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Eran las 2:00 a.m. de aquel 7 de noviembre de 2003. Suena el teléfono de Katya González Ripoll, reina del Carnaval en 1976, exdirectora de Patrimonio Nacional y viceministra de Cultura. Una agradable noticia estaba a punto de engrandecer el tesoro cultural de los barranquilleros.

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González fue la primera persona en escuchar por parte de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) que el Carnaval de Barranquilla había sido declarado Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad.

Esa fiesta que para el currambero es una ventana al corazón de su cultura, tradición que late en sus venas y que le recuerda con orgullo sus orígenes, fue para la organización una obra maestra del genio creador humano.

Además, tuvieron en cuenta el enraizamiento dentro de la tradición cultural y su impacto para la comunidad. Elementos que hicieron posible que el país obtuviera por primera vez una declaratoria de esta envergadura.

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González recuerda con emoción aquella ardua labor investigativa que emprendió junto a periodistas, gestores y académicos, quienes desentrañaron el tejido cultural y antropológico que le daba vida a esta celebración.

Y es que la aspiración de llevar la festividad ante la mirada mundial era un desafío monumental que requería el esfuerzo conjunto de entidades e involucrados en el festejo.

El primer logro histórico se dio a conocer el 26 de noviembre de 2001 cuando el Congreso de la República de Colombia declaró al Carnaval de Barranquilla como Patrimonio Cultural de la Nación, pero faltaba tocar un escalafón de talla mundial.

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La periodista Lola Salcedo (QEPD), quien laboró para esta casa editorial fue pieza clave para documentar las evidencias que sustentaran la trascendencia del Carnaval.

'Hubo un encuentro del comité de Patrimonio Mundial Intangible de la Unesco en Cartagena y mandé a traer un bus con las danzas más importantes del Carnaval desde Barranquilla y se dieron cuenta de la importancia que tenía la fiesta', dijo González.

Llegó el día para que Barranquilla recibiera con júbilo la noticia de la cual esta casa editorial obtuvo la primicia que marcaría un hito en la dinámica cultural de la ciudad.

'Se concretó todo un sueño. Para mí fue muy emocionante. Yo ejercía un cargo público, pero más allá de eso yo amaba el Carnaval, lo llevo en la sangre. Casi todos los éxitos a nivel cultural dependen de esta tradición tan poderosa que tenemos'.

'Un espacio antropológico'

La secretaria de Cultura del Atlántico, Diana Acosta, también hizo parte del equipo que obtuvo esta gran gesta. Como periodista en aquella época, manifestó que otro de los puntos claves fue haber estudiado el Carnaval de Oruro en Bolivia, declarado un año antes Patrimonio.

'Ahí llegamos a que el Carnaval es un espacio antropológico en el que viven manifestaciones que incluso en su lugar dicen ya desaparecidos. Porque además, el Carnaval como un laboratorio social permite que manifestaciones diversas convivan en esta gran fiesta'.

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El equipo supo trazar los orígenes y las influencias que habían moldeado la fiesta hasta convertirla en un fenómeno cultural de renombre mundial.

'Eso se materializaba a través de las manifestaciones. Hay listados de danzas que le dan soporte patrimonial al Carnaval. Encontramos que algunas danzas tenían nombre propio, la cumbia no tiene nombre propio, entonces buscábamos a la cumbia más antigua'.

El pilar de la salvaguarda

12 meses de investigación fueron fruto de un dossier de 146 páginas que fue presentado a la Unesco para postular la candidatura del Carnaval de Barranquilla. Una hazaña que para la antropóloga y teórica de la Fiesta, Mirtha Buelvas fue fundamental para ubicar a La Arenosa en el circuito internacional.

Sin embargo, hay riesgos que impedirían la ejecución de la verdadera esencia de la fiesta, entre ellos, el exceso de comercialización, la espectacularización, la globalización y la violencia. Entonces, ¿qué se debe hacer?

'Los carnavaleros, grupos y danzas son en última instancia y esencialmente el pilar de la salvaguarda. Es decir, hay que poner en la escala de valores especialmente a esos actores o a creadores que sostienen la fiesta'.

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Para Buelvas, la evolución no implica perder la tradición. El vertiginoso ritmo de la vida contemporánea amenaza con diluir los lazos que unen las raíces del Carnaval.

'Las cosas también se tienen que manejar con la creatividad actual. No podemos vivir un carnaval de hace 20 años o 30 o 40 con nostalgia, pero sí respetando lo esencial porque no se puede sacrificar lo que verdaderamente compone a la fiesta'.

Por su parte, Katya González, exvicemnistra de Cultura, expone que se debe hacer uso de otro tipo de estrategias para no poner en riesgo la tradición que hace posible esta celebración.

'El patrimonio debe ser un activo de la memoria y no un pasivo de la nostalgia. Yo siempre he soñado que si nosotros vendemos el Carnaval como hace Río, por ejemplo, para National Geographic. Debemos aprovechar que somos Patrimonio Mundial para ser más internacionales para vender más nuestras danzas'.

Un enfoque integral

La preservación del Carnaval se convierte para la gerente de Carnaval S.A.S, Sandra Gómez Molina, en un reto permanente por ser un patrimonio vivo y dinámico en el que conviven manifestaciones tradicionales y contemporáneas al mismo tiempo.

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'Su preservación requiere un enfoque integral, con sinergia de sectores de la ciudad como hacedores, comunidades, academia, organizaciones de Carnaval, la industria y el gobierno para garantizar acciones que posibiliten la transmisión de saberes, la apropiación intergeneracional, la documentación, la educación, la promoción, financiación y políticas públicas para la protección y continuidad de las tradiciones culturales'.

Reconociendo los avances de los últimos 20 años, la gerente afirma que es un compromiso vigente que requiere de todos los actores para continuar haciendo de esta celebración un patrimonio mundial.

¡A proteger el patrimonio!

Cada individuo se convierte en un eslabón vital en la cadena de esta tradición. Es por ello que la sostenibilidad y salvaguarda de los grupos folclóricos que engrandecen el Carnaval de Barranquilla representan aquel latido que mantiene viva la fiesta.

Con 147 años ininterrumpidos en las carnestolendas, el Congo Grande de Barranquilla es la danza más antigua de la Fiesta, además de ser uno de sus símbolos más representativos, la cual hace apología a las tribus guerreras de África.

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'Estamos enfocados en seguir luchando, en seguir preservando esta rica manifestación para mostrarles a las nuevas generaciones porque somos lo más representativo del Carnaval no solamente a nivel nacional, sino a nivel internacional y el ejemplo más palpable es la estatuilla del Congo de Oro que se le entrega a los grupos ganadores en el Carnaval de Barranquilla'.

Cada tambor, maraca y nota musical son hilos conductores que conectan el pasado con el presente y así lo refleja el rey Momo 2016, Lisandro Polo. 'Hay que darle protagonismo a nuestros ritmos tradicionales. Esa es la raíz y el testimonio de nuestro patrimonio'.