La detención de Nicolás Maduro y posterior traslado a Estados Unidos, donde responderá ante la justicia por delitos relacionados con narcotráfico, ha ocasionado un apenas lógico clima de inestabilidad en materia de gobernabilidad en Miraflores, en Caracas, el centro del poder de Venezuela; sin embargo, las incertidumbres sobre el futuro del vecino país no solo pasan por temas democráticos o migratorios, sino que están relacionadas directamente con afectaciones en materia de seguridad, especialmente en la frontera con Colombia, donde varios grupos criminales operan –en algunos casos- bajo el amparo del régimen chavista.
Las mayores alertas están relacionadas con el Ejército de Liberación Nacional, ELN, el segundo mayor grupo armado de Colombia, después de la banda criminal Clan del Golfo. De acuerdo con informes de inteligencia y observatorios de conflicto, los cabecillas de la guerrilla estarían movilizándose hacia el país, lo que podría ocasionar un nuevo capítulo de conflicto armado a gran escala, como el de principio del año pasado en el Catatumbo.
En este sentido, el investigador de seguridad y conflicto de la FIP, Gerson Arias, asegura que al menos “el 60 % de la estructura armada del ELN está sobre la frontera, es decir que está del lado colombiano y del lado venezolano”.
En cuanto al Comando Central y la Dirección Nacional, que son el mando estratégico, político y militar de esa guerrilla, está conformado por unas 23 personas, de las cuales “el 70 % está en territorio venezolano”, agrega Arias.
Con relación a esto, el centro de pensamiento InSight Crime advirtió que “han surgido versiones” de que, tras lo sucedido el 3 de enero en Caracas, el ELN “estaría trasladando combatientes hacia Colombia por temor a (nuevos) ataques estadounidenses”.
“Hoy el ELN es una organización colombo-venezolana. Mientras en Colombia actúa como grupo guerrillero, en Venezuela ha funcionado como fuerza paramilitar afín al régimen y ha brindado apoyo directo a Maduro”, señaló esa organización en un análisis publicado el lunes.
Por su parte, el investigador Luis Fernando Trejos, de la universidad del Norte, ha explicado que: “Seguramente esas unidades y mandos que estaban en espacios urbanos se vayan a mover hacia las zonas rurales en los estados fronterizos con Colombia, como lo son Táchira, Apure y Amazonas, y por otro lado quizás también se vea interrumpida o pierda algún tipo de intensidad la relación que tienen militares de alto nivel venezolano con esta organización”.
Clima de tensión
Luego de la operación militar ejecutada por Estados Unidos el sábado en territorio venezolano, que derivó en la captura de Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores, el Ejército de Liberación Nacional (ELN) expresó su respaldo a los llamados de altos funcionarios del Gobierno de Venezuela a resistir la intervención extranjera.
El Comando Central de la guerrilla, su máxima instancia de dirección, manifestó en un comunicado que respalda las exhortaciones de autoridades como el ministro de Defensa venezolano, Vladimir Padrino, a enfrentar lo que calificaron como una intervención militar “brutal” y a defender el legado del expresidente Hugo Chávez.
En medio de versiones que indican un eventual retorno de integrantes del ELN desde Venezuela hacia Colombia, el ministro de Defensa colombiano, Pedro Sánchez Suárez, anunció la activación de un plan especial para prevenir posibles acciones armadas en la frontera, ante el riesgo de que la coyuntura sea aprovechada por grupos ilegales.
Como parte de esta estrategia, el Gobierno dispuso el despliegue de 30.000 soldados a lo largo de los 2.219 kilómetros de frontera con Venezuela, con énfasis en el Catatumbo, una de las zonas donde históricamente la guerrilla ha tenido mayor presencia.
En esa misma línea, el senador Ariel Ávila —director de la Fundación Ideas para la Paz (FIP)— señaló que la organización ha recibido información según la cual el ELN tenía conocimiento previo de que un ataque de estas características podía ocurrir. Esto habría provocado movimientos atípicos de personas a través de pasos ilegales, particularmente en el Catatumbo.
“En la hipótesis de que Trump ataque a Venezuela, tendremos que ver cómo respondemos, pero no solo seremos nosotros. [Será] toda América Latina porque estoy seguro de que habrá mucha, mucha gente que tomará un arma y luchará porque es demasiado. El hecho de que Estados Unidos pueda pisotear a la gente sin respetar su autodeterminación tiene que terminar”, aseguró alias Ricardo, un comandante del ELN en la zona fronteriza del Catatumbo, en una entrevista con Al Jazeera.
La tensión ha aumentado en los últimos días luego de que Néstor Gregorio Vera, conocido como alias Iván Mordisco y señalado como el criminal más buscado del país, reapareció este jueves con un llamado a la unidad armada. El jefe del Estado Mayor Central (EMC), la principal disidencia de las antiguas FARC, propuso una alianza con el Ejército de Liberación Nacional (ELN) tras la operación militar de Estados Unidos en Venezuela que culminó con la captura del presidente Nicolás Maduro.
En un video difundido en redes sociales, Iván Mordisco convocó a lo que denominó una “cumbre de comandantes insurgentes” de Colombia y de otros países de América Latina, con el objetivo de rechazar las intervenciones militares extranjeras y lo que calificó como expresiones de dominación imperial.
“Los llamamos, con urgencia histórica, a encontrarnos como insurgencias de Nuestra América. Basta de intervenciones militares y de agresiones imperialistas”, afirmó el cabecilla guerrillero en su mensaje.
En su pronunciamiento, extendió la invitación a los comandantes de la Segunda Marquetalia y de la Coordinadora Nacional Ejército Bolivariano (CNEB), otras estructuras disidentes, así como al ELN, que mantiene fuerte presencia en la frontera colombo-venezolana.
Iván Mordisco insistió en que las organizaciones armadas no son fuerzas aisladas, sino herederas de una misma causa histórica, y planteó la necesidad de conformar un “gran bloque insurgente” para enfrentar lo que describió como amenazas comunes contra la llamada “patria grande”.
Reconoció que existen diferencias heredadas del pasado entre estas organizaciones, pero sostuvo que el escenario actual los enfrenta a un mismo adversario. “Hoy la sombra del intervencionismo se cierne sobre todos por igual”, señaló, al tiempo que pidió dejar de lado los desacuerdos internos para construir una trinchera común.




















