Elegir qué ponerse, responder mensajes, decidir qué comer, qué serie ver, qué ruta tomar o qué tarea hacer primero. Aunque estas parezcan acciones insignificantes, cada día una persona toma alrededor de 35.000 decisiones, según distintos estudios sobre comportamiento humano.
Y esa acumulación, lejos de ser inocente, estaría pasando factura, especialmente entre los más jóvenes. De acuerdo con un estudio realizado por Preply, una plataforma de aprendizaje, el 84 % de las personas experimenta fatiga decisional, un desgaste mental que aparece después de tomar demasiadas elecciones a lo largo del día.
El fenómeno impacta con fuerza a la Generación Z, es decir, jóvenes entre 18 y 24 años, quienes reportan sentirse mentalmente agotados 11 veces al mes, un 38 % más que los baby boomers (nacidos entre 1946 y 1964).
Vea: Santoral del 18 de mayo: estos son los santos que recuerda este lunes la Iglesia católica
Además, más del 30 % de estos jóvenes reconoce procrastinar objetivos personales como estudiar, hacer ejercicio o aprender nuevas habilidades, y evitar decisiones relacionadas con ellos entre dos y tres veces por semana, una frecuencia tres veces mayor que la registrada en generaciones mayores.
La explicación, según la psicóloga María Eugenia Sarmiento, estaría en una mezcla de hiperconectividad, exceso de opciones y presión constante por optimizar cada aspecto de la vida.
“Los jóvenes viven atrapados en una paradoja; es cierto que actualmente tienen más herramientas y oportunidades que nunca, pero también más estímulos, comparaciones y decisiones que gestionar”, señaló.
El cerebro sí quiere hacerlo
La procrastinación suele confundirse con pereza o falta de disciplina. Sin embargo, una investigación publicada en la revista científica Current Biology encontró que el problema podría estar más relacionado con cómo funciona el cerebro ante tareas incómodas. El estudio, liderado por el neurocientífico Ken-Ichi Amemori, identificó un circuito cerebral denominado VS-VP, vinculado al inicio de acciones.
“Algunas investigaciones han demostrado que el cerebro puede reconocer perfectamente que una tarea es importante, pero aun así bloquear su comienzo si anticipa incomodidad, esfuerzo o malestar. En este proceso intervienen dos regiones clave, que son el estriado ventral, que detecta lo incómodo o difícil de una tarea, y el pálido ventral, encargado de activar la conducta. Cuando el cerebro percibe demasiado ‘costo’ al iniciar, la señal de alerta puede imponerse y generar parálisis”, explicó Yolanda del Peso, vocera de Preply.
“No es flojera”
La psicóloga María Eugenia Sarmiento mencionó a EL HERALDO que la procrastinación involucra factores emocionales y cognitivos complejos.
“Hay muchas lógicas detrás; existe el miedo al fracaso, la desmotivación, la falta de autodisciplina, perfeccionismo extremo y necesidad de control. La persona quiere hacerlo todo perfecto y eso termina jugándole una mala pasada”, dijo.
Lea: La trágica historia que dio pie a ‘La cuna blanca’, el himno salsero que inmortalizó Sammy Marrero
La especialista advirtió que, cuando la procrastinación se vuelve crónica, puede convertirse en un problema de salud pública, al aumentar el riesgo de ansiedad, depresión, estrés laboral y deterioro de hábitos saludables.
“Puede llevar incluso a posponer tratamientos médicos, actividad física, alimentación saludable o decisiones importantes por miedo, ansiedad y agotamiento”, agregó.
Según Preply, el 31 % de los jóvenes asegura que tener rutinas establecidas ayuda a disminuir la fatiga decisional. Por ello, Sarmiento recomienda una serie de prácticas para mejorar.
“Dividir tareas grandes en pasos pequeños, establecer horarios específicos, crear un espacio funcional, hacer pausas activas, priorizar tareas, cuidar el diálogo interno, bajar la autoexigencia, reducir notificaciones y distracciones digitales y celebrar pequeños avances. Reconocer progresos fortalece la motivación y ayuda a romper el ciclo de frustración”, anotó.





















