Las alas ya no están pisando tierra, pero vuelan más alto de lo impensable. Coloridas y cargadas de tradición, los aletazos de Carmen Berdugo se sentirán para sus familiares, desde el cielo. La noticia del fallecimiento de la directora de una de las danzas patrimoniales del Carnaval de Barranquilla enlutó a todo un ramillete carnavalero el pasado martes 5 de septiembre.
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El corazón de la líder de la Danza el Imperio de las Aves dejó de latir a sus 77 años a causa de un cáncer de tiroides que padecía desde hace tres meses. En su espalda no solo portaba las alas sino la responsabilidad de dirigir a una agrupación con 90 años de tradición que le ha aportado una gran riqueza cultural a la fiesta.
El barrio Candelaria, ubicado en Soledad fue testigo de su compromiso. El rincón arropaba una figura singular que encarnaba la pasión por una danza única, aquella por la que se desvivía desde que aceptó el cargo que le cedió su madre, Zoila Campis, sumergiéndose en la belleza y la gracia de su imperio.
Su compromiso con las costumbres era palpable en cada gesto, en cada palabra. Con el tiempo, se convirtió en la custodia viva de su herencia, preservando con celo las tradiciones familiares y las leyendas que conectaban su presente con un pasado lleno de sabiduría.
En diálogo con EL HERALDO, su hija, Yuri Martínez, manifestó, en medio de la tristeza que la embarga que ella asumirá la dirección de la danza, en honor a uno de los mayores deseos de su madre.
'Ella le decía siempre a mi nieta que la danza iba a quedar en manos de ella, pero apenas tiene ocho años y me solicitó que yo la preservara hasta que ella creciera y me encargaré de cumplir su última voluntad'.
La sostenibilidad y salvaguarda de los grupos folclóricos que engrandecen el Carnaval de Barranquilla representan aquel latido que mantiene viva la fiesta. La transmisión de saberes de generación tras generación ha permitido que la bandera del patrimonio no deje de ondearse y que existan grupos como estos con más de nueve décadas de existencia.
'Ella era una mujer tan pujante. Lo daba todo por esta danza, fueron casi 40 años que estuvo al frente y aunque a veces se notaba el cansancio, nunca dejó de luchar y persistir para que siguiera viva'.
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Le esperan más décadas
A sus 24 años, María Camila Cervantes tuvo en su vientre a tres retoños que están llamados a ser los próximos herederos de la tradición. Esta nieta de Carmen tiene la niña de ocho años de la que tanto hablaba su abuela, a quien sin importar su corta edad, quiso dejarle la batuta.
'Mi abuela dejó el legado más bonito que es la tradición, era tan cariñosa y no hay palabras para explicar todo lo que hacía por nosotros. Y ahora ayudaré a mi mamá para que esta danza sea la representación viva de mi abuela en cada Carnaval'.
Aunque se convirtió en fiel portadora de la tradición, a sus 9 años, Carmen se avergonzaba de portar el disfraz de jardinera que en ese entonces le obligaba a poner su padre, Pedro Berdugo, creador de la danza.
Doña Instancia, una pareja de jardineros, un perro, un cazador y 10 parejas de aves son los personajes de un relató que ella misma explicó durante su última entrevista con esta Casa Editorial. Personajes que en medio de su dirección nunca encarnó, pero que con orgullo, eran los protagonistas de una invaluable puesta en escena.
'Doña Instancia contrata a al cazador, al perro y a una pareja de jardineros, estos últimos son tan flojos que dejan que los pájaros se coman todo. Entonces la dueña de la finca coge rabia y los despide a todos', relató Carmen en el 2020.
Una aprendiz y amante de la cultura
Aunque la vida, como un río caudaloso, lleva consigo su inevitable curso, Carmen pudo cerrar sus ojos por última vez, rodeada del amor y el agradecimiento de su comunidad. Su legado, sin embargo, continuará danzando en cada festival, vibrando en cada tambor y resonando en cada corazón que conoció su historia.
Así como Edaida Orozco, directora de la danza del Paloteo Bolivariano, quien conoció a Carmen en 1989 en medio de una Asociación de Grupos Folclóricos.
'Ella era la más joven de todos los directores y me explicaba para los patrocinios, las cartas. Entonces, nosotros vivimos esa época en que íbamos a pedir los patrocinios, que nos teníamos que ir a pie, que pasábamos muchas necesidades, por los transportes, que íbamos de un lugar a otro y ella fue una verdadera maestra para mí'.
Carmen trasciende el tiempo, convertida en el eco eterno de una mujer comprometida con su cultura, cuyo espíritu perdurará en la memoria de su pueblo por generaciones venideras.
'Ella deja un legado hermoso. Ella no se enfermaba de nada y por eso su muerte nos tomó con tanta sorpresa porque era tan sana y tan alegre. Ella iba a un colegio, dictaba sus talleres sobre la danza, hablaba sobre la danza, sobre su padre, sobre los directores, sobre el carnaval de Barranquilla de antaño'.
El pasado 26 de febrero en el marco de un encuentro de Danzas de Relaciones Especiales, Edaida pudo ver disfrutar a Carmen de su tradición, pero además, expresarle un gran deseo.
'Ella me dijo que este año ella iba a inscribir la danza infantil, pero a raíz de su enfermedad, no pudo. Pero ese era el legado que ella quería hacer, fundar una danza infantil para que esos niños pasaran al grupo adulto. Se deben de sentir orgullosos que su madre fue una de las grandes figuras en la historia cultural del Carnaval de Barranquilla'.
Asimismo, el director de la danza Congo Grande, Adolfo Maury, expresó que partió una mujer esforzada y valiente que siempre será recordada por los líderes de la tradición.
'En medio de tantas dificultades, como yo te digo, de tantas afugias que tiene todo este tema de la cultura, pues, para uno es reconfortante ver en vida que uno va sembrando, uno va sembrando esas semillas, pues, en las generaciones venideras, principalmente en las familias, que es el bastión principal para que nosotros preservemos los legados'.





















