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‘La Sombra’ Castillo vio la luz con el boxeo

El pugilista mexicano, de 25 años de edad, tiene una discapacidad auditiva y de habla. Este sábado se enfrentará a Yoel Finol, en Kilymandiario.

Bostezando. Con su tapabocas prácticamente en la barbilla. Revisando el teléfono celular una y otra vez con su pulgar derecho, casi que acostado en el sofá del lobby del hotel Suites Continental, Luis Gerardo Castillo espera que pase el tiempo y llegue el momento del combate que lo acercará más a su anhelo de toda la vida: un título mundial de boxeo.

El pugilista mexicano, de 25 años de edad, se encuentra en Barranquilla desde el martes anterior para enfrentar a Yoel Finol, venezolano radicado en la ciudad, por el cinturón supermosca Fedebol avalado por la Asociación Mundial de Boxeo (AMB), en la pelea estelar de la velada organizada por Alberto Agámez Producciones, que se disputará este sábado en la discoteca Kilymandiaro, en las playas de Pradomar.

No oye ni habla. Pero siente, vive y disfruta el boxeo como ninguno. Gracias a este deporte, Luis Gerardo enderezó un rumbo que lo estaba dejando a la deriva, en un mar de impotencia y frustración.

Adalberto ‘el Condor’ Sánchez se comunica con Luis Gerardo Castillo a través de señas, gestos y ademanes. Se comprenden mutuamente dentro y fuera del ring. Orlando Amador

Nació en un humilde y adverso hogar de Jiquipilco, municipio del estado de México, ubicado al noroeste del Valle de Toluca, con una discapacidad auditiva que solo le permite comunicarse a través de gestos, señas, ademanes y stickers de celular.

Luis Gerardo creció sin el amparo de sus padres. Su madre falleció cuando él era un pequeño y su papá se marchó con otra mujer. Junto a su abuelita materna, en un modesto cuarto, libró las más duras batallas para sobrevivir.

Poco a poco, con las escasas ganancias por lanzar y recibir puños, ha ido ampliando su morada, que por estos días se encuentra inundada por una fuerte tormenta que desbordó un arroyo y dejó sus cosas y preocupaciones a flote.

“Le mandaron un video con todas las cosas de la casa en el agua y eso le bajó el ánimo”, cuenta Adalberto Sánchez, su entrenador, apoderado e intérprete.

La comunicación

‘El Condor’ Sánchez, como mejor conocen en el ambiente boxístico mexicano a este expúgil aficionado, es quien más se relaciona y más entiende a Luis Gerardo Castillo.

Sus precarias condiciones económicas, sociales, afectivas y educativas no le han facilitado el aprendizaje de la lengua de signos y todo su alfabeto de manos, que es el sistema universal con el que se comunica la comunidad sorda que contó con una formación apropiada. Pero Sánchez lo comprende y Luis Gerardo a él.

“Viene de una situación familiar muy difícil. Las ganas de trabajar y de querer surgir del chavo, me obligaron a buscar formas de comunicación. Me generaba desesperación el no poderme hacer entender. Era mutuo el desespero porque él no me entendía tampoco. Entonces ideamos nuestras propias señas y ya nos comprendemos. Quizá la gente se preguntará: ¿qué le está diciendo? Pero nos entendemos”.

En el cuadrilátero la cosa es más compleja. Durante sus primeros pleitos amateurs, se quedaba mirando al ‘Condor’ Sánchez tratando de descifrar lo que le quería decir y se descuidaba ante su oponente, pero con el paso del tiempo han ido afinando y ya tienen unos códigos secretos para comunicarse.

Hay uno en especial que alerta sobre el típico campanazo que marca el comienzo y final de cada round. Obviamente Luis Gerardo no lo puede escuchar y tiene que estar atento a la luz roja que se enciende en los escenarios cuando concluye un episodio.

Adalberto ‘el Condor’ Sánchez se comunica con Luis Gerardo Castillo a través de señas, gestos y ademanes. Se comprenden mutuamente dentro y fuera del ring. Orlando Amador

“Yo también lo alerto de que quedan 10 segundos tocando la cuerda de arriba. Ahí él se aleja un poco y espera el final. Yo quisiera que terminara los rounds tirando golpes, pero no queremos que suene la campana y lance un golpe cuando su rival ya paró. Eso solo sucedió una vez e inmediatamente abrazó a su adversario para que supiera que no había sido a propósito”, explicó Sánchez.

“Cuando toco la segunda cuerda es otra indicación, si toco la tercera, otra. No les puedo decir qué significa porque hace parte de la estrategia”, añade.

Guillermo Simonds, médico que ya suma 23 años en el mundo del boxeo, dice que es la primera vez que se encuentra con un boxeador con discapacidad auditiva y de habla. Ayer, después de practicarle los exámenes de rigor, le dijo a EL HERALDO: “Su condición no es impedimento para practicar este deporte, es más, creo que hasta se concentra más sin escuchar a tanta gente gritando: ‘haz esto, haz aquello’”.

Al respecto, su entrenador tiene una jocosa anécdota. “Mis amigos me molestan y me dicen: el éxito de tu peleador es que no escucha la tarugadas que le dices (risas). Eso me molesta porque sé que no es así, yo quisiera que escuchara aunque oyera mil voces. Así nos entenderíamos más”.

Comienzo en el boxeo

En busca de oportunidades para tratar de salir de la miseria y darle pelea a la vida, Luis Gerardo olfateó que debía seguirles los pasos a unos primos que practicaban la disciplina de las narices chatas. 

“No le resultaba fácil conseguir trabajo. No le entendían. Se sentía marginado, que no encajaba, que no tenía opción de vida. Se fue a Ciudad de México y allá una gente se estaba aprovechando de él, lo ponían a robar y lo explotaban. Él se dio cuenta que eso no estaba bien y, como pudo, se escapó de regreso a su pueblo. Ver a los primos con las vendas puestas le llamó la atención y les comunicó que quería entrenar con ellos”, cuenta Sánchez. 

A diario empezó a acudir al gimnasio de su pueblo y procuró aprender los movimientos, rutinas y todos los secretos posibles de los desafíos en el ring. No fue sencillo al principio y lo trataban con una lástima totalmente negativa y excluyente.

Como lamentablemente suele ocurrir muchas veces en otras actividades con quienes tienen algún tipo de discapacidad, pensaban que Luis Gerardo no era una persona normal y capaz de incursionar en el boxeo.

La inclusión corrió por cuenta del ‘Cóndor’. “Yo veía que mi compañero entrenador no le ponía la atención debida y le dije: ‘ya van varios días que veo al chavo y no sabe qué hacer’. Y me responde: ‘es que es sordomudo, él no va a boxear’. Le dije: ‘sabes qué, con más razón le pones atención, es más, déjamelo’”.

Adalberto ‘el Condor’ Sánchez se comunica con Luis Gerardo Castillo a través de señas, gestos y ademanes. Se comprenden mutuamente dentro y fuera del ring. Orlando Amador

Luz para ‘la Sombra’

“Desde ahí empezamos y no nos hemos soltado de la mano. Ya llevamos más de 10 años juntos. Notamos que su disciplina y sus ganas lo iban a sacar adelante”, agregó.

‘La Sombra’, como lo apodaron porque estaba temeroso y no se le despegó a Adalberto Sánchez durante su primer viaje en avión, vio la luz al subirse a los ensogados. 

En el gimnasio de Jiquipilco, municipio que se encuentra a más de 2.600 metros sobre el nivel del mar, muchos boxeadores aztecas campeones del mundo han ido a prepararse y Luis Gerardo ha tenido la oportunidad de servirles de sparring, lo cual le ha servido bastante a él para crecer deportivamente. 

“Los campeones le hacen regalos, guantes, caretas, implementos”, dice Sánchez, que se comunica bastante con su pupilo a través del WhatsApp.

Con esa aplicación de mensajería, Castillo envía algunas palabras que ha aprendido y los stickers que ilustran lo que ha estado comiendo, los ejercicios que ha desarrollado, lo que necesita y cualquier cosa que quiera comunicar.

Luis Gerardo, que suma 30 peleas profesionales, 28 victorias (18 por nocaut) y dos derrotas, estuvo atento al diálogo entre EL HERALDO y Sánchez desde el sofá del lobby del hotel. Dejó de lado su celular y abrió bien los ojos para interpretar lo que se hablaba. En un momento se acercó y con una señal dejó claro cuál es su sueño en la vida. Se pasó la mano por la cintura: un fajón de campeón mundial.

‘El Condor’ Sánchez muestra los stickers que le envía su pupilo para avisarle lo que quiere comer. Orlando Amador
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