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Con las ‘botas puestas’ y en su ley fue asesinado David Zubiría Ripoll, de 57 años, un pensionado de la Policía que de acuerdo con Maira Barrios, su compañera sentimental, perdió la vida en medio del cumplimiento de su deber.

El expolicía trabajaba hace tres años en la empresa de seguridad Videlca. Familiares suyos cuentan que tenía una virtud que destacaba entre las demás: su alto sentido de la responsabilidad.

Así lo demostró con creces el pasado miércoles, cuando a las 3:30 de la tarde, en medio de un turno de rutina en la sede de la distribuidora avícola Mercapollo en el barrio Hipódromo (Soledad), carrera 30 con calle 28, intentó detener el accionar de un par de criminales y ese hecho le costó la vida.

De acuerdo con testigos, el vigilante le dio paso a uno de los camiones distribuidores de la compañía y, en ese mismo instante, los dos bandidos a bordo de una moto también ingresaron a los predios del establecimiento. Al detectar al parrillero, que entró con el arma desenfundada, los instintos del expolicía se despertaron de un solo tirón.

Zubiría corrió en busca de un refugio que le sirviera de muro de contención para repeler el ataque, pero la reacción del atracador le madrugó a sus intenciones.

Tiro fulminante

Un solo disparo, una sola bala alcanzó a ‘escupir’ el arma homicida. Atravesó su uniforme de diario, ‘mordió’ la piel de este padre de 5 hijos y ese solo proyectil, que se alojó en el lado derecho de su tórax, bastó para destrozar todos los planes navideños y dejar a otra familia barranquillera sumida en el dolor y la oscuridad del luto.

Después de la detonación que retumbó como un trueno a mitad de la tarde, los criminales emprendieron la huida a toda velocidad, perdiéndose entre el tráfico.

No obstante, la inmediata reacción de los patrulleros de la Policía, quienes iniciaron una cinematográfica persecución, arrojó como resultado la captura de los presuntos responsables de la muerte de este hombre trabajador.

Los sospechosos fueron neutralizados en la carrera 38 con calle 27, del barrio Costa Hermosa, en Soledad. Fueron identificados como Óscar Federico Correa Castro y Julio César Pozo Jiménez, quienes fueron trasladados a la Unidad de Reacción Inmediata (URI) de la Fiscalía en ese municipio, por cargos de homicidio y porte ilegal de armas.

Herido de gravedad, Zubiría fue traslado hasta las instalaciones de la Clínica General de Soledad. De acuerdo con sus familiares, el impulso vital lo fue abandonando en el recorrido y al llegar hasta la sala de emergencias, su cuerpo ya no presentaba signos vitales.

En las afueras de las instalaciones de Medicina Legal, Barrios quien hoy es otra de las viudas que viene dejando esta rampante inseguridad, con el alma hecha jirones y un mar de lágrimas desbordado en sus ojos, recordó ayer que no sabe qué hacer, ni qué decirle a su niña cuando pregunta por 'su papá'.

Tampoco tiene idea de qué pasará con aquella pequeña reunión que tenía planeada con su pareja, para celebrar el paso de jardín a transición de la pequeña, ni con los planes del festejo de su grado como auxiliar contable programado para el sábado de la próxima semana.

'Antes de salir para el trabajo, a las 5:30 de la mañana, me dejó la plata para que comprara la ropita de la niña y la mía para el 8. ¿Qué ganas le quedan a uno de nada si me lo mataron? Es que como era tan responsable defendió su trabajo con su propia vida', contó la viuda enjugándose las lágrimas, mientras cogía fuerzas para exigirles a las autoridades: 'Sé que cogieron a esos tipos y, ahora, lo que nosotros esperamos es que paguen por lo que hicieron, que no los suelten'.

Alma de la fiesta

María Del Carmen Zubiría Ripoll, hermana de la víctima, con la voz entrecortada, recordó que el expolicía siempre fue el alma de las fiestas y las celebraciones en su familia.

'Esto que le hicieron a mi familia es irreparable, nosotros somos ocho hermanos y él con otra hermana mía eran mellos y fueron los antepenúltimos. Era una persona llena de vida, muy familiar, trabajador, que no se merecía una muerte como esta', lamentó.

En menos de 36 horas les fueron coartados los futuros y sueños a dos expolicías, padres de familia, trabajadores y responsables, por cuenta de los violentos. Y de tajo les fueron frustrados la posibilidad de disfrutar al lado de sus familias la considerada época más bonita del año.