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Yesid Zuñiga tiene 42 años y trabaja en los sectores de la animación y activación de marcas. Santos Spinali, de 28, labora como vendedor de accesorios de celular.
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Dos historias sobre la grandeza de vivir siendo de talla baja

Yesid Zúñiga y Santos Spinali padecen de acondroplasia.

Yesid  Enrique Zúñiga es un hombre de 42 años que desde su infancia fue diagnosticado con acondroplasia, una condición genética que no permitió que sus extremidades se desarrollaran de forma normal.

De niño soñaba con ser policía, inspirado en un primo que hacía parte de la Institución. Recuerda que cuando este familiar iba a su casa a visitar a su abuela y su mamá, le decía que quería ser como él.

“Mi mamá se preocupaba y no encontraba las palabras exactas para decirme las cosas por temor a que yo le fuese a reprochar algo, por lo que decidió acudir a un médico”.

Cuando eso sucedió, Yesid tenía 11 años de edad. El especialista lo trató, pero se enfocó en el componente psicológico y emocional pues decirle a un niño de esa edad que su vida tal vez no sería como la soñaba era muy difícil.

“El día que me dijeron todo, o como dicen por ahí el día que me estrellé, el médico le pidió a mi mamá que nos dejara solos. Hizo el chequeo y me informó que no sufría de nada, me aconsejó que por mi condición de ser bajito no podía engordar porque me iba a ahogar. Entonces yo le pregunté ¿cómo así que por mi condición de ser bajito? Y me respondió que yo sufría de acondroplasia”. 

El especialista me explicó que mis huesos no se iban a desarrollar bien y que no tendría un crecimiento como el resto de las personas. Recuerda que mientras el doctor le estaba explicando su patología se iba desmoronando por dentro. “Yo pensaba en ese momento que no iba a crecer más, que siempre sería pequeño y que la gente me iba a discriminar. Por mi cabeza también pasó que no iba a tener amigos, tuve todos los pensamientos de una persona cuando se acompleja”.

Estos pensamientos hicieron eco en su comportamiento y en su juventud decidió alejarse de la gente. “El complejo me hizo creer que cualquier persona que me estuviese mirando lo hacía para verme feo. Mi familia siempre me apoyo, ellos no me sobreprotegieron y me soltaron a la vida para que yo aprendiera que si me caía me tenía que levantar y que tenía la capacidad de superar cualquier adversidad porque era una persona como las demás”. 

En el colegio descubrió su gusto por el fútbol. Un año, cuando se organizó un torneo intercursos, su salón armó un equipo.

“Yo me ilusioné porque el profesor de Educación Física dijo que nadie se podía quedar por fuera. Me dieron uniforme y todo, pero cuando se jugaban los partidos me dejaban esperando. Un día pedí que por lo menos me dejaran jugar un encuentro y el que organizó el equipo me preguntó que para qué quería jugar si no iba a hacer nada en la cancha. En voz baja me llamó inservible”.

Visión

En una oportunidad un primo lo invitó a trabajar con él como ayudante en los cumpleaños. Él cargaba los equipos y los conectaba, pero su familiar le propuso hacer de payaso. 

“¡Cómo se te ocurre! A mí de por sí los niños me huyen, ahora imagínate yo disfrazado de payaso”, le reclamó, pero la idea le quedó sonando porque en ese momento ya estaba de alguna forma superando sus complejos. En el barrio Los Robles, en Soledad, animó su primer cumpleaños.

Improvisaron con un traje de congo porque no tenía disfraz de payaso. “Ese día que estuve en el cumpleaños y veía como los niños me abrazaban, pensé que sí se podía ser feliz”.

Cuando asimiló que su condición no iba a ser impedimento para cumplir sus sueños optó por conectarse a las redes sociales. Como dijo Santo Tomás Moro: “felices los que saben reírse de sí mismos porque nunca terminarán de divertirse”. Eso, cuenta, lo aplica en sus redes y en su trabajo como animador. 

Dice que ahora se encuentra soltero, pero que ha tenido “como cuatro novias”, todas de tamaño “normal”. Una vez entrando a un lugar “la gente se sorprendió porque un tremendo bollito” iba de su mano.

Inmigrante y pequeño

Santos  Spinali, llegó a Barranquilla procedente de Venezuela hace cuatro años. A diferencia de Yesid, su madre desde que lo tenía en el vientre sabía que su hijo nacería con acondroplasia. Recuerda que cuando era niño su mamá le daba mucha leche en polvo porque pensaba que con eso sus huesos crecerían un poco más. 

“Tengo que reconocer que mi desarrollo fue normal, pero de una persona pequeña. Fui al colegio como cualquier otro niño y se metían conmigo porque era pequeño, me decían enano”.

Como método de defensa aprendió a hacerse amigos de los “más respetados” para esquivar el matoneo. “Siempre me ganaba a la gente para que en caso de que alguien se metiera conmigo por ser pequeño alguno de mis amigos me defendiera. Nunca tuve complejo”. 

Cuando llegó a Colombia supo que tendría que empezar desde cero. Además tenía que lidiar con el temor de que no lo contrataran en ningún lado por su apariencia. Solo, con 24 años y 1.26 de estatura se aventuró a demostrar que sus aptitudes y actitudes eran las mismas que las de una persona de talla promedio. Después de tocar varias puertas logró conseguir empleo como vendedor de accesorios de celular en un local de un centro comercial en el norte de la ciudad. Allí, dice,  encontró en sus compañeros de oficina una “familia”.

“Creo en mí y en Dios que me ha dado oportunidades. Creo que hay algunos coterráneos que deberían tomar mi ejemplo. Veo con tristeza noticias de que algunos migrantes venezolanos andan robando y matando y yo que tengo mi condición he podido salir adelante. Yo cuando llegué a Colombia no pensé que iba a conseguir un trabajo. Empecé poniéndole cartones a las motos”.

Rompiendo estigmas

Su deporte favorito es el básquet, de hecho lo juega.

Hay gente que dice que si uno es pequeño no puede jugarlo y eso es mentira. Yo me acuerdo que cuando era niño jugaba con una pelota de bebé y con eso la llegaba”.

Santos es consciente que por su condición no debe sufrir de sobrepeso porque su salud se podría ver seriamente afectada, sobre  todo en sus sistema respiratorio. 

“Con el peso me he puesto más lento, pero sigo hacia delante. Aspiro a ser grande en la vida, una persona de bien”. 

Sentir barranquillero

“Ya yo me siento de Barranquilla, a mi me maman gallo y yo también lo hago, eso sí hay que tener unas medidas de respeto, pero me siento como uno más de esta tierra”, dice Santos. 

A este vendedor le gustaría que la gente entendiera que no son ciertos los mitos, por ejemplo que todas las personas de su condición son amargadas. 

“Un día iba en Transmetro escuchando vallenato y se me sentó al lado una muchacha que se puso a cantar. Le pregunté si le gustaba la canción y ella me dijo que sí y de buenas a primera me preguntó que por qué la gente como yo era amargada, yo le dije que no todos somos iguales y que me podía ganar su corazón como un amigo, novio o esposo (risas)”.

De su situación sentimental no habla mucho, pero confiesa que ahora mismo está soltero. 

A la sociedad le dice que ya es hora de dejar de ver a las personas de baja estatura como si no fuesen capaces de hacer las cosas y hace un llamado para que sean tenidos más en cuenta en el mercado laboral. 

“Dios nos puso aquí por algo, somos berracos y trabajadores, le echamos ganas a todo y si hay una oportunidad de trabajo y una persona de baja estatura está necesitando empleo deben darle la oportunidad. No se dejen llevar porque sea pequeño, la grandeza va dentro”. 

¿Qué es la acondroplasia y por qué se produce?

La genetista María Carolina Manotas explica que la acondroplasia es una condición genética que hace parte de un grupo de enfermedades conocidas como displasias esqueléticas (problema con el crecimiento y desarrollo de los huesos), siendo esta la más común. “Se estima que tiene una prevalencia de 1 en 20 mil nacidos vivos”, dice.

Manotas describe que esta condición se caracteriza por que afecta al individuo con acortamiento de las extremidades, específicamente los segmentos próximos al tronco. 

Quienes sufren esta enfermedad pueden tener manos anchas y cortas, dedos cortos, macrocefalia (alteración en la cual la circunferencia de la cabeza es más grande), adicionalmente los que tienen esta condición presentan una curvatura exagerada de la parte lumbar de la columna vertebral. “Los pacientes con acondroplasia tienen bajo tono muscular y en la infancia se hace evidente un retraso en la adquisición de actividades motoras gruesas’. Los hombres alcanzan un promedio de 1.31 metros y la mujeres 1.24 metros. De acuerdo con la especialista, esta enfermedad es causada por una mutación en el gen FGFR3, el cual codifica para el receptor de crecimiento fibroblasto tipo 3, que es el que está implicado en el crecimiento óseo. El diagnóstico se basa en hallazgos clínicos y radiológicos. 

Los hijos pueden heredar la enfermedad si uno de los dos padres tiene la condición o por padres de estatura convencional en la que uno de los dos tenga el gen FGFR3 mutado. Otro factor de riesgo, según estudios, es que la mujer quede embarazada de un hombre mayor de 50 años.

El caso de Peter Dinklage
Peter Dinklage camina junto a su esposa Erica Schmidt y su hija mayor.

Peter Dinklage es uno de los actores más reconocidos de Hollywood. A sus 51 años es recordado en el mundo por su papel de Tyrion Lannister en la serie ‘Juego de Tronos’, rol por el que recibió un Globo de Oro en 2011 como ‘Mejor actor de reparto de serie, miniserie o telefilme’. 

Su carrera tomó vuelo después de los 30. Su primer protagónico fue en la película ‘Vías cruzadas’ (The Station Agent) en la que interpretó a Finbar McBride, la cinta recibió un premio en el Festival Sundance.

En 2005 se casó con la directora teatral Erica Schmidt con la que tiene dos hijos. Dinklage es muy reservado con su vida privada, pero en su perfil de Instagram ha compartido varias fotos de su familia.

El actor norteamericano ha sido critico de otras personas con su condición que trabajan en circos haciendo espectáculos ofensivos con ellos mismos. 

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