Que dos aerolíneas –Wingo y Latam– hayan decidido abrir igual número de rutas en Barranquilla, con destino a Aruba y San Andrés, además de la variedad de trayectos que también ha venido impulsando Satena desde la capital del Atlántico a varios destinos de la región y del país, hablan de la importancia estratégica que tiene la ciudad en el Caribe colombiano y en el Gran Caribe en general.

Es que la Puerta de Oro de Colombia, con el empuje, crecimiento e inversión pública y privada que ha explotado en los últimos años, se ubica en el mapa turístico nacional e internacional como un destino apetecido para visitar, para eventos, congresos, negocios y, por supuesto, para procedimientos médicos de calidad y competitivos.

La visión con la que se ha administrado la ciudad y las políticas de largo plazo implementadas y sostenidas, desarrollando una oferta integral, variada, pero con enfoque en sus riquezas naturales y culturales, han contribuido a cosechar la importante cifra de 3.600.000 pasajeros que cada año se mueven por el aeropuerto Ernesto Cortissoz que sirve a esta capital.

El terminal aéreo dispone en la actualidad de 189 frecuencias de vuelo semanales hacia 10 destinos nacionales y seis internacionales, que operan 10 aerolíneas. Adicionalmente el de Barranquilla se consolida como el cuarto aeropuerto de Colombia en volumen de carga.

Este crecimiento no ha sido coincidencial ni espontáneo, pues detrás hay un trabajo de articulación e integración entre los sectores público y privado del Distrito que se han empeñado en el desarrollo de una infraestructura alrededor de sus cuerpos de agua y de su naturaleza para ofrecer atractivos a los visitantes que llegan vía vuelos domésticos y extranjeros.

De acuerdo con lo expresado por las compañías que han depositado la confianza en el mercado aéreo de la capital del Atlántico, esta se ha vuelto cada vez más atractiva por su variada oferta, pero también tuvieron en consideración su ubicación como punto clave de conexión con el Caribe colombiano para el resto de capitales costeñas y para el centro y nororiente de la nación.

Todos estos anuncios confirman el buen momento de la ciudad y son, no cabe duda, buenas noticias porque amplían el entusiasmo y las oportunidades de crecimiento en materia económica, de inversión y empleo. No obstante, tenemos como ciudad el reto inmenso de superar los atrasos en la modernización del aeropuerto.

En este punto y finalmente después de tantos ires y venires se están notando avances importantes en los trabajos a cargo de la Aerocivil, por ahora responsable del Ernesto Cortissoz, en tanto que el plan de una iniciativa privada toma forma y cumple con las exigencias de la Agencia Nacional de Infraestructura, como lo informó a EL HERALDO la seccional norte de la Cámara Colombiana de la Infraestructura.

Barranquilla merece un aeropuerto a la altura de sus expectativas, de su realidad que la ubica como una de las ciudades colombianas con mayor crecimiento, potencial y exposición nacional e internacional, sede de grandes congresos y eventos –el más próximo en el plano deportivo con la final de la Copa Sudamericana de la Conmebol en Noviembre– y con grandes ambiciones para mantener ese ritmo de nuevos proyectos y planes.

Por ahora le corresponde a la Aerocivil garantizar las condiciones para que el terminal aéreo responda a las exigencias y a la demanda que está implicando Barranquilla. En tanto que la Administración distrital, como lo ha hecho hasta ahora, no puede bajar la guardia en las gestiones para lograr que esta ciudad pueda contar con una infraestructura aeronáutica que sea capaz de atender su inatajable crecimiento como destino turístico.

No hay vuelta atrás y no se puede descuidar ni un solo detalle de los planes que permitan mantener a la Arenosa en el foco de las inversiones y de los viajeros de Colombia y el mundo. El turismo es una fuente de desarrollo y de ingresos para cualquier capital. No hay que dejarlo caer.