Desde que comenzó a medirse la aprobación de los candidatos presidenciales –de hecho, desde que empezó la campaña– el nombre de Iván Cepeda siempre aparece en primer lugar. No ha habido una sola encuesta que muestre un resultado diferente. El segundo puesto sí ha sido disputado y por ahí han pasado Sergio Fajardo, Abelardo De la Espriella y ahora se acerca con fuerza Paloma Valencia. Las encuestas también indican que en una posible segunda vuelta presidencial, Cepeda podría ganarles a cualquiera de ellos.

De manera que si las elecciones fueran hoy el único que tendría tiquete comprado a segunda vuelta sería Cepeda. El candidato del Pacto Histórico cabalga tranquilo sobre el lomo de Gustavo Petro, quien decidió –de frente y sin vergüenza– ponerse la camiseta de su “heredero”.
De hecho, quien parece que estuviera en campaña es Petro, que no desaprovecha oportunidad de resaltar a toda hora y todo momento las bondades de sus programas a favor del “pueblo”, entre ellos, principalmente, aumento del salario mínimo, repartición de tierras a campesinos, subsidios a los más pobres y asistencia social a los ancianos. Se trata de un abanico de ofertas y logros sociales que Petro defiende, mientras Cepeda guarda estratégico silencio.
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Mientras la dupla Petro-Cepeda se consolida en el primer lugar de las encuestas y tiene garantizado su paso a segunda vuelta, Paloma Valencia y Abelardo De la Espriella –ambos opositores al Gobierno– libran una batalla a campo abierto en las redes sociales y en medios de comunicación.

Ante lo riesgoso y delicado de la situación, hasta el propio expresidente Álvaro Uribe –amigo de ambos y quien tiene muchas campañas presidenciales encima– ha tenido que intervenir para hacer un llamado a la no agresión y para tratar de llevar el debate al terreno de las propuestas, no al de las ofensas.
Ojalá que ese llamado de Uribe –y de otros líderes políticos, empresariales y gremiales– no resulte infructuoso. Ya es hora de que Paloma y Abelardo –pero, sobre todo, sus seguidores en redes sociales– entiendan la magnitud de lo que está en juego en estas elecciones.
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Tanto ‘el Tigre’ Abelardo como Paloma deben saber que sin su unión –y la de aquellos que se oponen a la dupla Petro-Cepeda– es imposible ganar en segunda vuelta, en caso de que ello ocurra.

Y es que la posibilidad de un triunfo de Cepeda en primera vuelta –escenario descartado hasta hace algunos meses– empieza a ser considerada no solo por cuenta del enfrentamiento de Paloma y Abelardo, sino por la desconexión entre sus discursos y lo que sus potenciales votantes quieren oír.
Tanto Abelardo como Paloma deben entender que –ante el grave riesgo que corre el país– la pelea entre ellos no es el problema. El verdadero problema es la continuidad de un sistema de gobierno que pone en riesgo no solo las libertades individuales y colectivas, sino la supervivencia misma del modelo económico del país. Y ello es así porque la propuesta de Cepeda atenta contra el aparato productivo nacional y busca la concentración de los recursos en el Estado.
Así se lo hizo saber el propio Cepeda a los empresarios en su primera reunión con varios de ellos: “El único que genera riqueza y la puede administrar es el Estado”. Más claro no canta un gallo. ¿Qué está en juego en estas elecciones? ¿Cuáles son las graves consecuencias que tiene el enfrentamiento de Paloma Valencia con Abelardo De la Espriella? Veamos:
La Presidencia no se gana en las redes sociales: se gana en las calles, untándose de barro
Paloma Valencia y Abelardo De la Espriella no solo decidieron enfrentarse de manera abierta, en especial en redes sociales, sino que se olvidaron de hablarles a sus potenciales votantes, sobre todo a los más vulnerables.
Mientras la dupla Petro-Cepeda le habla al “pueblo” y tiene ofertas para sus necesidades apremiantes –hambre y empleo–, sus principales opositores creen que lo importante es dirimir sus peleas en redes sociales, causando heridas que harían muy difícil el respaldo del ganador al perdedor en una segunda vuelta. Ese comportamiento mezquino comprometería la suerte misma de nuestro sistema democrático.
“Voto por Cepeda porque piensa seguir lo que ha hecho Petro”, dice el empleado de una gran empresa en Barranquilla. ¿Y qué ha hecho Petro? “Me subió el sueldo a dos millones de pesos”, responde sin titubear.
Es decir, para este empleado –y para miles como él en todo el país– su problema no es que la democracia esté en peligro: es no tener para comer y no poder alimentar a su familia.
¿Cómo piensan Paloma y Abelardo –y también Fajardo y López, entre otros– contrarrestar esa realidad que se expresa en millones de personas que antes no gozaban de ese “privilegio”? ¿Qué proponen? ¿Por qué no conectan con lo que la gente quiere oír?
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Deben entender que sus peleas en redes sociales no le importan al votante de carne y hueso, que sale a lucharla todos los días. La Presidencia no se gana en las redes sociales: se gana en las calles, oyendo a la gente y untándose de barro. Punto.
No se trata de “convencer a los convencidos”, sino de cautivar a los indecisos
La encuesta más reciente sobre preferencias electorales, realizada por GAD3 para Noticias RCN, muestra una amplia ventaja de Cepeda (35 %), sobre De la Espriella (21 %) y Valencia (16 %). Después les siguen Claudia López (4 %) y Sergio Fajardo (3 %).
Comparado con el estudio de febrero, Cepeda ganaría un punto (34-35), De la Espriella perdería 5 puntos (26-21) y Valencia pasaría de 4 puntos a 16. En una eventual segunda vuelta, Cepeda le ganaría a De la Espriella con un 45 % del candidato del Pacto Histórico contra un 36 % de ‘el Tigre’ Abelardo. Mientras que contra Paloma el resultado sería mucho más estrecho, 43 % contra 40 % a favor del candidato continuista.
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La encuesta de GAD3 también muestra un 7 % de “votantes indecisos”, es decir, potenciales electores que aún no tienen claro por quién votarían. ¿Por qué Paloma y Abelardo insisten en “convencer” a los que ya están convencidos en votar por ellos, en lugar de centrar sus energías en seducir a los que no lo están? ¿Cuántos “arrepentidos” de Petro están esperando señales amigables de sus opositores para votar por ellos?
Triunfo de Cepeda en primera vuelta: ¿qué tan absurdo y qué tan probable es?
En las elecciones presidenciales del 2022, Petro pasó de un poco más de 8.000.000 en primera vuelta a más de 11.000.000 en segunda. Es decir, entre una y otra vuelta sumó 3.000.000 de votos, buena parte de ellos en la región Caribe.
Las posibilidades de que en este 2026 Cepeda –candidato de Petro– gane en primera vuelta pasaron de absurdas a probables. La pelea de Abelardo con Paloma –y la desconexión de sus discursos con lo que sus potenciales electores quieren oír– dispararon las alarmas.
En ese sentido, llamó la atención el trino del empresario barranquillero Christian Daes, conocedor de la realidad política nacional, pero poco amigo de expresar sus opiniones en público, quien escribió en su cuenta de X: “Cuidado y por estar peleando para llegar de segundo, pierden en primera”.
No es el único que piensa de esta manera. Dirigentes políticos y gremiales nacionales con los que hablé también coinciden en que se requiere de un “timonazo” que permita reorientar tanto los discursos como la estrategia de las campañas. Para ello es necesario cesar los enfrentamientos entre quienes tendrán que terminar en la misma orilla en la segunda vuelta, si es que ello llega a ocurrir.
El “cese de hostilidades” entre Paloma y Abelardo depende única y exclusivamente de ellos
¿Qué hacer ante esta situación? Para decirlo en términos de ‘el Tigre’ Abelardo, lo mejor es que cada uno venda “su panela”, sin tener que hablar mal de la panela de su competidor. Tanto Paloma como Abelardo deben concentrarse en ofrecer soluciones reales y concretas a quienes encontraron en Petro y Cepeda el discurso que querían escuchar.
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Los hechos indican –de ahí el primer lugar de Cepeda en las encuestas– que los “nadies” sienten que –¡por fin!– los escuchan, independiente de que eso sea realidad o espejismo.
El tiempo apremia –tan solo quedan algo más de dos meses de campaña– para que Paloma y Abelardo den un “golpe de timón” y se enfoquen en cautivar sus potenciales votantes. Ello implica dejar sus enfrentamientos a un lado y –sobre todo– enviar señales contundentes a sus seguidores en redes sociales de la urgencia de parar una batalla en la que todos van a salir perdedores. De ellos depende el “cese de hostilidades”. De nadie más.





















