Los cinco personajes de esta historia coinciden en que con el trabajo que realizan a diario están aportando su 'granito de arena' para que el país no se paralice en medio de la pandemia por el coronavirus.
Uno de ellos es conductor de sistema de transporte masivo, mientras que el otro recoge los desechos sanitarios en las casas de los pacientes que son atendidos en sus casas por diversas patologías diferentes al COVID-19.
Los otros tres entrevistados por EL HERALDO manejan vehículos de carga en los que movilizan combustible y alimentos. Los cinco laboran en varias zonas de la Costa, hombro a hombro, contado que las actividades sigan normales en medio de la emergencia sanitaria.
Saben que podrían correr el riesgo de un contagio, pero confesaron que el autocuidado es la clave para prevenirlo.
'Yo me encomiendo a Dios, pero también me lavo las manos y trabajo con tapabocas', contaron algunos de los consultados. Ello son una especie de 'ángeles' en medio de la pandemia, que al igual que los médicos, los policías y los vigilantes, para solo nombrar algunos, afrontan riesgos, pero son conscientes de que 'hay que seguir trabajando para aportar algo al país'.
Algunos de personajes al frente del timón, confiesan que han tenido problemas para alimentarse o dónde alojarse por los mismos efectos de la cuarentena.
'Hay que echar pa´ lante', dice César Gómez, transportador de alimentos de Córdoba.
'Ahora vivo dentro del camión', transportador de alimentos
Por Óscar Cuello
En tiempos de cuarentena por el coronavirus, los transportadores de alimentos también arriesgan sus vidas con tal de mantener abastecidas las centrales de abastos de Córdoba y del resto del país. Desde que fue decretado el aislamiento, el tapabocas y el alcohol antiséptico se convirtieron en dos de los elementos fundamentales dentro del equipo de carreteras de uno de estos 'ángeles' en medio de la emergencia.
Uno de ellos es César Gómez, conductor de un camión de alimentos que no ha dejado de trabajar para mantener surtidas las centrales de abastos en medio del azote del virus. En diálogo con EL HERALDO, contó que los días de este conductor de un camión articulado se pasan sobre la carretera, mientras su familia queda en casa.
Asegura que su oficio es viajar de una central de abastos a la otra, ya sea en Córdoba o hacia los departamentos del interior del país. 'La soledad en las carreteras nos está matando porque no hay dónde parar a comer, ni comprar agua, no tenemos dónde bañarnos, prácticamente vivimos dentro del carro', confiesa. Gómez, residente en el municipio de Cereté, reconoce que su labor y el del resto de sus colegas es un sacrificio y un riesgo para él y su familia por tener que salir a trabajar en medio de la emergencia sanitaria, pero sostiene que más que nada es su forma de aportar un granito de arena para superar la crisis.
'Ahora mismo es una labor muy dura, es una forma de poner nuestro granito de arena, arriesgando nuestras vidas prácticamente porque podemos contraer una enfermedad y llevarla hasta nuestras casas', agrega.
Mucha gente –continua- no mira eso, creen que con este oficio nos estamos llenando los bolsillos de plata, sin reconocer que todos los días nos estamos arriesgando en las carreteras. Otras personas nos dan las gracias por el apoyo. Estoy seguro que de esta vamos a salir adelante, quédense en casa que nosotros llevamos la comida.
'La gente me ha dejado de hablar'
Por Saith Ferez
En todo un desafío se ha convertido para Eduardo Alfonso Jaimes llegar al Puerto de Santa Marta desde el inicio de la cuarentena.
Este transportador, nacido en Mutisca (Norte de Santander) se arriesga en cumplimiento de sus labores y de servirle a la gente para que un alimento esencial en la canasta familiar, como es el maíz, no les falte. A sus 36 años y con más de 10 de estar conduciendo tractocamión, la época actual ha sido la más complicada en su labor.
'Las carreteras están muy solas. Esto provoca que el viaje sea más largo, ya que no se puede manejar de noche por la misma soledad y esto genera que uno sea presa de los atracadores', indicó Jaimes, quien labora en una harinera en Bucaramanga.
'Están saliendo pocos viajes para la Costa y llegar al puerto siempre trae sus desafíos, pero desde que salgo me encomiendo a Dios para que me proteja de los delincuentes. Utilizo tapobocas, guantes y me echo constantemente alcohol para no contagiarme'.
Dice que quiere que la crisis pase pronto para que sigan siendo 'los consentidos' en las vías y retomar su vida normal. 'Muy difícil conseguir dónde dormir y comer, la gente de los pueblos muy poco me hablan porque saben que vengo de Santa Marta y hay coronavirus, además extraño abrazar a mis hijos. Tengo fe que volverán los tiempos de antes'.
'No abrazar a mi familia es duro'
Por Ana Gabriel Zúñiga
La fe, la confianza en Dios y el servicio, han sido la clave para que Olmedo Montagut salga todos los días en medio de la crisis sanitaria por la COVID-19, a cumplir su 'compromiso con la sociedad' con la tranquilidad de que regresará sano a su casa, como el mismo lo expresó.
Este hombre quien lleva más de 10 años como conductor de la empresa, hace parte del grupo de trabajadores que día a día salen en medio de la pandemia, para asegurarle el transporte a los usuarios.
Antes de las 4 de la mañana, cuando sale a su primer turno, se encomienda a Dios y aplica todos los cuidados para evitar un posible contagio.
'No es fácil, quisiera uno acatar la norma de quedarse en casa, pero hace parte del compromiso que uno tiene con la familia y el sustento del hogar, así como el compromiso con la sociedad', expresó el hombre de 42 años.
Asegura sentirse 'tranquilo', ya que al llegar a su lugar de trabajo se lavar las manos, se aplica antibacterial, usa el tapaboca que la empresa le suministra y espera que el vehículo sea desinfectado, tarea que se extiende a todos los portales .
Lo más difícil de estar trabajando en este tiempo para él, ha sido tener que llegar a su casa y no poder abrazar a su esposa e hijos, 'Nos ha sido difícil porque siempre nos abrazábamos, el beso y nos saludamos. Ahora me quito los zapatos afuera, paso derecho al baño a bañarme a lavar la ropa y las botas y ahí sí puedo tener contacto con ellos'.
'Mi tarea es proteger a pacientes de infecciones'
Por Ana Gabriel Zúñiga
Entre 20 y 30 pacientes esperan a diario en sus casas por la llegada de Carlos Baquet, cuya tarea es tratar de evitar posibles focos de infección, deshaciéndose de los residuos sanitarios de los procedimientos que se les realizan a estos en su vivienda debido a la COVID-19.
En una moto con una caneca adecuada en un maletero, Carlos sale con su tapabocas, guantes, bata quirúrgica, gafas y gorro, a cumplir su compromiso de retirar las bolsas rojas que contienen residuos no cortopunzantes como guantes, tapabocas, gasas, vendas entre otros, asegurando de cierto modo la vida de cada paciente y su núcleo familiar.
'Nosotros vamos a donde los pacientes que tienen cuidados en casa, que reciben curaciones y tratamientos a través del enfermero o médico que les brinda la atención. Nosotros recogemos los residuos sanitarios que no pueden ir a la basura normal para evitar infecciones'. Explicó Carlos.
Para protegerse, el hombre evita el contacto con los pacientes ya que anda de un lado a otro durante el día, en cada domicilio alguien se encarga de dejar la bolsa roja que le brinda le entidad prestadora de servicio, en la puerta o terraza de la vivienda.
De lunes a sábado desde las siete de la mañana recoge los residuos en los diferentes sectores de acuerdo con la lista asignada por la empresa. Su día puede terminar a las dos, tres o cuatro de la tarde, dependiendo la cantidad de pacientes.
El hombre debe seguir una base de cuidados que le dio la empresa para evitar cualquier tipo de riesgo o contagio tanto para él y su familia. De igual forma, al comenzar la crisis sanitaria el hombre recibió un curso para poder desarrollar su labor bajo completa seguridad.
'En las carreteras es poca la comida y los hoteles que encontramos'
Por Miguel Barrios
Para Óscar Paso, quien lleva 15 años transportando combustible surtiendo diferentes estaciones de servicio en Valledupar, su labor no ha sido fácil desde que comenzó la cuarentena por la pandemia del coronavirus.
Dice que en el camino muy pocos hoteles encuentra, por lo que le ha tocado dormir y alimentarse en la cabina de la tractomula que conduce. Señala que no solo lo hace por la falta de hospedaje, afirma que en ocasiones ha recurrido a su vehículo para descansar, también para cuidarse de no contraer la enfermedad.
'Quedarse en hoteles en el camino también es un riesgo', afirma este conductor que hace tránsito con una tractomula cargada con 11.000 galones de gasolina desde Baranoa, Atlántico, hasta la capital del Cesar.
Para este veterano conductor, él prefiere salir con sus alimentos preparados en casa y llevarlos en recipientes para no tener que parar en establecimientos y evitar el contacto con otras personas.
Óscar Paso precisa que conduce cumpliendo todas las normas sanitarias, usando tapabocas y desinfectando el camión para protegerse y proteger a los demás, y a la vez cumplir con un trabajo esencial en esta época de epidemia, como es garantizar a través del suministro de combustible, la movilidad del parque automotor que se surte de las estaciones a las que les lleva gasolina en la ciudad de Valledupar.





















