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En el bautizo de nada menos que un estadio influye definitivamente el nombre que se le ponga de primera mano, que luego el que se le ponga a continuación cuesta 'Dios y la lucha' –como se decía antes– que ese nombre venga a borrar el que inicialmente se le puso. Esto sucedió con nuestro accidentado estadio, que peor hecho no pudo haber estado, pero este es un tema muy aparte. Lo que cuenta para esta crónica de hoy el ampuloso nombre que 4 ‘bichos verdes’ se adelantaron a ponerle al estadio barranquillero por la libre, porque nadie los autorizó para ello.

A pesar de tan decisiva delantera que vino a quebrantar una trayectoria más barranquillera que las Bocas de Ceniza (ya se había rebautizado el estadio de la calle 72 con el nombre preclaro de Romelio Martínez y un poco antes se rebautizó el estadio beisbolero con el nombre inolvidable de Tomás Arrieta y ya hasta se había acordado el nombre del coliseo cuando todavía estaba en construcción, con el nombre de un atleta extraordinario que le había dado al Atlántico 14 medallas de oro, como lo hizo Humberto Perea), los ñeros de verdad-verdad acordamos el nombre de Roberto Meléndez, que sólo en un país que vive de espaldas a las proezas deportivas, puede preguntarse 'quién fue Roberto Meléndez', autor en 25 años de futbolista de 508 goles, que no los ha tenido nadie en Colombia.

En materia de bautizo de estadios en Barranquilla se adoptó la mediocre ventolera de ponerles ‘municipal’. ¿Y ‘municipal’ es nombre, querido cretinito? A duras penas indica propiedad y nada más. Pues ‘municipal’ era el hoy Romelio Martínez y ya hasta le habían puesto placa al Tomás Arrieta –primer pelotero colombiano que salió al exterior a jugar béisbol–. Ya unos pocos habíamos matado la ‘municipalización’ enfermiza, cuando nos cayó el metropolitarismo chancletero que nos adorna. Todos los locutores cachacones que llegaron a Barranquilla para el partido con Chile, no mencionaron una sola vez el nombre de Roberto Meléndez. No les gusta. Pero, ¿qué no les gusta? Que Barranquilla y Colombia no hayan tenido lo que Barranquilla sí tuvo.

Y eso que la iniciativa nuestra de bautizar estadios con nombres de deportistas ilustres ha sido copiado en distintos puntos del país, sino que ya traspasó la frontera nacional. Es lo menos que se puede hacer con quienes tantas emociones colectivas supieron arrancar como deportistas de élite.

Hasta en Cartagena dijeron 'ya está' con tanto 11 de noviembre y tanto Blas de Lezo, que próceres los hay en todos los tiempos y rebautizaron su estadio con el nombre de Jaime Morón.

Ahí queda eso.

Por Chelo de Castro C.