Jesús RicoEl administrador, acomodado en el marco por donde entraron 3 de los 4 goles del triunfo.

Viernes, 7:30 de la noche.

El gran coloso respiraba sereno y tranquilo. Un silencio cálido, tenue y arrullador recorría las gradas vacías, ese silencio era apenas interrumpido por uno que otro sonido producido por el escaso personal de logística encargado del desmonte de la publicidad.

La sombra de una de las ya emblemáticas lechuzas que anidan furtivamente en los tejados de las tribunas superiores planeó atravesando el gramado. Esta tarde inolvidable no hicieron falta sus oficios para la buena fortuna, ya que una Selección engrandecida y comprometida lo único que tuvo que argumentar fue simplemente buen fútbol.

Hacía escasas tres horas que el gigante de granito era un hervidero amarillo que gritaba, que alentaba y gozaba, henchido de orgullo. Unas 40 mil almas rebosantes de entusiasmo sacudieron con fervor las tribunas desde donde se celebraron a rabiar los 4 tantos con los que se impuso el combinado patrio. Los aficionados, la Selección, el estadio y la ciudad en general cumplieron, y entre todo este entusiasmo se logró ratificar a Barranquilla como la casa indiscutible de la Selección Colombia.

Julio Rivera y su equipo de fieles trabajadores aportaron su grano de arena para alcanzar ese objetivo colectivo y gracias a sus esfuerzos que empezaron desde mucho antes de que el juez diera el pitazo inicial, el estadio Metropolitano también obtuvo una nota destacada en ese gran engranaje que culminó en una tarde-noche, llena de satisfacciones para la gran mayoría de los curramberos y por qué no, de los colombianos en general.

“Le cumplimos a la ciudad y al país, todo salió excelente gracias a Dios”, fueron las primeras palabras que lanzó Rivera, el hombre que tiene a su cargo la para nada pequeña responsabilidad de administrar el estadio Metropolitano.

Con escasos 9 meses al frente de este cargo, para Rivera esta ha sido su máxima prueba de fuego, con un estadio a reventar y millones de ojos puestos sobre su espalda, trabajó con su equipo a lomo partido para que las instalaciones del estadio y las exigencias de los protocolos de la Fifa se cumplieran a pie juntillas. “Este fue un día muy especial porque era mi primer reto con la Selección y estoy feliz porque cumplimos”, aseguró.

En los ojos de este joven de 30 años, administrador de empresas, contador público, egresado de la CUC y exjugador de fútbol, se podían atisbar el mal sueño de varios días y la acumulación de un cansancio obeso y pesado. Sin embargo, tal como él mismo lo aseguró, las cosas salieron tan bien que a las 9 de la noche, cuando terminaban de ajustar algunos detalles, luego de tanto ‘boleo’ y acelere, todavía sentía ganas de brincar.

“Cumplimos con todos los requerimientos de los protocolos que exige la Fifa. Gracias a Dios, el Presidente salió contento, la Alcaldesa, la Selección, su preparador físico, el técnico, los muchachos. Ahora mismo tengo plena satisfacción porque esto era lo esperado, porque todo salió perfecto, el estadio lleno, el comportamiento de la gente, todo salió muy bien”, afirmó para después agregar que “cuando yo asistía como público podía ver una Selección que jugaba con el alma, con corazón, comprometida, que hacía respetar su casa y hoy eso lo volvimos a ver”, señaló.

En la gramilla, en la pista atlética y en las tribunas se podían observar los estragos que dejó la gran fiesta de los goles: basuras de todo tipo, papelitos de colores por doquier, plásticos y latas que hacen parte de las responsabilidades de Rivera y su equipo de trabajo.

De 30 a 35 personas limpian las graderías; los caracoles, anillos, pasillos y entradas lo asumen unas 14; los baños los asean unas 28 mujeres, un agrónomo está encargado de la gramilla, también están los soldadores, electricistas, plomeros, los 4 agentes de seguridad privada, este es el equipo que está tras bambalinas trabajando para que el estadio esté siempre a punto para cada competencia y requerimiento.

“Estoy agradecido con Dios, con mi jefe Joao Herrera, que es el Secretario de Recreación y Deportes, con la vida y con esta ciudad por haberme dado esta oportunidad”, apuntó Rivera.

Juan Suárez España, soldador y hombre de confianza de Rivera, expresó que “cuando coloco el candado después de una fiesta tan grande como esta, uno siente una soledad muy grande. Hoy estamos seguros de que esta será la casa de la Selección por largo rato”.

Por Carlos Polo

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