo seguir vinculado al mundo del cine.

En 2019 recibió el premio a toda una vida Víctor Nieto en los premios India Catalina.

Detrás de la pantalla ha participado en numerosas producciones y ocupado diversos cargos. Su vinculación a la televisión colombiana se dio como productor de RTI y luego sería Gerente de la programadora Cenpro Televisión donde realizaron bajo la dirección de Pepe Sánchez la telenovela Espérame al final. Además se desempeñó como periodista, siendo corresponsal de la revista Cromos en el primer viaje a Cuba luego del reinicio de las relaciones con ese país después de la Guerra Fría; fue corresponsal del periódico El Tiempo para el cubrimiento del Festival de Cine de Cartagena; entrevistador en la alfombra roja de los premios Óscar; periodista del programa radial Viva fm con Roberto Pombo y fue director creativo de la agencia de publicidad Leo Burnett, entre otros.

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También perteneció a la junta directiva del Festival de Cine y Televisión de Cartagena por más de 20 años, del cual fue su vicepresidente, y realizó gestiones para varios festivales y muestras cinematográficas entre las que se encuentran el Festival de la Sal en Zipaquirá, la Muestra de Cine de la Convivencia y la Muestra de Cine del Deporte.