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La expectativa del mercado financiero y las proyecciones de los analistas en el país sobre el incremento de la tasa de interés se quedaron cortas frente a la decisión que tomó la Junta Directiva del Banco de la República. Y no es para menos, puesto que el banco central colombiano decidió –de forma contundente– aumentar en 100 puntos básicos su tasa, pasando de 9,25 % –que se mantuvo durante seis reuniones consecutivas– a 10,25 %.

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Y es que había explicado el gerente del Banco de la República, Leonardo Villar, que en su discusión de política, la Junta Directiva tuvo en cuenta varios elementos, el más relevante, la inflación, que en diciembre se ubicó en 5,1 %, levemente inferior a la observada a fin de 2024 (5,2 %). Además, la inflación básica, sin alimentos ni regulados repuntó de 4,85 % a 5,02 % entre noviembre y diciembre.

“Las expectativas de inflación en enero tuvieron un fuerte repunte frente a sus mediciones de diciembre. En el caso de los analistas, las expectativas de inflación en la mediana de la muestra aumentaron de 4,6 % a 6,4 % para fin de 2026 y de 3,8 % a 4,8 % para fin de 2027. Las expectativas obtenidas a partir de los mercados de deuda también aumentaron y se ubican sobre el 6 % en el horizonte de dos años”, expuso Villar.

Añadió que la incertidumbre sobre las condiciones externas continúa siendo elevada, en vista de los riesgos asociados a un escalamiento de los conflictos comerciales, las medidas migratorias en Estados Unidos, los conflictos geopolíticos y la percepción del riesgo soberano de Colombia.

Villa también resaltó que la decisión adoptada por la mayoría de los miembros de la Junta Directiva está encaminada a que la inflación retome una senda decreciente.

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Sobre la decisión

Diferentes analistas y expertos consultados por EL HERALDO se refirieron a varios puntos a tener en cuenta tras la subida de las tasas de interés en el país.

Alejandro Reyes, economista principal de BBVA Research, resaltó que la decisión de la Junta obedece –tanto en oportunidad como en magnitud– a un hecho sobreviniente que tiene importantes repercusiones sobre la economía colombiana.

No obstante, explicó que, a nivel de los factores externos, el comunicado del Emisor resalta el incremento de la incertidumbre en las condiciones externas principalmente por factores geopolíticos y comerciales.

También indicó que el Banco de la República considera que, en este entorno, la percepción de riesgo soberano de Colombia se ha visto afectada.

“Este incremento de la tasa, por encima de expectativas, obedece también a una estrategia de adelantarse a la formación de precios, lograr un anclaje en expectativas que eviten tener que llegar a una tasa terminal más elevada al final del ciclo, por lo que estimamos que el ajuste acumulado (incluyendo la decisión ya tomada) puede alcanzar los 300 puntos básicos y que sería relativamente rápido”, expuso el economista a esta casa editorial.

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Y es que el incremento real del salario mínimo –en una magnitud sin precedentes, de acuerdo con el experto– puede causar un “espiral inflacionaria” que se evidencia, en primera medida, en las expectativas de inflación –que han respondido en cerca de 200 pb al alza para este año y 100 pb al alza para el año siguiente–, al tiempo que puede desencadenar en una pérdida de confianza en la capacidad de convergencia de la inflación a la meta y en costos económicos y sociales muy importantes para el país.

Paula Chaves, analista de Mercados de HFM, sostuvo que la decisión se produce en un contexto marcado por presiones inflacionarias persistentes y un deterioro en las expectativas de inflación, elementos que el propio banco central ha señalado como relevantes en su evaluación reciente.

“Entre los factores que el mercado ha venido incorporando se encuentran el ajuste del salario mínimo, la dinámica del gasto público y un entorno fiscal exigente, variables que tienden a reforzar la inercia de precios y a dificultar la convergencia hacia la meta”, socializó Chaves.

Desde la óptica de los inversionistas, expresó que el movimiento obliga a recalibrar el escenario de tasas hacia adelante.

Si bien un nivel más alto de rendimientos hace a la deuda pública colombiana más atractiva en términos nominales —especialmente en un momento en que los flujos globales han mostrado interés por mercados emergentes—, también abre preguntas sobre la trayectoria futura de la política monetaria y la prima de riesgo asociada al frente fiscal.

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“Dado que una parte importante de la inversión extranjera en Colombia se canaliza hacia TES, el balance entre mayor rendimiento y visibilidad sobre el rumbo de las tasas será clave para sostener ese apetito”, indicó Chaves.

Por su parte, Jackeline Piraján, economista principal de DAVIbank, resaltó que esta subida responde mayormente a un cambio fuerte en las expectativas sobre la trayectoria de la inflación.

“Si volvemos hacia principios de diciembre, esa expectativa de inflación para finales del 2026 apuntaba a un nivel cercano al 4.3 %, máximo, 4.5 %, y posterior al incremento del salario mínimo, esas expectativas empezaron a incrementarse. En efecto, los consumidores en Colombia habrán sentido que las alzas de este año han sido un poco más fuertes de lo que habíamos experimentado en los años anteriores, especialmente en segmentos como servicios de transporte público, algunos servicios de restaurantes, entre otros intensivos en mano de obra. Y si bien todavía no hemos observado un dato en firme de la inflación, vemos que el Banco Central se anticipa a estos efectos y por eso sube de forma contundente su tasa de intervención”, puntualizó.

Recordó que estabilizar la inflación es muy importante para los hogares en Colombia, ya que parte de estos incrementos van erosionando la capacidad de compra.

“Si recordamos la subida del salario mínimo, efectivamente fue una buena noticia para casi el 10 % de la población, pero para el resto encontramos que ha sido una noticia adversa en la medida en que sus ingresos y el incremento de los ingresos no va a alcanzar a cubrir el aumento de los precios de los servicios”, explicó Piraján.

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¿Una buena decisión?

De acuerdo con el exministro de Hacienda y actual rector de la Universidad EIA, José Manuel Restrepo, la decisión es “absolutamente acertada”, lo que demuestra la independencia de la banca central y la preocupación que está teniendo con el aumento de las expectativas de inflación, fruto de las decisiones que se tomaron del salario mínimo.

“Es una prueba más de que nuestra democracia es sólida y la más antigua de América Latina, y también es la respuesta necesaria en este momento para controlar los excesos fiscales que tiene el Gobierno, y que además está generando presión inflacionaria”, expuso Restrepo.

A su vez, Henry Amorocho, profesor de Hacienda Pública de la Universidad del Rosario, precisó que los efectos inmediatos se verán especialmente en el aminoramiento y la pérdida de la dinámica del crédito.

Además, explicó que un sector clave tendrá afectaciones sobre todo en el tema crediticio, como lo son los emprendedores.

“Esto de pronto se podría moderar en caso hipotético de que a finales de febrero se dé el fallo definitivo de la Corte Constitucional sobre la declaratoria de emergencia económica y los decretos tributarios; en el evento de que salgan inexequibles, va a generar un efecto positivo y un mejoramiento del ambiente y posiblemente esto no vaya a tener mucha incidencia en el crecimiento económico, porque generalmente cuando estos efectos correctivos del Banco de la República se toman, la factura pasa al crecimiento económico”, manifestó Amorocho en diálogo con EL HERALDO.

Entre tanto, la presidenta de AmCham Colombia, María Claudia Lacouture, sostuvo que la decisión del Banco de la República puede ser necesaria, pero exigente.

“Para que sea efectiva y minimice sus efectos de corto plazo, se requiere coordinación con la política fiscal (MinHacienda) y con la agenda de productividad/oferta (DNP, MinCIT y reguladores)”, puntualizó Lacouture.

En esa misma línea, José Ignacio López, presidente de Anif, expresó que “un Banco Central tiene la ingrata, pero importante, tarea de subir tasas de interés cuando los choques de demanda amenazan la estabilidad de precios”.

De acuerdo con el equipo de Investigaciones Económicas del Grupo Cibest (Bancolombia), el ajuste de 100 puntos básicos reafirma contundentemente el compromiso del Banco con la convergencia de la inflación hacia la meta en el mediano plazo y con la estabilidad macroeconómica.

“Al mismo tiempo, deja claro que el ciclo de política monetaria aún no ha concluido y que la evolución futura de la tasa seguirá dependiendo de la dinámica de la inflación, de las expectativas y de la materialización de los riesgos identificados, tanto internos como externos”, resaltaron desde el Grupo Cibest.

¿Qué se espera de la política monetaria en el país?

La economista Jackeline Piraján comentó que con esto lo que se percibe es que el Banco Central está tratando de mandar una señal.

“El Banco ve que el uso del crédito no está siendo intensivo, luego invita a la población a propender por el ahorro en lugar de propender por gastos apalancados por el crédito. Y esto sería responsable en la medida en que seguiría manteniendo las finanzas de los hogares bajo control en medio de una situación de recuperación de la economía y buscando proteger a Colombia de una subida fuerte de la inflación”, socializó.

El Grupo Cibest (Bancolombia) recalcó que en este escenario se prevé que los riesgos alcistas para la inflación respaldan un ciclo de ajuste en 2026, con una tasa que aumentaría hasta el 11 %.

Por su parte, Alejandro Reyes, de BBVA Research, dijo que con el ajuste de las expectativas y proyecciones de inflación en cerca de 200 puntos básicos, luego de completar 5 años consecutivos de incumplimientos con la meta de inflación y tras un par de años de importante persistencia en la inflación, la respuesta acumulada de la política monetaria debería ser mayor que el incremento esperado en la inflación, ello con el objetivo de reconducir la inflación hacia su meta en el mediano plazo.

Por último, Paula Chaves, analista de Mercados de HFM, puntualizó que un entorno de tasas más elevadas implica condiciones financieras más restrictivas, lo que puede moderar el ritmo del crédito y de la actividad económica, en un escenario que ya presenta desafíos en términos de crecimiento.