Confiando en que la tercera será la vencida, el matemático y académico paisa Sergio Fajardo recorre Colombia como el candidato presidencial del partido Dignidad y Compromiso. A punto de cumplir 70 años, el ex alcalde de Medellín y ex gobernador de Antioquia reivindica su manera de hacer política con coherencia, rectitud e integridad, a partir de su experiencia.
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Con carácter, defiende su aspiración como una alternativa de centro a la polarización entre los extremos que representan Paloma y Cepeda. Propone acabar la paz total, enfrentar la inseguridad, reconstruir el sistema de salud, resolver la crisis energética del Caribe y sanear las finanzas públicas, mientras traza líneas rojas frente a la corrupción y rechaza negociar apoyos por contratos. Además, insiste en que Colombia debe romper la confrontación política y recuperar la capacidad de construir acuerdos para avanzar y alcanzar desarrollo.
¿Por qué quiere ser el presidente de los colombianos?
Por convicción profunda. Yo no pertenecía al mundo de la política. Empecé hace 26 años cuando era profesor de matemáticas en la Universidad de los Andes y en la Nacional de Colombia en Bogotá. Escribía columnas, opinaba, arreglaba el mundo desde afuera, hasta que decidí que había que actuar. Siempre he buscado integrar lo público con lo privado y volví a Medellín con la convicción de que los políticos toman las decisiones más importantes de la sociedad. Nos juntamos personas de distintos sectores y construimos un movimiento cívico para participar porque la política es fundamental para transformar la sociedad.
Amo mi país, he sido alcalde y gobernador, pero nunca he tenido un puesto, un contrato, ni nadie me está representando. Tengo la convicción de que, si se hace política con principios y capacidad de gestión, se pueden cambiar las cosas. Eso es lo que me mueve: creo en una forma distinta de hacer política, convencido de que el rumbo actual no es el correcto.
¿Qué lo distingue respecto a los otros 13 candidatos con los que se disputa la presidencia?
No me gusta compararme porque cada quien tiene su camino y su recorrido, pero tengo claro que sé gobernar y tengo la experiencia. He entendido lo que implica dirigir una ciudad, un departamento, que es reflejo de toda Colombia. Sé qué es diseñar proyectos, formar equipos, tomar decisiones y transformar realidades. Lo he hecho y lo hago con convicción.
Me siento orgulloso de haber sido reconocido como el mejor alcalde y gobernador del país, y de haber ejercido una política con principios, ética y lucha contra la corrupción. Sé cómo enfrentar problemas sociales para transformar comunidades y temas complejos, como el de la seguridad, trabajando con instituciones y construyendo una cultura de legalidad. Todo eso lo hemos hecho y sabemos hacerlo.
Si es elegido, ¿cuál será su primera decisión como presidente?
Llegaremos a estabilizar temas. Lo primero, la fuerza pública. Se acaba el proceso de paz total y yo he apoyado todos los procesos de paz en Colombia. Pero el presidente Petro le ha hecho un daño muy grande al país y la figura de Iván Cepeda está asociada a eso. El caos total, la criminalidad es impresionante, como nunca antes. A mí no me cargan para ponerme en una tarima o me llevan en helicóptero; recorro a Colombia a pie e identifico lo que pasa. Toca fortalecer a la fuerza pública, porque si no está fuerte, no es posible construir la paz.
En Barranquilla presentaremos el 14 de agosto de 2026 el plan Ciudades más Seguras, que comenzará con un programa antiextorsión, porque ese es uno de los problemas más graves de la ciudad. Hay avances importantes, pero ese es un cáncer que se debe enfrentar con decisión. Y en salud, lo que ha hecho el Gobierno es destruir un sistema que tenía fallas, algo así como tumbar una casa por unas goteras sin tener nada mejor listo. Hoy la situación es peor, con más filas, menos acceso, dificultades para recibir medicamentos y una crisis creciente en EPS intervenidas. El deterioro es evidente y la tarea es reconstruir ese sistema.
Seguridad y salud, ahí van dos. ¿Qué otros asuntos son prioritarios?
Uno clave para el Caribe, el de la transición energética. Si la región no logra estabilizar el tema de la energía, se reducen sus posibilidades de desarrollo. Lo veo en la vida diaria de la gente con facturas impagables, incluso en casas humildes, como en La Cangrejera, donde la presidenta de la Junta de Acción Comunal debe $143 millones a Air-e. Puede vender su casa, las de toda la zona y no paga la deuda. Eso en lo personal y también está lo económico, porque si no se garantiza energía, ninguna empresa invertirá en Barranquilla o en el Caribe.
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Todo lo que tenemos que atender requiere recursos y capacidad de gestión. Van tres. A eso se suma el enorme desafío fiscal. La deuda es gigantesca y los intereses que pagamos son cada vez más altos. Es difícil que un ciudadano de a pie estime el horror de deuda que tenemos, por eso me toca a mí, como gobernante, resolverlo. Y además está la corrupción.
¿Qué más le preocupa?
He recorrido el país en tres ocasiones como candidato presidencial y una vez como fórmula vicepresidencial de Antanas Mockus, en la Ola Verde de 2010 y nunca había visto una Colombia tan cargada de rabia, resentimientos, polarización y malestares acumulados. Esa confrontación política es deliberada, muy dañina, y el presidente Petro es un maestro para alentarla. Pero no podemos quedarnos ahí, porque el próximo gobierno será especialmente difícil si seguimos en ese camino.
Esa polarización ha llevado a una confrontación social que no nos alcanzamos a imaginar. ¿Quién está detrás de Cepeda? Petro. ¿Y de Paloma?, Uribe. Respeto a todas las personas, pero Colombia debe romper con esa polarización, si no tendremos garantizados cuatro años más de rabia, confrontación y Colombia no avanzará. Propongo otra forma de hacer política: la que sabe construir, hacer acuerdos y resolver los problemas.
Siempre he dicho una frase por la que me tildan de tibio: “Podemos ser diferentes sin ser enemigos”. Si usted no es capaz de entender al diferente y de romper con la idea de que, porque es distinto, el enemigo no puede construir, nunca cambiaremos. Colombia tiene que salir de esto con educación, pero ¿quién habla de educación hoy? Nadie. ¿Creen que el país se transformará si nos mantenemos en la confrontación? No. Por eso, estamos luchándola.
¿Cuál es su apuesta por una Colombia más educada?
A muchos no les gusta cuando digo que el Atlántico, que es un ejemplo para Colombia, no tiene una universidad pública a la altura del reto del departamento y del Caribe. Cali tiene la Universidad del Valle; Bucaramanga, la UIS; Pasto, la Universidad de Nariño; Popayán, la Universidad del Cauca; Pereira, la Tecnológica de Pereira, y en Medellín está la Universidad de Antioquia. Es obligación tener una universidad gratuita de calidad que sea espacio para la transformación. Me da pena, pero la Universidad del Atlántico no está en esa condición.
Estoy a favor de la universidad y la educación pública, gratuita y de calidad, pero sin acabar con la privada. Ustedes tienen la Universidad del Norte, entre otras privadas, y se necesitan ambos modelos. La Universidad del Atlántico tiene que ser motor de transformación, tiene que convertirse en la gran universidad pública del Caribe y me comprometo a que lo sea.
¿Cómo va a hacer posible todo eso, porque para gobernar se necesitan alianzas?
Nos quieren meter el cuento que esta elección está definida entre Cepeda y Paloma y que los demás no contamos, que nos tenemos que ir a la casa, pero eso no es cierto.
A usted lo mandan cada rato a ver ballenas…
Deberían, más bien, invitarme a la playa aquí en el Caribe. Están montando la idea de que no existimos y que lo que viene es la guerra. Nosotros representamos una forma distinta de hacer política, de construir, de transformar, y hay una gran cantidad de ciudadanos indecisos que no se sienten identificados con esa polarización. No les dé miedo, no se dejen apabullar.
A mí me dicen: Fajardo es muy bueno y, si pasa a la segunda vuelta, es el presidente porque es un tipo serio, decente, que sabe hacer seguimiento, sabe luchar contra la corrupción, pero no va a llegar. Y no, eso es falso. Nuestro camino es estrecho, largo y empinado, pero no nos podemos rendir. No lo haré y me puedo encontrar con otras personas de la política; ese no es el problema, pero nunca me verán negociando apoyos a cambio de favores. No, lo que queremos es convocarlos a trabajar por la región Caribe de manera conjunta.
En ese sentido, ¿cuáles son sus líneas rojas?
Mis líneas rojas siempre han sido la corrupción. No negocio ni le pago un contrato a nadie. Este gobierno que llegó al poder diciendo que iba a romper con eso lo ha hecho igual, pero se excusa señalando que así ha sido siempre. Y ahí está el presidente del Senado y la Cámara en la cárcel. ¿Cuántos corruptos y ladrones están volados? ¿Y así tenemos que aceptarlo?
En mi vida política no ha habido, no hay ni habrá un Benedetti. Y cuando escucho que quiere ser alcalde de Barranquilla, digo que no hay derecho. Sus grabaciones sobre cómo consiguió la plata de la campaña lo representan; él mismo afirmó que si hablaba, el gobierno se caía y lo pusieron de embajador en Venezuela, lo mandaron a Italia, ahora es ministro del Interior, y todos han salido menos él. Ahora se burla de esta sociedad cuando anuncia que va por Barranquilla. ¿Barranquilla se merece eso? No, esa política no se la merece. Si a alguien le gusta la política de Benedetti, que no vote por mí.

Colombia es un país de territorios, ¿qué les ofrece a las regiones?
Trabajaré con todos los gobernadores y alcaldes del país; haré con cada uno de ellos un plan de trabajo sobre los compromisos del Gobierno nacional. Me siento con Eduardo Verano, del Atlántico, para definir temas, por ejemplo, en el caso del proyecto del Canal de Dique, en la Vía al Mar que conecta a Cartagena con Barranquilla o en la troncal a Santa Marta.
Escuché al alcalde Char quejándose de que el Gobierno nacional no lo apoyó. Conmigo no habrá problema porque trabajaremos juntos al margen de sus preferencias electorales. Designaré un delegado presidencial para los proyectos de la ciudad y el departamento; convocamos a los congresistas para priorizar proyectos, pero que nos vean todos, que sea transparente. No trabajaré para y por ningún clan; lo haré con todos y juntos estaremos en la cancha de manera visible porque esa es mi forma de luchar contra la corrupción.
Puntualmente, ¿qué tiene que decirle al Caribe?
Insisto en que trabajaré con todos los mandatarios de los departamentos y municipios del Caribe; eso nunca se ha hecho, pero no negociaré con ningún congresista de la región para que vote por una reforma que mi gobierno presente, a cambio de contratos para sus amigos. Hablaré, eso sí, con la bancada caribe para que aporten, bajo reglas claras, como lo hice cuando fui alcalde de Medellín.
Por departamentos, en Córdoba tenemos que atender a las familias y las comunidades damnificadas de la tragedia invernal. Trabajaré con el alcalde de Montería, del que destaco su proyecto educativo. También lo haré con el gobernador Erasmo Zuleta. En Bolívar, sacaremos adelante el proyecto del Canal del Dique que está paralizado y, con el alcalde Dumek Turbay nos enfocaremos en la transformación de Cartagena y el transporte público.
En Sucre fortaleceremos el turismo. En Cesar tenemos que pensar en la transición del mundo del carbón a otras riquezas del departamento. La Sierra Nevada ofrece posibilidades con los cultivos de café especiales. No hay derecho que Santa Marta no tenga agua y me comprometo a hacer su acueducto. Y en La Guajira, donde no nos robaremos un peso, pondremos a funcionar el distrito de riego de la represa del río Ranchería.
¿De dónde salió la versión de que se iba a unir con Paloma Valencia?
Nunca en mi vida lo he pensado. Lucho por una política distinta, pero hay gente grosera y agresiva diciendo cosas, insultándome y maltratando lo que represento. No busco puestos con Paloma ni con nadie, nunca he querido aceptar un cargo. Lo mío es otra política y por eso invito a todos a apoyarme, aunque sea paisa. No importa de dónde somos, sino la capacidad que tenemos. Esa es la invitación, porque todavía hay muchas personas indecisas.
Muchos insisten en decir que el centro no existe, que usted es tibio y no toma decisiones…
Hemos tomado todas las decisiones. El relato de la tibieza comenzó cuando voté en blanco. Lo hice porque no estaba de acuerdo con darle mi voto a alguien que no me representaba. Somos una opción de la política en democracia, por eso luchamos y estamos trabajando con José Antonio Segebre, Antonio Celia, Gustavo Bell, Diógenes Rosero y otras personas del Atlántico. Me niego a tener que irme para la casa y que todo se reduzca a Paloma y Cepeda.















