El Atlántico volvió a decir presente en uno de los escenarios culturales más importantes del país. Con danzas, teatro y tradición, varias agrupaciones hicieron parte del Festival Internacional de Artes Vivas, un espacio donde artistas de distintas regiones y países se encuentran para mostrar lo mejor de sus expresiones.
Durante varios días, el festival reunió a artistas nacionales e internacionales en un mismo espacio donde el teatro, la danza y la música dialogaron sin barreras. En medio de esa diversidad, el Atlántico se abrió paso con propuestas que reflejan la riqueza de sus tradiciones.
Uno de los momentos más emotivos se vivió con la presentación de La Tropa de Melquiades, colectivo barranquillero que rindió un homenaje póstumo al narrador oral Manuel Sánchez. Su puesta en escena, Parábisis de un sueño, estuvo llenas de vestuarios coloridos y una narrativa que conectó con el público desde lo sensible.
Desde el sur del departamento, el municipio de Santa Lucía llegó con la fuerza del Son de Negro, una manifestación donde el baile y el canto se convierten en una forma de contar la historia. Cada paso, cada gesto, dejó ver la esencia de una tradición que ha resistido el paso del tiempo.
Pero si hubo una presentación que cargó un mensaje profundo, fue la de Las Farotas de Talaigua, agrupación que representa una de las expresiones más significativas de la cultura anfibia del Caribe. Bajo la dirección de Mónica Ospino Dávila, hija de la recordada matrona Etelvina Dávila, la danza logró retratar la memoria y la lucha.

Ospino explicó que para ellos, como manifestación cultural propia de la depresión momposina, estar en estos escenarios significa crecer y fortalecerse. “Estos espacios nos ayudan a seguir firmes, a cuidar lo que somos y a proteger nuestras tradiciones, que es lo más importante”.
También resaltó que su danza tiene un propósito que va más allá del espectáculo. “Nosotros seguimos luchando por mantener viva esta memoria. Somos una danza de resistencia. Esto es una forma de recordarle al país que estas expresiones no pueden desaparecer”.
En su mensaje, hizo énfasis en el valor social de la Farota: “A través de la cultura dignificamos el honor de la mujer y llevamos un mensaje de no violencia de género”.
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El camino para esta agrupación no se detiene. Tras su paso por el festival, ya se preparan para una nueva cita en la Feria Internacional del Libro de Bogotá, los días 28 y 29 de abril. La invitación surgió luego de que el Ministerio de Cultura destacara su trabajo en la revista El Faro. Allí presentarán una propuesta llamada Ecos de Resistencia Indígena, que incluirá una muestra artística y un pequeño taller, con el que esperan seguir compartiendo su historia.
Hoy, Las Farotas de Talaigua, originarias de Talaigua Nuevo, continúan consolidándose como una de las manifestaciones más representativas del Caribe colombiano y como parte fundamental del patrimonio cultural del Carnaval de Barranquilla.





















