
El Son de Negro es la voz del cabildo, es el lamento del negro cimarrón, su risa, su mueca y su rebeldía. Es la canción del río, es el tambor llamando a la tribu y el canto de agua dulce del boga.
Es el cortejo y la invitación explícita del palenquero para que su negra atienda el apuro de su cuerpo. Es la danza del laboreo y el descanso del jornal, del negro pescador y del que trabaja la tierra, es clamor que intenta olvidar las cadenas y el sometimiento de una raza orgullosa. Es cultura y tradición, el legado de los antepasados que transmitieron su sabiduría bajo la luz de la hoguera a la orilla del río, asegurándose que nunca muriera. También es festejo, gozo y Carnaval .
Según el docente e investigador Manuel Antonio Pérez, fundador y director de la Corporación Cultural Son de Negro del municipio de Santa Lucía, el Son de Negro en sus inicios fue una danza guerrera que se formó en las comunidades pertenecientes a antiguos cabildos palenqueros asentados a la orilla del Canal del Dique.
'Se dan desde Cartagena en lo que es Pata e’ Caballo donde entrega el Canal del Dique sus aguas al mar Caribe, partiendo de San Pedrito, entre Calamar, Suan y Santa Lucía, donde nace esta artería que se desprende del río Magdalena', explicó el investigador.
Acompañados por el golpe ritual del tambor, el sonido de la guacharaca, el palmoteo seguido del estallido de las tablas y la voz del cantor que relata las pequeñas hazañas de la vida cotidiana, los danzantes, zapatean, sienten el llamado de la raza y teatralizan con los gestos exagerados de su boca y de sus ojos mientras cortejan a su dama, machete o garabato en mano, ataviados con collares alusivos a los frutos del río.
'Esta es una danza folclórica que trata de la cotidianidad, de las labores del campesino, del pescador. Los cantos transmiten las costumbres del pueblo y son alusivos a las vivencias ordinarias, son versos antiguos venidos de la tradición oral pero con posibilidad de improvisación', sostuvo Gaspar Pino, encargado del grupo en Santa Lucía que representa al Municipio en las actividades carnestoléndicas desde el año 1996. Cuando el profesor Manuel Antonio Pérez escribe el libro, El Son de Negro en Santa Lucía y Área del Canal del Dique, junto con esta producción académica e investigativa, se funda el Festival Son De Negro en el municipio. 'Sale el libro y lo más importante es que la danza sale del entorno local y se hace universal. La idea era consolidar el Son de Negro como un proyecto de vida que viaje en el tiempo. En 1996 entramos al Carnaval de Barranquilla', relató Pérez.
Frente esa pedazo del Canal que como intruso desalmado se ha metido incluso hasta sus hogares arrasándolo todo, ese mismo que generó la más dura emergencia en el año 2010 durante la ola invernal y el rompimiento del boquete, aquí en este pedazo del Macondo vivo lleno de historias y de luchas contra los fenómenos naturales, frente a este mismo Canal con el que tienen una relación de necesidad y temor como una especie de padre, del que sacan el agua para su sustento, que le sirve de vínculo con otros pueblos y del que sacan sus frutos para su supervivencia, un grupo de los 40 bailadores de la última de las generaciones expresa sus arte al compás de los cantos y de los tambores.
Los hombres pintados de negro azabache, luciendo sus machetes, sus pantalón pescador, sus collares y la cabeza cubierta por un gran sombrero adornado con papeles de colores, mientras las mujeres meneaban su polleras y coqueteaban con sus blusas campesinas, mostrando los coloridos collares, los aretes y la flor que corona su moña, bajo la asfixiante canícula de mediodía nos enseñaron una pequeña muestra de este viejo ritual de danza, canto y desahogo.
Yo sembré una e' auyama que me pariera patilla y esa mata a mí me dio a Ricardito la semilla... canta Gaspar Pino al compás de los tambores.
La Corporación Son de Negro de Santa Lucía ha sido galardonada con 7 Congos de Oro, obtuvo el premio Andrés Bello 2003 Somos Patrimonio, mención de honor en Cantabria Santander de España, donde fueron invitados en 2 ocasiones al Festival los Sones del Mar Caribe.
El Son de Negro ha dado a conocer a este pequeño pueblo de agricultores, pescadores y pequeños ganaderos a nivel nacional y los ha puesto en la mira internacional .
Yurleidys Olivo entró a la Corporación desde que tenía 7 años, a sus 20, con 14 años de experiencia, recuerda que esto lo trajo metido en su sangre. 'Mi tío es el percusionista del grupo y mi abuelo fue un cantor y desde chiquita esto me gustaba y por ahora quiero seguir con la tradición', afirmó la bailadora.
A Jeison Salcedo lo llaman desde niño Quimbimba, una especie de relación onomatopéyica que aduce al sonido del tambor. Jeison entró al grupo a los 5 años y hoy a los 17 no se cambia por nadie porque hace parte de este sueño colectivo que le ha permitido conocer otras ciudades de nuestro país. 'A mi me gusta vacilarme al público, a la gente, hacerle muecas y viajar', aseguró.
En Saco se perdió un hombre, el hijo de Salvador, la mamá lo anda buscando y el diablo se lo llevó... Dice uno de los versos más antiguos de los cantos del Son de Negro, y tal como la danza ha sobrevivido al paso de los años y a la modernidad gracias a la tradición oral, la misma que esta corporación defiende y que aporta a esta fiesta grande considerada Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad.
Por Carlos Polo



















