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Estefany Rodríguez perdió la noción del tiempo y solo alcanzaba a percibir si era la mañana, tarde o noche por la comida que le daban los guardas del centro carcelario. Así pasó esta periodista barranquillera las 216 horas más difíciles, y tal vez traumáticas, de su vida luego de haber sido detenida por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas(ICE).

En 35 años de edad que tiene esta mujer, nunca pensó que iba a atravesar por el episodio que sin duda más atemoriza a un ser humano: perder su libertad y de una manera tan injusta, como ella lo califica.

Su vida se partió en dos el pasado 4 de marzo, cuando en medio de su rutina diaria fue detenida por uniformados del ICE. “Había mucha confusión sobre todo porque fue un operativo como si yo fuera la peor criminal y en el momento que pasa eso solamente le decía a mi esposo: por favor, busca a la niña. Yo no pensaba en nada en ese momento”, contó Estefany a EL HERALDO.

@estefany_rodriguezperiodista

Las horas que se sintieron años

Fueron nueve días que se sintieron una eternidad para Estefany. Por su cabeza pasó que tal vez iba a permanecer allí años y no era algo lejos de la realidad. Algunos migrantes han tenido que estar detenidos durante años a la espera de que su proceso pueda resolverse. Ese podía ser el caso de Estefany y aunque, afortunadamente, pudo reecontrarse con su familia tras nueve eternos días, las situaciones que enfrentó la marcaron para siempre.

“Perdí la noción del tiempo porque en las cárceles no hay reloj visible y como nosotros no éramos condenadas, quizás no teníamos las mismas facilidades que una persona condenada, que tienen acceso a llamar y a hacer otras cosas. Yo nada más me dediqué a respirar y a orar porque no puedes hacer más nada. Los días son inmensamente largos”, relató.

Las comidas del día se convirtieron en su reloj y en la única forma de saber si era de día o de noche: “A las 12 del mediodía era el almuerzo y la comida a las 5 de la tarde y ya luego te sacaban a bañar como a las 7 y media entonces es una rutina que no se merecen ni los que viven ahí porque no hay humanización de ningún tipo y que metan a un inmigrante en ese mismo entorno es difícil”, contó.

“Una cárcel de tres por tres”

En una cárcel donde apenas había una cama de hierro pasó Estefany los días en los que estuvo detenida, donde solo se aferraba a su hija y esposo, pues el deseo de volverlos a ver se había convertido en una pizca de esperanza en medio de un mar de incertidumbre y zozobra.

“Estuve en una celda de tres por tres, sucia, en una cama de hierro. Peor que en las películas porque uno no se lo imagina (...) te obligan a bañarte completamente desnuda como el resto de las internas, mezcladas con las que están condenadas, no hay ningún tratamiento diferente para un inmigrante que en ocasiones nada más lo que hizo fue entrar a este país por una frontera, no hay mujeres criminales, hay gente trabajadora”, expresó en medio de impotencia y frustración.

Estefany, como si fuera una condenada más en Estados Unidos por cualquier delito, llegó a una cárcel federal en Alabama, donde como otros presos tenía un uniforme y hasta estuvo esposada de manos, pies y cintura. No entendía por qué la trataban como una criminal más.

Instagram @estefany_rodriguezperiodista

“Cuando me trasladaron de Nashville a esa cárcel fue en un bus de máxima seguridad, esposada de manos, pies y cintura surante cuatro horas de camino por carretera. Eso no se le hace a un ser humano, a un ser humano que no ha hecho nada ilegal en este país”, sostuvo.

Tras estar unos días en Alabama, Estefany fue trasladada a un centro de detención de ICE en Luisiana, donde coincidió con otros migrantes en situaciones similares. Pensar que es algo distinto es un error. La barranquillera expresó que allí estuvo encerrada con más de 60 mujeres.

“Igual es una cárcel, es una jaula. Éramos entre 60 y 70 mujeres en un cuarto. Es aterrador por donde lo veas, aquí y allá, o donde quieras que sea la situación”, detalló.

“El trato que el migrante recibe al estar en un centro de detención sin ser un criminal no se lo merecen ni los criminales. Lo de las cárceles de Estados Unidos es una realidad que se cuenta incluso a medias. Cuando uno la vive de cerca, te das cuenta de lo duro que es”, agregó.

Ahora Estefany solo cuenta los días para que la situación se resuelva, volver a las calles a hacer reportería con la comunidad, esa es su pasión y no está dispuesta a renunciar a ello. Mientras tanto, junto a sus abogados está a a la espera de que el proceso se pueda resolver.

“Tengo un asilo que sigue pendiente y a la vez tengo un proceso de ajuste de estatus en curso, que lo tenía antes de que me detuvieran”, explicó.

No puede volver a su trabajo aún, pese a que tiene permiso de trabajo hasta 2029 todos sus documentos los tiene el ICE, por lo que la incertidumbre es cada vez más constante. No hay nada certero, lo único que tiene claro es que no quiere volver a pasar por una situación similar, de la que pudo salir gracias a una fianza de aproximadamente 10 mil dólares.

“Uno no sabe si realmente estás mejor adentro que afuera. Adentro piensas que algo te va a pasar y afuera sientes que van a venir por ti(...)Yo no puedo dejar de ser periodista. Tengo 35 años y soy periodista desde que tenía 20, desde que me gradué de la universidad y eso es lo que yo soy. Es que no puedo ser de otra manera”, concluyó entre la esperanza y zozobra.