Atlántico

Brisas del río, el barrio donde se ‘respiran’ malos olores

Esta invasión, ubicada entre el barrio El Ferry y el río Magdalena, es una de las zonas más pobres y hacinadas de Barranquilla.

Lo más doloroso de ver a un recién nacido estallar en llanto porque en su cuello un par de larvas ‘nadan’ de manera cíclica en una erupción roja y llena de pus es comprobar que su vecina, otra menor de edad, está ‘cundida’ de puntos rojos en su pecho, que su amiguito se ha ‘descamado’ el tobillo por la incesante picazón y que una raquítica quinceañera, con las hebras de su cabello color amarillo y una panza tiesa e inflamada por la falta de comida, tiene el cuello y parte del rostro lleno de costras –viejas y nuevas– que se destroza todos los días a punta de uña.

La horrenda escena sanitaria no para ahí. Al contrario, es mucho más grave y dramática porque –en general– todos los niños que ahí se encuentran han –y están padeciendo– los males de una infestación parasitaria a causa de la constante cercanía con sus heces fecales, aguas residuales, basuras y el relleno con el que están ‘cimentados’ sus hogares.

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Los padres de los menores les llaman ‘culebrilla’ a este tipo de afecciones. Desconocen que son casos severos de miasis, que todo es producido por los huevos de las moscas y que la única manera de huirle a esta horrenda realidad que lastima, más que todo a sus retoños, es cambiar de barrio. Vivir otra vida. Tener algo que no tienen. Dejar atrás la pobreza. Ser otras personas que hasta ahora no son.

Pero mientras sigan anclados a su mundo lleno de precariedades, sueños rotos y basura, demasiada basura, ellos lo tiene claro para seguir ‘tratando’ los males de los menores. Apelan a los menjurjes caseros, líquidos químicos fuertes y hasta colillas de cigarrillos para, una vez detectado el nido de las larvas o el área afectada por el pus, acabar con el mal aplicando –y lastimando– a los parásitos con fuego y hasta creolina.

La lucha en mención, una desgracia que viven más de 200 personas, está atornillada en la invasión Brisas del Río, otro pedazo de tierra lleno de pobreza extrema que nació entre las ‘costillas’ del barrio El Ferry y el río Magdalena.

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Ahí, desde hace más de cinco años, según versiones de la comunidad, han aterrizado decenas de familias que fueron quebradas por la falta de empleo, la pandemia, parejas migrantes que huyeron de la situación de su país de origen y comunidades extremadamente pobres que hicieron de un basurero su hogar.

Brisas del Río es, según información entregada por la Alcaldía Distrital, uno de los 173 espacios que han sido ocupados ilegalmente en Barranquilla, un fenómeno que ha recrudecido en los últimos años debido a la crisis migratoria. Allí, al igual que en otras invasiones, están revueltas todas las aristas de la pobreza, una problemática en aumento en toda la región Caribe. 

“Esto es una zona que da mucha pena. Aquí pasamos mucha hambre, muchas necesidades, mucho sufrimiento. Esto es feo y todos los días es igual o peor. Cuando uno pasa tantas necesidades a uno le entran cosas malas a la cabeza y hay gente que por la misma necesidad se le da por salir al norte a robar y cosas así. Pero eso ya es otro tema. Lo que más nos da duro es por los niños, porque están expuestos a todo tipo de situaciones malas, sobre todo a enfermedades”, manifestó Ricardo Pedroza.

Tres menores observan el río Magdalena.
Una vida dura

Por un techo y un espacio medianamente decente, al menos para ellos, los habitantes de Brisas del Río pagan 50 mil pesos por cabeza de manera mensual y, a cambio, reciben una casita hecha de tabla que no mide más de cuatro metros cuadrados y que fue construida, en el patio de una vivienda mucho más grande, junto al menos 24 de este tipo de ranchos. Obviamente no tienen acceso al agua, ni a luz, ni a gas, ni a televisión por cable, ni a nada que parezca un servicio básico. El ingreso solo es permitido hasta las 10:30 p. m. 

En ese miniconjunto, al que solo se accede por un callejón oscuro, maloliente y recubierto con láminas de zinc, los niños corren desnudos de un lado a otro, mientras sus padres se la pasan hablando, con los rostros idos y la mirada herida por el cruel presente que viven a diario. Algunos consiguen el sustento vendiendo frutas, reciclando o midiéndosele a cualquier oficio que les dé algo de plata. 

Otros hablan de unirse a la banda delincuencial de moda, de alquilar una moto para robar y de montar un punto de droga. 

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“En Brisas del Río hay necesidades por todos lados. Uno se vino para acá porque es difícil pagar un arriendo y pues tocó. Uno no quisiera vivir en estas condiciones, pero es que no hay mucho que podamos hacer. Lo más duro y que más le duele a uno es la situación de los niños, que padecen muchas enfermedades. También lo maluco es la basura que hay, que todo está feo, que vivimos como quien dice en un basurero. Uno tiene la esperanza de que algún día esto cambie, pero no es que haya mucha fe”, explicó Eduardo, quien reside en Brisas del Río hace un año.

Brisas del Río tiene todas sus calles destapadas. Y todas están encharcadas. Hay desperdicios por todos lados y los invasores le han ganado centímetros al río con rellenos en los patios de sus casas.  Allí la mayoría de las casas son de madera y debido a ese común denominador una parte de la comunidad nombró al barrio como Las Tablitas. Pero el remoquete no gozó de tanto apoyo y cambió por el ya mencionado, dándole un aire “más fino al barrio”, aunque en realidad sea todo lo contrario porque en esta invasión las únicas brisas que soplan son las de los malos olores. Toda una desagradable esencia que está en el aire para sus habitantes, quienes en medio de su exilio tienen una privilegiada vista del río Magdalena y la colosal infraestructura del puente Pumarejo.

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“Queremos salir adelante. Estar en un lugar mejor. Una reubicación. Eso es lo que uno desea”, explicó Mérida Ular.

Una mujer baña a su hijo en un tanque con agua,
Trabajo desde el Distrito

A raíz de esta problemática, la Alcaldía de Barranquilla informó que en la actualidad tiene un plan en ejecución con una variada oferta institucional para solventar las necesidades básicas de esta población. 

Según el Distrito, este fenómeno se presenta –sobre todo– en la ladera sur occidental de la ciudad y, en muchos casos, cuenta con “manos negras” detrás de bambalinas que buscan lucrarse con este tipo de ocupaciones ilegales.

“Una vez se identifica el sector ocupado, nuestra oficina de Pedagogía, acompañada del área técnica, realiza un levantamiento de la información encontrada, identifica el número de mejoras encontradas, el estado de avance de las mismas, y la caracterización de la población que se encuentra en el sector, persiguiendo con ello establecer los derechos y obligaciones que tienen los ocupantes y/o asentados (invasores), quienes una vez censados y caracterizados nos permiten establecer el tratamiento que se les debe brindar. Se realizan acercamientos a la comunidad para el retiro voluntario sobre la base de las ofertas institucionales”, explicó el Distrito.

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Por otro lado, la Alcaldía indicó que esta problemática ha crecido de la mano del fenómeno migratorio actual.

“Parte de la problemática social está enmarcada en el alto grado de ingreso de población irregular a la ciudad. Muchas de ellas obedecen a familias que en su proceso de retorno no cuentan con un lugar en donde residir y optan por asentarse en lugares alejados que les permitan pernoctar sin el pago de expensas como arrendamiento o compra de lotes de terreno. En algunos casos se ha logrado identificar que corresponden a personas que pretenden lucrarse del Estado ocupando determinados sectores de la ciudad. Si se evidencia la mala fe del ocupante se emprenden las acciones policivas para garantizar la protección del espacio publico”, explicaron.

La Alcaldía ha normalizado varios sectores que han comenzado como una invasión. Muchas han sido las familias beneficiadas con el programa de legalización predial, que les permite convertirse en propietarios; pero en el caso de Brisas del Río no hay condiciones para ello. Por eso sus habitantes esperan que en un futuro no muy lejano puedan ser reubicados.

Aspecto de las calles de la invasión Brisas del Río.
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