El Heraldo
La escritora barranquillera Fadir Delgado se encuentra radicada en Costa Rica.
Cultura

“En la escritura uno se desdobla, hay un hermafroditismo”

Con su libro ‘La temperatura exacta del miedo’, la escritora barranquillera ganó el Premio Internacional de Poesía Tiflos de España en su versión 34.

Este año el Premio Internacional de Poesía Tiflos de España quedó en manos, o mejor, en las letras de una barranquillera. Fadir Delgado triunfó en la versión 34 del certamen con su libro La temperatura exacta del miedo, que aún no ha sido publicado, frente a más de 1.500 textos enviados desde Europa y Latinoamérica.

Como lo expresó el jurado, su trabajo, “de una intensidad extraordinaria, que produce un deslumbramiento también extraordinario, no es una obra agradable, de temática dulce, suave, sino que te golpea y te llega a producir un angor pectoris (angina de pecho) literalmente. Tiene una impresionante fuerza expresiva”.

La autora de La Casa de Hierro, El último gesto del pez, Lo que diga está lleno de polvo y No es el agua que hierve, entre otros, partió hace un poco más de dos años a Costa Rica, donde se casó con el también poeta Carlos Villalobos y tuvo a su hijo Fausto. Básicamente esa experiencia fue la pulpa de donde exprimió el jugo que le dio forma a su nuevo libro. Desde el país centroamericano Fadir habló con EL HERALDO y aquí reproducimos apartes de esa conversación.

Fadir con su esposo Carlos Villalobos y su hijo Fausto.
P.

¿Cuál es la temática de ‘La temperatura exacta del miedo’?

R.

Es un libro donde lo macabro y lo tierno dialogan mucho. Hace parte de una especie de trilogía poética donde el universo de la existencia y de lo femenino tiene una voz muy fuerte. Sin duda, mi experiencia de la maternidad ha influenciado mucho lo que vengo escribiendo.

P.

¿A qué se refiere con la temperatura exacta del miedo?

R.

Para mí es un libro que parte mucho de la visión de ese miedo del que no hablamos muchas mujeres en la etapa de la maternidad. Lo que hice con el título fue abordar un poco todos esos miedos que llegan a la mujer en esa etapa, es lo que vengo trabajando, tengo varios libros alrededor del tema que también están inéditos. Cuando uno está en ese estado de la maternidad, es cuando estás más cerca de esos estados de la vida que es el nacimiento y la muerte. Uno se da cuenta lo frágil que puede ser mantenerse con vida en este mundo, porque un ser tan frágil, como una vida que viene que se está gestando en tu vientre, en cualquier momento puede desistir y no llegar, entonces es ese temor a que las cosas no salgan bien, a que no te sientas bien en tu rol de madre, ese temor a anularte como mujer por ser madre. 

P.

¿Cuántas páginas y poemas tiene el libro, hay alguno que se llame Fausto como su hijo?

R.

No hay ninguno que se llame Fausto, pero desde que él comenzó a gestarse en mi vientre todo lo que escribo ha sido trazado por él. A veces bromeo mucho con mi esposo porque decimos que él va a reclamar derechos de autor porque mucho de lo que estoy escribiendo tiene que ver con sus ocurrencias, pero vistas desde un lado diferente, mezclando esa relación entre lo tierno y lo macabro que me gusta mucho manejar en mi poesía. Por otro lado no tengo el dato exacto, pero el libro tiene alrededor de 30 textos y unas 80 páginas.

P.

¿Esa necesidad de inclusión y empoderamiento de las mujeres lo lleva a su poesía?

R.

Definitivamente sí. Yo estoy tratando últimamente temas que están relacionados con romper esas ideas románticas idealizadas en las que están inmersas muchas mujeres, porque se presume un tipo de comportamiento en determinadas etapas. Por ejemplo, si eres madre tienes que serlo de cierta manera y ¡no! La maternidad es una experiencia que cada mujer vive de manera diferente, no todas las mujeres deben vivirla de la misma manera y no todas las mujeres tienen que vivir esa etapa de la maternidad, a todas no les tiene que interesar eso. Me parece que es un discurso que me permite como mujer intentar aportar un poco en esta lucha de reconocernos como mujeres heroínas, que no me gusta. — Yo trabajo, tengo el bebé, hago todos los oficios de la casa—. No estamos obligadas a asumir todos los roles de la vida y solucionar todo, también podemos decir que no quiero hacer esto, podemos determinar ciertas acciones de nuestra vida y no caer en esa trampa de que somos mujeres maravilla. 

P.

¿Igual pasa en la literatura, en la poesía?

R.

Las mujeres pensamos diferente, por eso hablo mucho de que no existe una literatura femenina como tal porque ni siquiera las mujeres pensamos igual. En la escritura uno se desdobla, hay un hermafroditismo, es decir, uno deja de ser un poco femenino para ser masculino o a la inversa. Hay que desarroparse de esas ideas del sexo e intentar crear una obra estética con dos universos, que es el masculino y el femenino.

P.

¿Desde ‘La Casa de Hierro’, pasando por ‘El último gesto del pez’, que fue traducido al francés, cómo ha mutado su obra?

R.

No ha pasado mucho, nunca pensé que la poesía me diera tanto, yo siempre escribí sin ninguna pretensión, solo escribiendo porque era mi necesidad. Ese primer libro de La Casa de Hierro parte mucho de ese universo íntimo, tiene el sello de esa mística del Caribe, de esas casas antiguas y grandes del Barrio Abajo (...) Yo escribo El último gesto del pez por una experiencia que tuve en Barranquilla cuando vi morir a Luis Meza en un atentado. En su momento era un líder de la Universidad del Atlántico y esa noche cuando a él lo asesinan (26 de agosto del 2000) yo estaba muy cerca y lo vi morir. Relacioné la muerte del pez con la de las personas que mueren violentamente porque alguien decidió que ya no va más. Es como cuando pescamos, ver un pez morir es feo, convulsiona, es la misma forma cómo muere una persona cuando tiene impactos de bala en su humanidad.

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