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Juanes en su interpretación, junto al icónico Mick Jagger. Cortesía
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El guayabo que dejaron los Rolling Stones

Crónica de un fanático que vivió el concierto de la legendaria banda británica, que no se despidió de su público colombiano. Juanes compartió escenario con el mítico grupo.

La larga fila, el frío y la lluvia que dominó el jueves a Bogotá quedó eclipsada por la presencia titánica de cuatro leyendas vivas del rock que, al ritmo de Jumping Jack Flash, inauguraron una noche para el recuerdo. No era cuento, los Rolling Stones estaban tocando en Colombia.

Lo sé, es solo rock n’ roll, pero nos gusta. Nos gusta tanto que, después de 50 años, Mick Jagger, Keith Richards, Ronnie Wood y Charlie Watts, todos ya entrados en los 70, nos siguen emocionando y conmoviendo.

La entrada fue difícil. Un aguacero torrencial ocurrió durante gran parte de la tarde y retrasó el ingreso. Muchos aún estaban afuera cuando la banda telonera, Diamante Eléctrico, subió al escenario. Ellos, recién ganadores del Grammy Latino por Mejor Álbum de Rock, trataron de despertar a un público parco que, incluso, le puso un poco de resistencia a Jagger y compañía.

Clásico tras clásico, Mick inundaba el estadio El Campín con su poderosa voz y con su baile, confirmando que, a pesar de muchos imitadores, nadie tiene sus movimientos. “Les tenemos una sorpresa muy especial, alguien a quien queremos mucho. Aquí está nuestro parcero ¡Juanes!”, dijo Jagger en perfecto español, al tiempo que introducía al espectáculo al músico paisa, que salió con guitarra en mano dispuesto a ‘rockear’ al mejor estilo de los Stones. Beast Of Burden fue la canción elegida para compartir con el antioqueño, quien se midió en un contrapunteo guitarrero con Richards y Wood, además de hacer dueto en la voz con Jagger.

El frontman de los Stones repartió frases para el recuerdo, muchas en español. Desde la anécdota de la oblea hasta el particular aporte de Ronnie a la economía del país, con sus ocho tazas de café colombiano diarias. “Me llevaron al Museo de Botero y a la salida me comí una oblea, después me tomé unos guaritos y amanecí con mucho guayabo”, contó en su español británico. 

Pero con guayabo nos dejaron ellos, ya que después de dos horas de concierto las palabras “nos vemos pronto, Colombia”–o algo por el estilo–no fueron pronunciadas. Esa promesa, que nos permitiría aferrarnos a la idea de que esta no fue una única vez, no llegó.

Paint it Black, Gimme Me Shelter, Miss You y Start Me Up hicieron parte del repertorio que presentaron los Stones en Bogotá. Pero uno de los momentos más álgidos llegó cerca del final, cuando sus ‘satánicas majestades’ tocaron Simpathy For The Devil, una de las canciones más polémicas de la banda, que mezcla sonidos tribales, coros que asemejan animales salvajes y ese solo serpenteante de Richards que se ha ganado un lugar en la historia de la música.

 Barranquilleros en el estadio El Campín de Bogotá, para vivir el espectáculo de los Stones.

Envuelto en un abrigo de plumas color rojo, que le cubría hasta los tobillos, Jagger recitaba “please allow me to introduce myself” (por favor, permítanme presentarme), ¡como si no te conociéramos, Mick!

Al cierre del concierto, el coro de la Universidad Javeriana se tomó el escenario para introducir You Can’t Always Get What You Want, a lo que siguió Satisfaction. Allí, tocando un éxito de 1965 –uno de esos que transformó la forma de hacer música en el mundo–, estos viejos setenteros, después de más de 50 años de carrera musical, siguen repitiendo que no están satisfechos, que todavía hay Stones para rato y, haciendo un guiño para perseguir nuestros sueños, nos recuerdan que si bien “no siempre podrás obtener lo que quieres, si tratas, tal vez encuentres, que obtienes eso que necesitas”.

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