El Heraldo
Una mujer barre la puerta en una casa enrejada de techo a piso en un sector del barrio Universal, en la localidad Suroriente.
Mery Granados
Barranquilla

Vivir enrejados hasta el techo

En algunos sectores hay casas con rejas que van del techo al piso. Según cifras de la Policía Nacional, son 10 los barrios en Barranquilla con mayor incidencia de hurtos.

En barrios como Universal, El Limón y el Bosque, en Barranquilla; Las Moras y Los Robles, en Soledad, son pocas las viviendas que no tienen rejas. La mayoría de las casas decidieron encerrar las terrazas. Nury de Calderón, habitante del sur oriente de la ciudad, dice que la inseguridad los obligó a seguir el ejemplo de sus vecinos.

Hoy las rejas son usadas de techo a piso. Antes, solo era en puertas o ventanas,  y las revistas de construcción promocionaban los cerramientos como piezas decorativas, con el argumento de que las rejas le otorgan un valor estético a la propiedad.

El sociólogo Óscar Jiménez, el arquitecto urbanista, Luis Sánchez y el filósofo y doctor en relaciones internacionales Gabriel Orozco coinciden en que el tema de seguridad es la principal preocupación de la mayoría de los ciudadanos que anteponen la seguridad a la “libertad”.

Y es que Nury de Calderón asegura que les toca vivir “tras las rejas”, como si estuvieran privados de la libertad, pues los robos en su sector son frecuentes.

“Hombres en motos pasan  y roban los celulares. Y si hay alguna reunión en la puerta llegan y le quitan las pertenecías a todos”, relata esta habitante de la localidad suroriente.

Jairo Rey, otro habitante del suroriente, afirma que aún se sienta en una mecedora en la puerta de su casa, pero es consciente de que “corre peligro”, porque los atracos son constantes. La situación es tan complicada que “bloquearon” un callejón para evitar la presencia de los “amigos de lo ajeno”.

Rey sostiene que tienen unas alarmas en el barrio, con las cuales se defienden.

Maryelis Pizarro, habitante de Las Moras, en Soledad, dice que se han registrado casos en donde los delincuentes “encañonan por las rejas a algún niño” para obligar a los que estén en casa a que entreguen los celulares. “Cuando la moto se devuelve, uno se imagina enseguida que es un atraco”.

En opinión del sociólogo Óscar Jiménez González, el tema de la seguridad pasó de ser un tema de la agenda global —en particular desde el 11 de septiembre de 2001 (atentado contra las Torres Gemelas)— a “la principal preocupación cotidiana de la mayoría de los ciudadanos en la mitad del planeta”.

Asegura que hoy todo el mundo antepone la seguridad a la libertad. “Esto ha llevado a que se cree un mercado de la seguridad (que no es otra cosa que la privatización de la seguridad). Se puede decir que esto ha llevado a la aparición de formas diferentes de vivir la experiencia de lo público, es decir, de vivir la ciudad”.

Según Jiménez, en los últimos 30 años venimos asistiendo a la aparición de un nuevo urbanismo, de una nueva arquitectura: al urbanismo del miedo, a “la arquitectura del miedo”.

“Como dice Teresa Pires do Rio Caldeira, en el libro Ciudad de muros, asistimos a la construcción de los enclaves fortificados, se levantan muros, se crea un nuevo orden privado”.

Agrega que “el miedo también tiene que ser rentable, se hace rentable. Las rejas no se cuestionan, el encierro no se cuestiona. En las revistas de las firmas constructoras se habla de la estética de las rejas. Las rejas son bellas, dicen. Las rejas se unen al diseño. Nació la estética del miedo”, puntualiza.

Para el arquitecto Luis Ernesto Sánchez Bonett, independientemente del espacio que exista entre el norte y el sur de la ciudad, la inseguridad en la ciudadanía se ve representada en los diversos miedos colectivos, por lo que se construyen muros físicos y simbólicos que separan los unos de los otros, construyendo aislamiento, exclusión y separación del espacio urbano.

Para el filósofo y analista Gabriel Orozco Restrepo, en Colombia varios factores han incidido en el aumento de la percepción de inseguridad, si bien ha habido una tendencia decreciente desde los últimos 10 años en las tasas de homicidios, lo cierto es que los delitos conexos como hurto calificado agravado o daño en bien ajeno, junto con aumento significativo de lesiones personales, han empeorado la situación de percepción, lo que debilita los esfuerzos de las autoridades por generar un ambiente de convivencia y paz. 

Al referirse a los espacios propios de las casas que tienen rejas de techo a piso, el experto dice que no hay ninguna norma que regule su uso, ya que eso hace parte del espacio privado contemplado dentro del predio o inmueble de cada propietario; sin embargo, las autoridades están procediendo con una cierta laxitud dado que no pueden atender oportunamente todos los casos y esto podría minimizar el impacto de la inseguridad en la ciudad.

Frente al escenario político que se avecina en las elecciones locales para alcaldes, gobernadores y concejales, cree que es necesario que se priorice la preocupación ciudadana por la inseguridad, que haya un aumento significativo de los cuerpos de seguridad, tanto de la policía como de cooperantes y redes de veeduría ciudadana; que aumente el sistema de vigilancia con mayor tecnología y que la inteligencia estratégica de los cuerpos de seguridad juegue un rol clave en la detención y prevención del delito.

“Es necesario ampliar los centros de reclusión y dar más recurso a los jueces para que, en el marco de la ley, puedan descongestionar los procesos y agilizar el sistema penal acusatorio. Solo con una política integral de seguridad es que se podrá volver a vivir en ese ambiente afable, entrañable y tranquilo que ha caracterizado a Barranquilla”.

Los 10 barrios con mayor incidencia de hurtos en Barranquilla durante el primer semestre (comparativo  enero-junio 2018-2019), según el reporte de la Policía Nacional grupo Grici Mebar son: Paraíso, Boston, Ciudadela 20 de Julio, Ciudad Jardín, San José, Villa Santos, Las Estrellas, El Tabor, Campo Alegre (Ver recuadro). En el caso de Soledad, el año pasado en Las Moras se registraron 167 hurtos (automotores, comercio, personas, a residencias y motocicletas) y 50 en lo que va de 2019; mientras que en Los Robles, 116 en 2018 y 39 en 2019.

En búsqueda de seguridad

Barranquilla por su posición geográfica, su clima tropical y la tradición de su cultura se ha caracterizado por la convivencia cordial, la sana tertulia en los portones de las casas o lo que comúnmente se llama el encuentro de bordillo que concita al encuentro casual y trato entre vecinos como iguales en un ambiente de confianza y amistad. Si bien estas escenas han sido típicas de una ciudad que ha tenido el mayor crecimiento urbanístico y económico del Caribe Colombiano en los últimos 10 años, también es cierto que esto ha venido aparejado de una serie de fenómenos que se consideraban aislados o de unos sectores específicos y que cada vez se dispersan por toda la ciudad. Cifras de más de 300 asesinatos en 2018 o el aumento significativo del hurto han llevado a comunidades a buscar una solución permanente que les permita poner freno a los factores de vulnerabilidad que los pueden hacer presa de la criminalidad.
En este sentido localidades en Barrios han buscado encerramientos con rejas que cubren desde el techo hasta el piso tomando inclusive espacios públicos que están destinados al libre tránsito y hacen parte del uso común de todos los ciudadanos. Inclusive algunas localidades han establecido una especie de portería que no cuenta con ningún aval o permiso público para establecerlo. Esta situación ha sido propia de ciudades que tienen niveles altos de delincuencia y criminalidad, en donde buscan una solución particular para disminuir los índices o percepción de inseguridad.

Gabriel Orozco, director del Doctorado en sociedad y cultura caribe de la Universidad Simón Bolívar y profesor investigador de la Universidad Autónoma del Caribe.

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