La escena es recurrente en los semáforos y andenes de diferentes sectores de la ciudad, pero aún más en el norte: mujeres con niños en brazos, o tomados de la mano, mientras ellas abordan a transeúntes o serpentean en medio de vehículos en cada cambio de luz roja a verde, ofreciendo lo que tienen para vender, que por lo general son dulces.
La mayoría de esas mamás que trabajan con sus niños en plena vía pública coinciden en que recurren a salir con ellos porque no tienen 'con quién dejarlos' en casa. Otras dicen que es mejor tenerlos 'bajo la propia supervisión' de ellos.
Pero otras más admiten que si trabajan con sus hijos a cuestas pueden obtener más ganancias, porque 'si ven que estoy con un niño, la gente se conduele más'. Así lo admitió una venezolana de 20 años que diariamente recorre la calle 72, donde vende dulces con su hijo de dos años en brazos.
Esta práctica, si bien no es un delito, sí atenta contra el niño en la medida en que vulnera su derecho a la integridad personal, los priva de tener una infancia, los puede llegar a afectar física y emocionalmente, y los expone a la mendicidad y a toda suerte de riesgos y abusos en la calle.
El padre que incurre en esta práctica inicialmente recibe acompañamiento del Icbf y ayuda sicológica, pero si reincide en ellos puede llegar a perder la custodia de sus hijos, asegura un funcionario de esa entidad.
Su mejor ayudante
Una mujer que no quiso dar su nombre y cuyo hijo de 9 años suele acompañarla en la entrada del Portal del Prado, dice que se lo lleva a trabajar –de 9 a.m. a 5 p.m.– porque ya está próximo a retomar el colegio. 'Le dije que tenemos que darle fuerte (al trabajo), porque tenemos que hacer la plata para comprar uniformes, hay que comprar útiles y todas esas cosas', cuenta.
Además, considera que su hijo es su 'mejor ayudante' porque gracias a su 'carisma' ella puede vender más. 'Lo traigo a trabajar porque logra convencer a la gente, porque es un niño. Ayer le pedí a una señora que me ayudara con cualquier moneda y no quiso, pero luego el niño le pidió y a el sí le dio unas monedas'.
Quienes usan a sus hijos para vender dulces o cualquier producto en la calle son conscientes de que están cometiendo un error. Por lo que cuentan, hay personas que se les acercan para advertirles 'el Bienestar Familiar te puede quitar a tu hija por lo que estás haciendo'.
Pero como dice una joven venezolana que trabaja junto a su hija en la calle 84, 'no confío en que nadie me cuide a la niña. Me da miedo porque se han visto tantos casos...'.
'¡No los regalo!'
'¡Cómo se les ocurre que vamos a vender a los niños!', dijo Yudismar Bracho cuando contaba que se le acercan personas que le ofrecen 'comprarle' o que les piden 'regalados' a sus hermanitos, de 5 y 2 años de edad, en el punto donde se ubica con ellos y su papá a vender dulces, sobre la carrera 46 con calle 54.
Yudismar llegó desde el pasado 9 de enero a Barranquilla desde Apure, en Venezuela. Al igual que millares de sus compatriotas, ella dice que salió de su país huyendo a la crisis por la que atraviesa desde hace algunos años.
Vino a Barranquilla motivada por su papá, porque asegura que por más que trabaje en Venezuela, lo que gana no le alcanza para suplir las necesidades básicas ni para comprar comida.
'Mi papá me dijo que en Barranquilla se puede hacer lo justo para comer y para el arriendo. En Venezuela no hay para darle de comer a los niños', contó la joven de 22 años.
Cuenta que en los primeros días en Barranquilla subía a los buses de servicio público a vender los dulces, 'pero me daba pena porque no estoy acostumbrada'.
Acerca del trabajo diario con su papá en ese sitio, dice que junto a su papá y su madrastra acaparan las calles. 'Yo me pongo en esta esquina y él en la otra acera. Como buscamos trabajo y no nos dan, la única forma de ganarnos la vida, pagar arriendo y alimentar a mis hermanitos pequeños es vendiendo caramelos en las calles'.
Según Yudismar, en días buenos pueden ganarse $20 mil o $30 mil. Una sola vez obtuvo $50 mil. 'Por lo menos, ahorita mira lo que llevo', dijo, señalando unas cuantas monedas que guardaba dentro del paquete de dulces que vende en el semáforo.
Cifras sobre trabajo infantil
De acuerdo con la información reportada por el Dane, a través de la Gran Encuesta Integrada de Hogares (GEIH), en el último trimestre de 2017 la tasa de Trabajo Infantil nacional para el cuarto trimestre fue de 7,3%, es decir, que en ese momento había 796 mil niñas, niños y adolescentes trabajando, la más baja de los últimos seis años. Para el caso de Barranquilla y Soledad, la tasa de trabajo infantil fue de 1,9%, frente a una tasa del 2,1% para el 2016.
En el 2018, el Icbf realizó 122 jornadas en el departamento del Atlántico. 114 menores de edad ingresaron al proceso de restablecimiento de derechos por trabajo infantil, en la modalidad de apoyo y fortalecimiento a la familia.
La historia de Maryluz
En un paradero de bus afuera del Romelio Martínez, sobre la 72 entre carreras 44 y 46, estaba Maryluz, de 21 años, quien vive en el barrio La Bendición de Dios. Llevaba a sus dos hijos, uno de 5 años y uno de 4 meses de nacido, quien en ese momento estaba dormido en sus brazos.
Maryluz dice que vende dulces en las calles para ayudar con los gastos en su casa, donde vive con su mamá y sus dos hijos. Junto a estos, la jornada en la calle se inicia a las 10 de la mañana hasta las 5 de la tarde, cuando regresa a su casa con lo producido en el día.
Para ella, el trabajo diario se hace difícil. 'Es que también me toca estar pendiente de mis hijos'. Cuenta que hay días en los que no logra recaudar mucho dinero. Afortunadamente, señala, el papá de los niños le ayuda a cubrir los gastos que tiene.
'En días buenos me hago hasta 20 mil'. Y admite que hay personas que si bien no aceptan los dulces que ella ofrece, al final terminan regalándoles algunas monedas.
Por los niños
La Secretaría de Gestión Social y la Primera Dama de Barranquilla, Katia Nule, lideran el programa ‘Trabajando por los niños’, con el que mensualmente realizan operativos en todas las localidades de la ciudad con el fin de encontrar niños en riesgo o que ejerzan algún tipo de trabajo en las calles.
Representantes del programa hacen visita domiciliaria y evalúan si los padres son garantes o no de tenerlos en sus casas.
En el mes de diciembre, fueron rescatados 12 niños a los que les restablecieron sus derechos y diariamente son dirigidos al Internado Víctor Tamayo, donde participan en actividades culturales y deportivas en la mañana, y en la tarde van al colegio.
Hasta hoy son 133 niños los que acuden al internado diariamente, mientras que 98 viven allí porque sus padres no han demostrado que pueden cumplir con sus responsabilidades ni les garantizan una niñez y una vida de calidad.
El Icbf dice que aún no ha establecido sanciones a los padres, 'porque prima el restablecimiento de los derechos de los menores de edad'. Sin embargo, cuando la entidad ve que los padres no están en la capacidad de tener a sus hijos bajo su cuidado, estos quedan a disposición de la entidad, 'que garantiza que los menores de edad tengan una niñez digna', asegura la institución.




















