Compartir:

Recuerdo, Daniella, el día en que nos conocimos, la sencillez, alegría, serenidad y contagiante sonrisa que demostraste con solo darnos la mano. Recuerdo también que desde ese primer día, desde ese primer minuto juntos me miraste y me dijiste: “Gabrie, estoy segura de que voy a ganar”. Hoy gracias a ti me doy cuenta de que el éxito, es la gran diferencia entre la confianza y la convicción. Tú tenías lo segundo.

Fueron muchas tardes juntos, de hecho, hubiera preferido que fueran más. Recuerdo cuando con gran alegría recibiste aquella primera clase donde compartimos algunas técnicas para utilizar mejor la comunicación no verbal y comenzamos a sacar conclusiones de cómo poder explotar tu carisma y don de gente. Recuerdo cómo hablabas, con soltura, con propiedad, recuerdo también cómo íbamos descubriendo poco a poco detalles tan simples de la vida de ambos, e incluso, me di cuenta que yo tenía poco que enseñarte, porque en ti estaba todo lo que se necesitaba. Y creo que hoy lo compruebo.

Recuerdo bien las ‘correndillas’ para poder llegar a tiempo a nuestras citas, por lo diferente de nuestras agendas, así como los respectivos mensajes de texto para aplazarlas así fueran 15 minutos. Los inolvidables vasos de limonada, el atlas de los niños con el que conocimos muchas partes del mundo y el día que llegué a tu casa con un paquete gigante de chocolates y entre risa y rabia me dijiste: “Gabrie, ¿te das cuenta de que todos me mandan dieta y tú te presentas a mi casa con chocolate? Eres colmo… pero bueno, dame uno, jajaja”.

Hoy me piden que escriba de ti Dani, ¿pero qué puede escribir uno en un momento de triunfo donde todos se quieren montar al barco? ¿Qué puede escribir uno que los demás no escriban? Pues la verdad no lo sé, solo sé que me siento muy orgulloso porque creo que entendiste el gran compromiso que estabas adquiriendo, me siento muy orgulloso, porque vi cómo fue tu proceso de entregarte a una causa al principio con lógicos miedos, pero poco a poco desarrollando ese convencimiento del que ya hablé en el primer párrafo. Y sobre todo, Dani, me siento honrado de pertenecer a la familia del comité que te ayudó a formar.

Miro hacia atrás y me da un dejo de nostalgia el hecho que ahora te veré más a menudo, pero será en los medios de comunicación. Aquellas charlas de historia, donde hablábamos de Anna Frank, Pablo Neruda, Nelson Mandela, The Beatles, Albert Einstein, Mahatma Gandhi y tantos otros son parte del pasado porque ahora te has convertido en ‘tesoro nacional’. Imagino que tu vida cambiará tanto que todo lo que uses y hasta lo que no uses, tendrá renombre, estilo y etiqueta. Y no es para menos.

El domingo por la noche con mi esposa, nos tomamos un vino a tu salud. Hoy la vida te sonríe y a mí también, porque repito, es un orgullo tremendo haber sido parte activa de este triunfo. Hoy, dejaste en alto el nombre de nuestro departamento y nos diste una clara, merecida y contundente victoria, no solo en este reinado sino en la historia. Espero, de todo corazón, que sea el principio de grandes cosas, no solo para ti sino para nuestro país, que hace años está buscando una corona universal.

Por si acaso, te recomendaría que a tu próximo asesor, que seguramente será ya con renombre internacional y demás cosas, le digas lo mismo que me dijiste a mí: “Estoy segura de que voy a ganar”. Así, por convicción nuevamente o por simple cábala. Dani, salud por todos, salud por ti.

Por Gabriel Jessurum

fogeo.jpg