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Sin sotana el padre jesuita Francisco de Roux, Provincial de la Compañía de Jesús en Colombia, ha luchado por décadas por los derechos humanos de las víctimas de la guerra en el país.

Su trabajo en el Magdalena Medio le significó ser Premio Nacional de Paz en 2001 y el expresidente de Francia François Mitterrand lo condecoró con la medalla Caballero de Honor de la Legión Francesa, en reconocimiento a su labor. Amenazado por guerrilla, paras, sectores oscuros del Ejército y la política, de Roux cree 'moderadamente' en el proceso de paz con las Farc, sin impunidad y hablándole con la verdad y a la cara de las víctimas.

¿Cómo analiza lo que ha pasado hasta ahora con los diálogos en La Habana?

Yo tengo un optimismo moderado con lo que ha pasado en La Habana, pero al mismo tiempo con una convicción ética de que tenemos que poner todo de nuestra parte para que ese proceso sea exitoso. Lo que está en juego en La Habana no es que si se tiene éxito Santos se va a reelegir. Tampoco que si se fracasa el uribismo volverá al poder en Colombia. Ni siquiera es el futuro de los 10 mil hombres de las Farc. Lo que está en juego en La Habana es si nosotros vamos a ser capaces de vivir como seres humanos en este país o no (...) Casi 600 mil muertos desde 1980 hasta hoy es una vergüenza ante el mundo. Los colombianos no hemos sido capaces de solucionar el problema y ahora tenemos la oportunidad ahí.

Los jefes guerrilleros que están en La Habana han dicho que no están dispuestos a pasar un solo día en la cárcel por los crímenes que han cometido ¿Han perdido la capacidad de vergüenza, como alguna vez usted lo dijo?

Yo pienso que el país quedó atrapado en una guerra en la que todo vale. Han valido las minas antipersonales, los secuestros, las matanzas, los asesinatos extrajudiciales, los falsos positivos, las desmovilizaciones falsas, las chuzadas y así nos fuimos metiendo en ese tipo de conflicto desde todos los lados (…) Uno de los elementos que tiene esa guerra es la pérdida de la vergüenza, que es el sentimiento de dolor y confusión que uno siente cuando viola los cánones de honor de una comunidad. Se llegó a una situación en la que los actores del conflicto no les importa nada con tal de ganar la guerra, entonces todo se justifica y eso se perdió de todos los lados.

¿Pero deben los jefes de la guerrilla pagar por sus crímenes como lo establece la ley colombiana?

Es una pregunta muy interesante porque se refiere a si va haber o no impunidad. No debe haber impunidad, pero no podemos aplicar la justicia penal colombiana tal como se exigiría si no estuviéramos en una guerra en la que todos tenemos las manos sucias (…) Entonces vamos a tener que utilizar la justicia transicional o restaurativa que lo que busca es garantizar que la impunidad no prevalezca, que se garantice que no se repitan los actos violentos, que las víctimas sean restauradas y que se diga la verdad sobre las cosas que ocurrieron. La justicia transicional se puede exigir políticamente y encontrarle caminos en una mesa de negociación (...) Sin embargo, hay otra condición fundamental que es necesaria, pero no exigible, y es que nos perdonemos, sin eso no habrá paz.

¿Con el papa Francisco la Iglesia Católica pasará más del discurso a los hechos?

La iglesia ha sido vista hasta ahora como una institución antigua empeñada en defender una moral en la que nadie cree y que la sociedad globalizada no le encuentra razón de ser. Este Papa dice: vamos a tener otra actitud, pongámonos del lado del dolor humano, acompañemos a los pobres, estemos al lado de los que están sufriendo todas las violencias y vivamos como lo hizo Jesús. Este Papa no solo lo dice, también lo hace desde que estaba en Buenos Aires.

¿Esa actitud no pisará muchos ‘callos’ en ese sector de la iglesia que gusta de la opulencia?

Ojalá pise todos los callos posibles de los que juntan la iglesia con el poder, con el prestigio, con el dinero.

¿Vendrá el Papa a Colombia?

No lo sé. Sé que ha sido invitado, pero no puedo responder eso. He escuchado que ha prometido visitar Buenos Aires, ojalá que pase por aquí.

Por Alejandro Rosales