La ciénaga de Mallorquín lleva años resistiendo a la expansión urbana, los residuos y el olvido cotidiano. A pocos kilómetros del ritmo acelerado de Barranquilla, este cuerpo de agua continúa recibiendo las huellas de una ciudad que muchas veces lo mira sin detenerse realmente a comprenderlo.
Lea aquí: ‘Fast & Furious’ tendrá su propia serie producida por Vin Diesel
Entre esas huellas aparecen bolsas, botellas, restos plásticos y, particularmente, cientos de chancletas arrastradas por el agua y acumuladas entre el mangle. Fue precisamente en esos objetos dispersos donde el artista visual barranquillero Luis González Vergara encontró el punto de partida para ‘Serpiente de la ciénaga’, su primera exposición individual, presentada en Casa Fulgor (Calle 72 No. 55-65).

La muestra reúne cerca de 300 chancletas recuperadas de este espacio natural y turístico de 350 hectáreas y convertidas, luego de un proceso de limpieza e intervención, en una instalación artística de aproximadamente 80 metros.
Más allá de ser una denuncia ambiental, la obra se mueve entre la memoria del territorio, la relación humana con el paisaje y las historias que permanecen ocultas en los márgenes de la ciudad. Las piezas, unidas entre sí como un cuerpo que serpentea el espacio, terminan construyendo una metáfora sobre la manera en que los territorios absorben los rastros de quienes los habitan.
“Esta obra logra ubicarse de forma espontánea en el lugar en el que se encuentra porque pertenece al territorio. No surge desde una idea externa, sino desde el hacerse parte de la comunidad y entender el entorno desde adentro”, explicó González Vergara en conversación con EL HERALDO.
De la mano de la gente
El proyecto nació a partir de jornadas ambientales y procesos comunitarios desarrollados junto a pescadores y habitantes de la zona. En medio de recorridos, conversaciones y actividades pedagógicas, el artista comenzó a reconocer que los residuos también hablaban del comportamiento humano, de la precariedad y de las formas en que las comunidades construyen vínculos con el agua y el paisaje.

La exposición dialoga además con referentes del arte moderno colombiano como Alfonso Suárez, especialmente en esa intención de resignificar lo cotidiano y encontrar profundidad en aquello que suele pasar desapercibido. En lugar de representar la ciénaga desde una mirada romántica o paisajística, González propone observar desde sus tensiones, contradicciones y resistencias.
Dentro de la muestra también aparecen fotografías y registros audiovisuales realizados durante el proceso de inmersión en el territorio. Sin embargo, son las chancletas las que terminan convirtiéndose en el hilo conductor de la exposición: objetos anónimos, desgastados por el agua y el tiempo, que poco a poco adquieren una nueva lectura.
“Cuando empecé a recogerlas eran simplemente elementos sueltos. El sentido fue apareciendo mientras entendía el territorio y reconocía en las huellas de los pies una información que solo surge cuando uno se involucra realmente con el lugar”, señaló el artista.
“Este proceso inició desde la curiosidad; visitando, investigando y conversando con los habitantes del entorno, un reconocimiento progresivo de un ecosistema que fue mostrándome a la par su exuberancia y su deterioro. Sin embargo. Lo que realmente me vinculó a estas aguas no fue el conocimiento sobre su importancia como ecosistema ni sus amenazas por la expansión urbana, sino el contacto. Caminar sus aguas, sembrar jardines de manglares, recoger las basuras de sus orillas y compartir con la comunidad de La Playa, es lo que realmente me hizo desarrollar un sentido de pertenencia hacia este espacio, y esto me ha llevado cada vez más a la acción”, agregó González.
Llena de vida
Esa búsqueda llevó a González a adentrarse físicamente en la ciénaga, recorriendo zonas donde convergen el agua dulce y salada, y donde el ecosistema continúa funcionando como punto de encuentro entre el río y el mar.

En medio de la contaminación, el artista encontró también vida: peces, aves, mangles y comunidades que dependen del territorio para sobrevivir.
La exposición insiste en mirar más allá del cuerpo de agua. Para el artista, Mallorquín también es una red humana construida desde el cuidado mutuo, la resistencia y la permanencia. “Los territorios rurales no son solamente paisajes o postales. Son ecosistemas vivos que luchan por mantenerse a través de las personas que los habitan”, afirmó.
Le puede interesar: Festival Cordillera 2026 ya tiene fecha y prepara su regreso a Bogotá
Con ‘Serpiente de la ciénaga’, Luis González Vergara convierte los residuos en un lenguaje visual que incomoda, cuestiona y obliga a mirar de nuevo un espacio que, pese a estar siempre presente en la ciudad, muchas veces permanece invisible.





















