Las imágenes que llegan desde México sobre las mariposas monarcas parecen sacadas de una escena de película.
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Árboles completamente cubiertos de tonos naranja y negro que permanecen inmóviles hasta que un rayo de sol activa el espectáculo. Entonces, el bosque entero cobra vida. Se trata de la llegada de la mariposa monarca, una de las especies migratorias más fascinantes del mundo.
Con la llegada del otoño millones de estas mariposas emprenden un viaje de más de 4.000 kilómetros desde Canadá y el norte de Estados Unidos hasta los bosques de oyamel en el centro de México. Allí encuentran las condiciones ideales para sobrevivir al invierno, gracias a la humedad y a las temperaturas frescas que las protegen de las heladas.
Uno de los aspectos más sorprendentes de este fenómeno es que muchas de las mariposas que llegan nunca han estado antes en su destino. Pertenecen a la llamada “generación Matusalén”, una etapa única en su ciclo de vida que les permite vivir hasta ocho meses, a diferencia de otras generaciones que apenas sobreviven unas semanas.

¿Por qué las mariposas monarcas son naranja?
El característico color naranja de estas mariposas no es casualidad. Proviene de las toxinas que acumulan durante su etapa de oruga al alimentarse de algodoncillo, una planta clave para su desarrollo. Este color funciona como una advertencia natural para depredadores, indicando que no son aptas para el consumo.
Durante su estancia en México, las monarcas reducen su actividad y se agrupan en grandes colonias para conservar calor y energía. Al finalizar el invierno, comienza el apareamiento y posteriormente el regreso hacia el norte, donde nacerán nuevas generaciones que continuarán el ciclo migratorio.
Sin embargo, este espectáculo natural enfrenta una seria amenaza. Diversos estudios advierten sobre una disminución alarmante de sus poblaciones en Norteamérica, causada principalmente por la pérdida de hábitat, el uso de pesticidas y el impacto del cambio climático.
Expertos alertan que, de no tomarse medidas urgentes, algunas poblaciones podrían acercarse al colapso en las próximas décadas, poniendo en riesgo uno de los fenómenos naturales más emblemáticos del continente.




















