¿Qué tan conveniente es para el mercado laboral la reducción del mínimo?

El Nobel en Economía Christopher Pissarides sugirió que Colombia debe reducir el salario mínimo si quiere superar la acentuada crisis por la que pasa su mercado laboral. Expertos de Uninorte analizan la propuesta.

Propuesta del Nobel de Economía se basa en el costo que tienen las empresas para formalizar la fuerza laboral.
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El Nobel en Economía Christopher Pissarides sugirió que Colombia debe reducir el salario mínimo si quiere superar la acentuada crisis por la que pasa su mercado laboral. Expertos de Uninorte analizan la propuesta.

Desde 2016 el desempleo en el país ha mantenido una tendencia creciente; el último reporte del Dane situó la tasa en 10,3 % para abril (que el mismo mes en 2018 fue de 9,5%). Para el Ministerio de Hacienda una de las explicaciones es la migración de venezolanos al país; por su parte el Dane encuentra parte de las causas en hechos coyunturales (en marzo lo asoció al paro indígena que bloqueó la vía Panamericana); y quienes analizan la tendencia hallan respuestas en la caída de los precios del petróleo.

La semana pasada, durante la convención de Asobancaria celebrada en Cartagena, llamó la atención el análisis de Christopher Pissarides, Nobel de Economía en 2010, quien, en resumen, indicó que si Colombia quiere superar la crisis del mercado laboral deberá reducir el salario mínimo. Para Pissarides, que en Colombia el salario mínimo haya tenido un crecimiento mayor a los índices de productividad desincentiva a las empresas a vincular de manera formal la mano de obra disponible. El Nobel considera que se debería ejecutar una reforma laboral que reduzca el salario mínimo.

Una propuesta en ese sentido no puede pasar desapercibida, sobre todo cuando quienes ganan el mínimo en el país consideran que la cantidad es insuficiente. Carlos Yanes, profesor de Economía de Uninorte, señala que la relevancia de discutir estos temas radica en que el empleo tiene implicaciones directas en el bienestar de las personas. “Cualquier propuesta que implique modificaciones en las condiciones laborales de los empleados se torna relevante para el conglomerado social”.

Sin embargo, la propuesta de Pissarides se basa en el alto costo que tienen las empresas para formalizar la fuerza laboral. Que el 45,6 % de los colombianos ganen menos de un salario mínimo, con lo cual quedan por fuera del sistema de seguridad social, puede ser suficiente para que un analista como el Nobel sugiera la idea de bajar el mínimo para que esas personas se formalicen.

“Parece descabellado e, incluso, antiestético para las centrales obreras, porque se considera una reducción para los que actualmente lo ganan, y perjudica aún más el acceso de bienes y el estímulo de la demanda. Sin consumo, el empleo no crece y, por ende, los empresarios no contratan más personas; lo que sería caer en el círculo del estancamiento en la generación de nuevos empleos”, dice Yanes, y agrega que se debe seguir debatiendo la ruta a seguir para reducir los costos que asumen los empresarios a la hora de contratar.

En el debate que cada final de año se da en el país para fijar el salario mínimo, una de las preocupaciones que suele inquietar a los analistas externos a la negociación, tiene que ver con los efectos inflacionarios que puede generar un amento muy alto. El último aumento del salario mínimo fue de 6 %, casi el doble de la inflación de 2018, que estuvo en 3,18 %; y hasta el momento la inflación se ha mantenido estable.

“Si el aumento no tiene efectos inflacionarios, evidentemente no es perjudicial, porque entonces claramente aumenta la capacidad de compra de los hogares más pobres (que son los que ganan el salario mínimo)”, indica Leopoldo Gómez Ramírez, profesor de Economía de Uninorte. 

El desempleo en Colombia

El desempleo se define como la diferencia que hay entre la oferta de trabajo, las personas que están disponibles para trabajar (o lo que se denomina la población económicamente activa) y lo que las empresas demandan. “Las cifras del mercado laboral del Dane demuestran que por el lado de la población económicamente activa no ha habido cambios sustanciales, pero sí se ha reducido una cantidad importante de puestos de trabajo. Concretamente, en el último año, comparando abril, son cerca de 800.000 puestos de trabajo a nivel nacional; personas que estaban ocupadas y que ya no lo están”, dice Jorge Quintero, director del doctorado en Economía de Uninorte.

Quintero explicó que la tasa de desempleo a principios del siglo XXI oscilaba entre el 14 y el 16 %, y hacia 2010 comenzó una tendencia positiva en la que llegamos a tasas de un dígito de manera sostenida. El punto de quiebre, desde su perspectiva, fue la caída del precio del petróleo. El bajón de 140 a 35 dólares significó que el 20 % (alrededor de 25 billones de pesos) del presupuesto de la nación —que tenía como fuente de financiamiento los recursos por regalías de petróleo— se esfumó.

En estos casos, sostiene el economista, la inversión es lo primero que sufre, pues es el componente más volátil de todo el producto interno bruto, debido a que las empresas del Estado deben seguir funcionando. La disminución en los ingresos fiscales del país afecta la puesta en marcha de varios de los principales programas y estímulos a la producción, y concretamente al sector de la construcción, que inclusive tiene un ritmo de crecimiento negativo.

“Este sector tiene varias condiciones importantes y es que demanda una cantidad de empleos importante, y al mismo tiempo, ayuda a jalonar a otros sectores de la economía, como el industrial”, Quintero.

Tal vez el problema que más preocupa en el mercado laboral nacional es que gran parte del empleo es informal. Para el trimestre febrero-abril de 2019, el Dane estima que el 47,7 % de los colombianos trabajan en la informalidad. En Barranquilla la informalidad está en 54,8 %, en Sincelejo en 66,2 % y Riohacha en 64,3 %.

El comportamiento de la informalidad, en términos de cifras, ha sido constante en el país, inclusive cuando se experimentaron tasas de desempleo de un dígito. Por esta razón, a Quintero le parece interesante la cifra que entregó el Dane en la que se muestra que entre febrero y abril del presente año se redujo la informalidad en un 1,1 % (de 48,6 a 47,7 %) en las principales ciudades del país.

“Es un fenómenos curioso, pero lo que refleja es que la informalidad está disminuyendo más por una reducción en el empleo informal que por una mayor generación de puestos formales de trabajo. Es decir, el bajo ritmo de crecimiento de la economía colombiana está afectando principalmente a los sectores que concentran la mayor cantidad de empleos informales y la reducción de la ocupación en estos sectores está incrementando el desempleo”, explicó.

Para Quintero, la informalidad es un tema estructural de nuestra economía y prueba de esto es precisamente el hecho de que su comportamiento no está directamente ligado a la tasa de desempleo. Señaló que medidas como la reducción de la cantidad de trámites legales que necesitan cumplir las empresas para poderse formalizar, mejoran el panorama para los informales y nuevos emprendedores. Sin embargo, estas iniciativas no generan cambios de la noche a la mañana.

Análisis | ¿Es buena idea bajar el salario mínimo?

En economía, la posición que se tome en realidad depende de la posición en la producción económica en la que uno se encuentre. Así, existen argumentos a favor de mayores salarios mínimos que generalmente serán válidos desde el punto de vista de los trabajadores (ejemplo: puede mejorarles su capacidad de compra), pero también existen argumentos en contra, que serán válidos desde el punto de vista de los empresarios 

(ejemplo: obviamente les aumenta sus costos, lo que puede reducir su competitividad). Personalmente estoy del lado de los trabajadores. Por otra parte, también entiendo que medidas “populistas” que no se piensen adecuadamente pueden en el largo plazo afectarlos más de lo que los benefician.

Leopoldo Gómez-Ramírez, profesor Economía Uninorte

 

 

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