La situación de Michael Meléndez Garizabalo, de 24 años, se ha convertido en un llamado desesperado por atención médica urgente. El joven permanece en estado crítico en la Clínica del Porvenir, en Soledad, sin acceso a la cirugía que necesita para tratar una hemorragia cerebral que pone en riesgo su vida.
Michael, quien padece insuficiencia renal crónica y recibe diálisis tres veces por semana, ingresó el pasado 27 de abril tras presentar una crisis hipertensiva extrema, con cifras de 286/179. El cuadro desencadenó un accidente cerebrovascular que derivó en una hemorragia intracerebral, agravando su condición.
Actualmente se encuentra en UCI, entubado y bajo pronóstico reservado. Según el reporte médico, requiere con urgencia la intervención de un neurocirujano, especialista con el que no cuenta la clínica donde permanece hospitalizado.
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A pesar de la gravedad del caso, su familia denuncia que no ha sido posible concretar su traslado a un centro de mayor complejidad. Michael está afiliado a Nueva EPS en régimen subsidiado, con portabilidad en el Atlántico, pero —según sus allegados— no han recibido una respuesta efectiva.
“Nos dicen que no hay cama, pero eso no puede ser excusa. La EPS está obligada a garantizar la atención”, expresó uno de sus familiares.
La angustia crece con el paso de las horas. Su hermana, Michelis Meléndez Garizabalo, asegura que la falta de respuestas ha llevado a la familia a una situación límite.
“Está en estado crítico y necesita la operación ya. La clínica envía la remisión, pero no lo aceptan porque la EPS no responde. Nosotros no necesitamos plata, necesitamos una clínica que lo reciba”, manifestó.
Por su parte, su padre, Dency Meléndez Garizabalo, insistió en que se trata de una emergencia vital que no puede seguir esperando.
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“Es una vida humana la que está en juego. Él necesita una clínica de alta complejidad que pueda operarlo. Cada minuto cuenta”, dijo.
La familia también denunció inconsistencias administrativas en el proceso de afiliación, lo que habría complicado aún más la atención del paciente.
“Tenemos todos los papeles, incluso de desplazado, y aun así nadie responde. Solo pedimos que lo operen, que lo atiendan”, agregó su madre, Sugelis Garizabalo Suárez.
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Mientras tanto, Michael continúa en una carrera contra el tiempo. Su familia insiste en que la solución no es económica, sino médica: un traslado inmediato a una institución que cuente con los especialistas necesarios para intervenirlo.
Hoy, su caso pone nuevamente en evidencia las barreras que enfrentan algunos pacientes en el sistema de salud, donde una autorización pendiente puede marcar diferencia entre la vida y la muerte.



















