El Heraldo
Ruinas del escenario después de la implosión.
Barranquilla

La tristeza de despedir el Coliseo Humberto Perea, una de las obras simbólicas de Barranquilla

La demolición del escenario deportivo tuvo lugar el pasado domingo.

La implosión del Coliseo Humberto Perea ha causado nostalgia entre algunos barranquilleros, que vieron la caída de una de las obras simbólicas de la ciudad. EL HERALDO reproduce la carta enviada por María del Socorro Merlano de Salcedo, esposa del exalcalde y exministro Humberto Salcedo Collante:

Dicen que las personas que no se encuentran físicamente con nosotros, los terrenales, no pueden hablar y es así. Sin embargo, hay quienes hablamos por ellos. Tengo la investidura de haber vivido con una de esas personas que ya no hablan, durante 58 años, inolvidables y enriquecedores bajo todo y cualquier punto de vista.

Soy María del Socorro Merlano de Salcedo y estuve felizmente casada con Humberto Salcedo Collante.

He visto con tristeza la demolición de una de las obras icónicas y simbólicas de Barranquilla. Debo confesar que es doble mi tristeza ya que no se trata solamente de una simple destrucción, sino que también era una de las tantas obras de mi esposo como ingeniero civil, que no solo enalteció la ingeniería de nuestra querida y pujante ciudad, sino de nuestra Nación entera. Queda pues la nostalgia de quien estuvo y ya no está

No es fácil ver la destrucción –en cuestión de minutos–, de lo que fue el producto de muchas horas, días y meses de trabajo. Así mismo, debo manifestar mi inconformidad cuando se trata de una información que no corresponde a la verdad en su totalidad o una verdad a medias.

Sobra mencionar que me refiero a nuestro querido Coliseo Cubierto Humberto Perea. Escenario que albergó eventos culturales y deportivos, presentando artistas de talla nacional e internacional. Fue puesto en funcionamiento en el año 1961 para los juegos Bolivarianos, con capacidad para ocho mil espectadores sentados.

No debemos caer en involuntarias amnesias o información fraccionada. Pero para recordarles especialmente a quienes sufren de amnesia voluntaria, siento necesario decirles que el Coliseo Cubierto fue diseño estructural del más brillante calculista en la historia de la ingeniería colombiana, Guillermo González Zuleta, otro que tampoco puede hablar y que debe estar revolcándose en su tumba al ver su obra destruida. Su nombre enaltece uno de los premios más importantes que otorga la Sociedad de Ingenieros de Colombia. Su diseño arquitectónico fue elaborado por la firma Blanco y Rosales, cuyos socios eran José Martín Blanco Blanco y Álvaro Rosales Clemow. El “Humberto Perea” no solamente era una de las joyas de la arquitectura y la ingeniería colombiana. Era, fue y sigue siendo la obra de concreto postensado con la mayor luz libre que existe en el país. Me pregunto entonces: ¿No habría sido mejor hacer los correctivos, para que este enfermo no llegara a esta etapa terminal? ¿No hubiese sido mejor utilizar los recursos destinados para su demolición y el próximo proyecto, en un rediseño, conservando la estructura original? Ojalá el nuevo diseño haga el eco y perdure por tantos años en la memoria de todos los barranquilleros como lo hizo el Coliseo Cubierto Humberto Perea. ¿O se tratará quizá de estar preparados para otra demolición dentro de treinta, cuarenta, o cincuenta años? De igual manera, así como se le debe dar el crédito al señor ingeniero Guillermo González Zuleta, también se debe hacer honor a la verdad y el debido reconocimiento a quienes ejecutaron la obra. Fue construido por la firma que en su momento se llamo González y Salcedo. González por Ricardo González Ripoll y Salcedo por Humberto Salcedo Collante. Posteriormente la sociedad González y Salcedo fue disuelta y se fundo la sociedad Salcedo Ltda, con cincuenta años de ejercicio profesional y cuyos socios fueron mi esposo y su hermano el arquitecto Antonio Salcedo Collante. Posteriormente se vinculó a dicha sociedad el ingeniero Humberto Salcedo Merlano.

Sin querer pasar cuentas de cobro, aprovecho este espacio para referirme a tantas obras que hizo mi esposo Humberto en esta y por esta ciudad, en calidad de Alcalde de Barranquilla y de Ministro de Obras Públicas. Obras que, uniéndose a muchos otros beneficios, le dieron a Barranquilla el impulso y la visión que ayudan a ver el brillo de nuestra Barranquilla de hoy.

Es ahora el momento para citar una frase de Humberto, que, con su habitual “humor negro”, deleite para muchos y admirable para otros, decía que ni siquiera un matarratón en esta ciudad lleva su nombre. Aun así, tratándose está de decir verdades completas, debo reconocer y agradecer públicamente, como lo hizo también Humberto en vida, a la Sociedad de Ingenieros del Atlántico por su especial deferencia en bautizar con su nombre el Aula Máxima de la sede de la Sociedad de Ingenieros del Atlántico. Pero de su jocosa frase a que no se le mencione como quien ejecutó en su momento tan magistral obra, y no en calidad de alcalde, ni de ministro, sino como Ingeniero Civil de reconocida e inmaculada trayectoria profesional, hay un camino cósmicamente injusto y largo por recorrer, lleno de matarratones, en donde albergo la esperanza de encontrarme uno con el nombre de Humberto Salcedo Collante!

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