Entre los varios efectos del proceso electoral del pasado 31, el más destacado, claro, fue el contundente triunfo de Abelardo sobre Petro, Cepeda, y sobre todo lo que significa la pléyade de enemigos de la patria. Petro ofició como jefe de campaña, pero le ocurrió lo de quien cae en arenas movedizas: mientras más se movió, peor se hundió. Cual terrorista, amenazó, y lo hizo, con rechazo al resultado, y también con ponerse (¿con la primera línea? al frente del conteo, cosa que a nadie arredró.

Otro efecto positivo fue que, obnubilado por su convicción de líder intergaláctico (no ha establecido que es el peor presidente que ha tenido Colombia) el dictadorzuelo recorrió el país creyendo que su ilegal participación en política aportaría los votos de sus innumerables seguidores, y lo que logró fue despertar el nacional rechazo a su funesta gestión que condujo a que fueran estériles todos los millones que gastaron, toda la burocracia que montaron, y toda la presión armada que aplicaron en los territorios tomados por los malandros.

Otra buena fue que Álex, ¡por fin! revirara fuerte a toda la animadversión que el gobierno desplegó principalmente contra Barranquilla, una riposta que todos esperaban del, ése sí líder, del Atlántico, de Barranquilla, y de todo El Caribe. El efecto negativo fue que, pese a todo, también se desnudó nuestra vocación contravía y masoquista, deprime que no nos parezcamos a los paisas. Absurdo que, después de tanto palo, de tanto desechar los proyectos de El Caribe, Cepeda haya obtenido aquí los votos que obtuvo. Y que el ejemplo de Abelardo de anteponer los principios al interés burocrático no se haya extendido hasta los jefecitos regionales, a quienes después se les dificultará la reversa, y serán señalados.

Petro y Cepeda están muy ardidos por la derrota, y no habrá árnica para mitigar su ardidez. Por ello son hoy más peligrosos. Ya derrotados el 31, para la segunda vuelta harán lo que sea para que Cepeda gane, así sea incendiar el país, armar el caos, asumiendo todos los riesgos internacionales que genere su trampa, porque es mucho lo que se juegan. Ya ‘El Tigre’ los advirtió: ¡Irá por ellos con todo!

Así que no hay lugar a triunfalismos ni a bajar la guardia. Están como fiera herida, pero no de muerte. Atacarán en todos los frentes, harán las trampas que sea, y montarán sin ningún recato (se creen por encima de la ley) el chocorazo que se les ocurra. A estas alturas, cuando el final del gobierno petrista está a la vista, apelarán a lo que sea. El peligro, entonces, sigue vivo.

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