El arte se sigue apoderando de Barranquilla. Este jueves, a partir de las 6:00 p. m., el artista Arlington Suárez presenta en la Galería de La Aduana su exposición individual ‘Fósiles de mi Memoria’.
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La muestra artística, que consta de 11 obras realizadas por el oriundo de Palmar de Varela, Atlántico, estará disponible para ser visitada hasta el 31 de marzo.
En ‘Fósiles de mi Memoria’, Arlington Suárez despliega un cuerpo de obra que no busca ilustrar el pasado, sino excavar en él. La memoria, en su propuesta pictórica es estructura, es símbolo, es una arquitectura viva que resiste la erosión del tiempo. En ese sentido, esta exposición es el resultado de un proceso pictórico profundamente elaborado, donde forma, ritmo y símbolo convergen en un lenguaje visual inconfundible.
“Este proyecto lo vengo desarrollando, fortaleciéndolo hace un año y medio en donde yo no pinto sino dibujo imágenes que han quedado petrificadas en mi mente. Es un proyecto que me preocupa más que todo Plasmo lo que me preocupa de la naturaleza, lo que está en vía de extinción. Los invito para que asistan e interactúen con cada una de mis obras”, dijo el artista en conversación con EL HERALDO.
El palmarino ha desarrollado en esta exposición una gramática visual rigurosa, cercana a lo orgánico, donde las líneas no narran, sino que tensionan, y los planos no describen, sino que condensan. Es por ello que las obras no se ofrecen como ventanas, sino como superficies densas, donde los elementos —curvos, estratificados, ensamblados— sugieren lo fósil no como lo muerto, sino como lo latente., como los restos que aún vibran.

A contracorriente de la inmediatez que marca gran parte del arte contemporáneo, Arlington Suárez trabaja con un tiempo distinto y es el de la maduración lenta, el de la pintura como forma de pensamiento. Su imaginario no se alimenta de la coyuntura, sino de una conciencia visual elaborada con pulso sostenido. Cada obra es una construcción minuciosa donde el color, lejos de ser decorativo, se convierte en detonador de sentido.
En estas piezas no hay narrativas lineales ni claves evidentes. Lo que hay es una simbología construida a través del ritmo interno de las formas: segmentos que se fragmentan, se repiten, se dislocan, formando estructuras que recuerdan al hueso, al tejido vegetal, al mapa, al vestigio. Suárez no representa la naturaleza, la codifica. Extrae de ella su sistema nervioso y lo reconfigura en el plano pictórico.
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Con obras que oscilan entre el metro y el metro setenta, ‘Fósiles de mi Memoria’ está concebida como una experiencia visual inmersiva. Su lenguaje formal es sólido, su contenido simbólico es coherente, y su desarrollo técnico, consistente en toda la serie.
La propuesta está lista para ser presentada en galerías, museos o centros de arte contemporáneo que apuesten por proyectos con identidad plástica, profundidad conceptual y carácter autoral.
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