Sociedad

Transformación, cultura y sostenibilidad en forma de totumo

Fusionando raíces indígenas y afro, Daneida Ortega trabaja de la mano de otras mujeres para dar a conocer sus productos artesanales.

En el municipio de Soledad, Atlántico, Daneida Ortega es artesana, artista plástica, madre cabeza de hogar y  docente por vocación y profesión.

En compañía de sus padres, hermanos y un hijo han podido salir adelante. Su historia reúne valentía, creatividad y mucho totumo.

Es de Valledupar y  tiene más de 10 años trabajando con esta materia prima. La línea de accesorios y su obra plástica  manejan un mismo concepto en el que se destacan fibras naturales como las semillas, el totumo y el fique.

Correas, alcancías, aretes, collares, diademas, bolsos, candelabros, anillos, cortinas, totumas, cucharas, copas, llaveros y atuendos son algunos de los productos que ella elabora.

“El totumo se puede trabajar de múltiples maneras, es un fruto muy agradecido que se puede moldear y trabajar de la forma que uno quiera, pero yo como artesana también me adapto a la forma y el contexto de él”, explica.

Vivir sus primeros cuatro años de edad en Valledupar le fue suficiente para enamorarse de la naturaleza que la rodeaba. El tener contacto directo con esta corteza vegetal a tan temprana edad hizo que estos elementos hicieran parte de sus obras.

“En la casa lo utilizábamos para hacer elementos de cocina, para jugar. En este momento lo que he hecho es un proceso de transformación del que obtengo mi línea de accesorios y la obra plástica que desarrollo”.

El arte de enseñar

Hace dos años y medio Daneida obtuvo el título de Maestra en Artes Plásticas gracias a un convenio del Ministerio de Cultura y la Universidad del Atlántico. Antes de eso venía desempeñándose como docente en el programa de Casas Distritales de Cultura de la Alcaldía de Barranquilla y su Secretaría de Cultura.

“En ese programa se viene trabajando el totumo, aquí hay personas desplazadas, jóvenes en alto riesgo, madres cabeza de hogar. En este espacio encuentran oxígeno para salir de su entorno y prosperar”.

Resalta la artesana que el respaldo de instituciones como la Gobernación del Atlántico y las  alcaldías de Barranquilla y Soledad han sido fundamentales para llegar a más personas y vincularlas a estos programas que potencializan sus habilidades artísticas.

Cuenta también que una de las experiencias más significativas de su carrera a nivel artístico fue la creación y elaboración de su proyecto de grado ‘Lazos de desarraigo y retorno’. Este está inspirado en el “conflicto armado” que se da en el departamento del Cesar. “Es una obra bastante fuerte. Durante ese proceso tuve nota meritoria por mi trabajo”.

Gracias a esto y en colaboración con la artista plástica soledeña Maybel Brook Yance, Daneida tuvo la oportunidad de mostrar otra de sus obras, A dónde irán los muertos, que refleja la problemática que hay en Colombia por la muerte de líderes sociales. Su creación la expuso en la Primera Bienal de Artes Plásticas en Panamá.

A nivel artesanal la valduparense resalta su primera participación en Totumoda, un desfile que se realiza en Tubará, Atlántico, y que sirve de vitrina para enseñar los accesorios y prendas de vestir que pueden fabricarse con esa corteza vegetal. En esa pasarela obtuvo el primer lugar al presentar su línea de collares inspirados en los trazos y colores de las etnias afro e indígena.

Caribe Ancestral

A través del programa ‘Huella Artesanal’ y las Casas de Cultura, Daneida Ortega lidera un grupo de 25 personas de las cuales 23 son mujeres.

“Ese es un grupo que se hizo con docentes y estudiantes que tenían una formación  empírica de acabados, presentación de productos y buscan certificarse”, explica.

El logro más importante que ha obtenido en este proceso, afirma, ha sido tener la oportunidad de contribuir con el fortalecimiento de la autoestima de muchas de sus alumnas. Para ella lo más importante es el crecimiento personal y emprendedor de sus artesanos.

“Todos vamos agarrados de las manos, no solo es Daneida Ortega, sino todas las mujeres y hombres que hacen parte de esto”.

El tiempo empleado para elaborar estas artesanías —explica— varía de acuerdo con su tamaño, labrado y pintura. “Si se hacen por series se puede sacar un collar en aproximadamente dos horas realizando acabados”.

Del mismo modo, explica que armar un collar “es un proceso más práctico y se puede desarrollar en menos tiempo, todo está en cuánto se demore recortando las piezas, en esto se van  dos o tres horas más”.

Daneida Ortega tiene muchas metas y sueños por alcanzar. Afirma que con Caribe Ancestral en específico hay expectativas grandes porque se proyectan en uno o dos años como distribuidores exclusivos de los productos en totumo con una identidad original.

“No se va a entrar al mercado trabajando la misma línea que trabajan nuestros compañeros. No. La idea es tener una línea totalmente diferente, pero con la misma fibra natural”.

Materia prima de vida

Las semillas que Daneida utiliza para la elaboración de sus productos son obtenidas a través de un proceso de recolección que ella realiza y que aprovecha para explorar su entorno e inspirarse.

“Para mí es importante destacar el significado de las semillas. La semilla es vida, prosperidad, crecimiento, fortaleza y nacimiento”.

También, cuenta que muchas personas la han llamado “loca” porque cuando sale a la calle tiene la precaución de llevar en su bolso guantes quirúrgicos y una bolsa para recoger sus semillas. “Donde veo las guardo, son un potencial para mi trabajo”.

Durante los 10 años que lleva desempeñándose como artesana, Daneida ha realizado un proceso de investigación con las semillas incluyendo dentro de su propuesta la semilla de Ojo de Buey, de Orejero, que se da a la orilla del río; la Cabalonga, que surge de forma silvestre, la de corazón, que brota del mar, entre otras. “Estas semillas aparte de ser hermosas en su contexto, también se destacan a nivel medicinal y para mí eso es muy importante”.

Estas semillas en compañía del totumo hacen parte de una de sus piezas más importantes, el ‘Bakú’, un elemento indígena Mokaná. “Cuando los caciques llegaban a los asentamientos para solicitar la toma de productos de la tierra con las Moanas, mujeres sabias que tenían el poder energético de consultar con los elementos, utilizaban el Bakú como el portal para que ellas pudieran decirles a estos hombres qué debían hacer para poder acceder a esos frutos o beneficios de la naturaleza”, explica Yajaira del Toro, líder espiritual Mokaná en Malambo.

Comercialización

Para Daneida la labor del artesano no siempre es bien apreciada. En muchos casos cuando ofrece sus productos “la gente no paga la cantidad de dinero que se pide, la tendencia es a que el cliente le ponga el precio” al “trabajo y eso no debe ser así”.

Eloisa Ariza realiza con totumo accesorios para dama. Oriunda de Bálsamo, Magdalena, proviene de una familia de artesanos en la que su papá elabora productos con esta materia prima hace más de 40 años.

“Algo que sí tengo que decir sobre la remuneración que recibimos los artesanos por nuestros productos es que muchas veces no nos quieren pagar el precio justo por algo que realmente es trabajado a mano. Es un producto hecho con amor, pero mal remunerado”, recalca.

Eloisa destaca que los accesorios en totumo son muy livianos y le permiten a la mujer verse sencilla, auténtica e imponente a la vez. “Cuando las personas van a comprar un producto siempre piden descuentos sin pensar el trabajo y tiempo invertido por nosotros para que tenga excelentes acabados”, reitera.

Coincidiendo con su colega, Daneida afirma que  “dentro del proceso de distribución artesanal” en el que un tercero les compra a un precio y luego vende a otro mucho más elevado,  es necesario crear un modelo de negocio en el que gane tanto el fabricante de ese objeto, muchas veces único, como el cliente que se lo lleva a su casa.

Daneida y Eloisa son un ejemplo de que el trabajo artesanal permanece en el tiempo y  ayuda a mejorar la calidad de vida de cientos de familias. A pesar de las adversidades ellas siguen trabajando para que estos productos puedan ser apreciados y comercializados de forma justa.

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