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Romper esquemas, la constante durante acto de posesión de Petro

Una posesión atípica, la ciudadanía como invitada y un símbolo histórico de libertad en la Plaza de Bolívar.

Ciudadanía, etnias indígenas y afros, los artistas y la espada de Bolívar cambiaron la historia de lo que solía ser la formal ceremonia de posesión presidencial en medio de la llegada del primer gobierno de izquierda a Colombia, en cabeza de Gustavo Petro y Francia Márquez.

Con una pausada y sonriente caminata del nuevo presidente de la República de la mano de su esposa y primera dama, la sincelejana Verónica Alcocer, y sus hijos, Antonella, Sofía, Andrea, Nicolás y Andrés, desde el Palacio de San Carlos, sede de la Cancillería, dos cuadras hacia la Plaza de Bolívar, empezó el acto de transmisión de mando.

Por estas adoquinadas calles coloniales llegó Petro al encuentro con sus invitados especiales -y con sus invitados aún más especiales: el pueblo-, fuertemente escoltado tanto por militares como por la Guardia Indígena y en medio de saludos, besos y abrazos a los integrantes de las bancadas del Pacto Histórico y el Gran Acuerdo Nacional.

Entre tanto el rumor gigantesco de la multitud, que veía al mandatario subir a la tarima blanca adornada con plantas y flores tropicales, coreaba "¡Petro, Petro!", y este le respondía con el puño derecho alzado al aire, para significar resistencia

En el camino al atril, el jefe de Estado entrante saludó al presidente chileno, Gabriel Boric, y luego a su lado al rey Felipe VI de España. "¡Petro, amigo, el pueblo está contigo!", coreaban los asistentes.

El presidente del Congreso Roy Barreras, del Pacto Histórico, le tomó el juramento de posesión a Gustavo Petro quien contestó: "Juro a Dios y prometo al pueblo cumplir fielmente la Constitución y las leyes de Colombia". Y la ciudadanía celebró: ¡Sí se pudo!".

En un episodio cargado de significado histórico, la senadora María José Pizarro, hija del ex candidato presidencial cartagenero asesinado y suscriptor de la paz con el M-19, Carlos Pizarro, le impuso la banda tricolor al otrora copartidario de su padre.

Tras las 21 salvas de rigor, la vicepresidenta Francia Márquez, la primera vicepresidenta negra de Colombia, agregó a su juramento: "Juro ante mis ancestros y ancestras hasta que la dignidad se haga costumbre".

Petro, previo al juramento de la lideresa ambiental y de Derechos Humanos, dio su primera orden como presidente y comandante supremo de las Fuerzas Armadas: "Como presidente de Colombia le solicito a la Casa Militar traer la espada de Bolívar". La misma que horas antes el gobierno de Iván Duque había dicho que no podía llevar hasta la posesión porque supuestamente faltaba una póliza y no estaban dadas las garantías de seguridad.

Ante esta respuesta del ejecutivo saliente, la coordinadora de comunicaciones de la transmisión de mando, Marisol Rojas, advirtió: "Estamos sorprendidos con la actitud caprichosa y la falta de voluntad del presidente Duque ante la negativa de prestar la espada de Bolívar para que acompañe el acto protocolario de la transición de mando del presidente electo Gustavo Petro".

La reliquia histórica, que carga consigo toda la historia heroica y libertaria de Simón Bolívar, fue robada en 1974 del museo Quinta de Bolívar, en el centro de Bogotá, por el M-19, y posteriormente fue devuelta como símbolo de paz.

Ante la petición del jefe de Estado entrante, se decretó un receso en la sesión del Congreso, se exhibió en las pantallas la muestra fotográfica 'Colombia más allá de la memoria', de Mauricio Vélez, y la pianista Teresita Gómez interpretó el par de obras 'Hacia el calvario', de Carlos Prieto y el Nocturno No.2 de Chopin.

En su discurso, Barreras, integrante de la mesa de paz de La Habana, manifestó al inicio: "Es lo que vinimos a hacer hoy, intentar parar la muerte". Lágrimas en varios asistentes. "La movilización social se convirtió en poder aquí en Colombia gracias a la paz", señaló el presidente del Congreso más adelante. "¡Sí se pudo!", ruge el bis de la multitud.

"Venimos a decirle al ELN: dejen las armas, el camino es la paz y es ahora", advirtió el parlamentario, retomando enseguida: "A los narcos: dejen de matar".

Y concluyó con un mensaje al Capitolio que dirige: "Este Congreso es el llamado a hacer las reformas, unas reformas que garanticen la institucionalidad pero también el cambio verdadero".

Con la espada de Bolívar ya en la tarima, y trasladada por el Batallón Guardia Presidencial, Petro se dispone a dar su discurso y sorprende a la vista de las pantallas un espectador con la camiseta del Junior de Barranquilla.

En su listado de mención de los invitados de rigor, el presidente de la República enumeró a colombianos que lo marcaron en campaña: "Arnulfo Muñoz, pescador de Honda, Tolima; Katherine Gil, líder juvenil de Quibdó; Kelly Garcés, barrendera de Medellín; Rigoberto López, campesino cafetero de Anserma, Caldas; Iván Londoño, silletero de flores de Santa Helena, Antioquia y Genoveva Palacios, vendedora ambulante en Chocó.

En el primer comentario, por fuera del discurso previsto, se le quiebra la voz: "Que la espada de Bolívar no esté más enterrada, que nos acompañe siempre la espada libertaria de Bolívar".

Luego, en alusión a 'Cien años de soledad', de Gabo, asegura: "Hoy empieza nuestra segunda oportunidad, tenemos que terminar de una vez y para siempre con 60 años de conflicto armado"; se compromete: "Seguiremos a rajatabla las recomendaciones del informe de la Comisión de la Verdad" e invita: "Convocamos a todos los armados a dejar las armas en las nebulosas del pasado, a aceptar beneficios jurídicos a cambio de la paz".

También planteó a los EE. UU. y a la comunidad internacional una nueva manera de lidiar con el problema del narcotráfico: "Es hora de una nueva convención internacional que acepte que la guerra contra las drogas ha fracasado".

Así mismo, pone de presente que "el 10% de la población colombiana tiene el 70% de la riqueza, esa es una aberración que no puede continuar si queremos vivir en paz"#, por lo que reitera: "Proponemos una reforma tributaria que genere riqueza, llevar una parte de la riqueza de quienes más ganan para abrirle la puerta de la educación a la niñez y la juventud, es simplemente el pago solidario que un afortunado hace a una sociedad que le permite la riqueza. (...) No hemos avanzado como humanidad compitiendo, lo hemos hecho ayudándonos".

Sobre el tema medioambiental, dijo el mandatario: "Estamos dispuestos a transitar a una economía sin carbón y sin petróleo, pero no somos nosotros los que emitimos los gases efecto invernadero, y sí tenemos la mayor esponja de absorción de estos gases después de los océanos: la selva amazónica. (...) ¿Dónde está el fondo mundial para salvar la selva amazónica?".

Frente al flagelo de la inseguridad, expuso Petro: "La seguridad se mide en vidas, no en muertos, porque eso lleva al Estado al crimen. (...) Desde hoy los cuerpos de seguridad del Estado no perseguirán la oposición política, hoy el principal objetivo es ubicar y combatir la corrupción".

Y terminó citando a una niña arhuaca con la que habló hace un par de días en la Sierra Nevada: "Para armonizar la vida, para unificar los pueblos, para sanar la humanidad, sintiendo el dolor de mi pueblo, de mi gente aquí, este mensaje de luz y verdad, esparza por tus venas, por tu corazón y se conviertan en actos de perdón y reconciliación mundial, pero primero, en nuestros corazones y mi corazón".

Finalmente, le rindieron honores militares el bloque de mujeres en la Catedral Primada y caminó con la espada de Bolívar hacia la Casa de Nariño, saludó a las afueras a la cúpula militar, el destacamento le hizo sus propios honores, se elevó una oración por los uniformados caídos en cumplimiento del deber, silencio que rompió el paso estruendoso de un Kfir y al que le siguió el saludo y la salida de Duque, su familia y su gabinete del palacio presidencial.

A su llegada al Palacio para posesionar a sus ministros, de la mano de la primera dama, saludó la nueva familia presidencial a las empleadas de servicios generales de la Casa de Nariño, y estas, con amplias sonrisas, aplaudían con la esperanza y la alegría de quien quiere “vivir sabroso”.

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