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En la mañana de este jueves, a las 10:40 a. m., el Auditorio Marvel Moreno de la Universidad del Norte fue escenario del segundo día del Hay Festival Joven Barranquilla, con un conversatorio que reunió a estudiantes, lectores y amantes de la literatura en torno a la más reciente obra del escritor colombiano Juan Gabriel Vásquez, ‘Los nombres de Feliza’.

El encuentro estuvo moderado por el profesor Juan Manuel Ruiz y la editora de la Editorial Uninorte Alexandra Vives, quienes guiaron la conversación sobre esta novela que reconstruye, desde la ficción, la vida de la escultora colombiana Feliza Bursztyn.

Durante la apertura, el profesor Juan Manuel Ruiz presentó a Vásquez como una de las figuras centrales de la literatura latinoamericana contemporánea. Destacó su trayectoria como periodista y traductor, así como su amplia obra literaria, que incluye siete novelas, dos libros de cuentos y dos volúmenes de ensayos.

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Recordó además algunos de sus títulos más reconocidos, como El ruido de las cosas al caer galardonada con el Premio Alfaguara de Novela y el Premio Literario Internacional IMPAC de Dublín, La forma de las ruinas y Los informantes, además de las distinciones internacionales que ha recibido a lo largo de su carrera.

Por su parte, Alexandra Vives ofreció un recorrido por la vida de Feliza Bursztyn, protagonista de ‘Los nombres de Feliza’, aclarando que su lectura estaba mediada por su experiencia personal con la novela. Explicó que la obra abarca un periodo clave de la historia colombiana, desde el nacimiento de la escultora en 1933 hasta su muerte en 1982, marcada por el exilio, la persecución política y la búsqueda constante de un lugar como artista y como mujer.

Vives relató cómo Feliza, hija de inmigrantes polacos, creció en una Bogotá atravesada por el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, estudió en Nueva York, se formó en París y regresó una y otra vez a Colombia intentando abrirse espacio en el mundo del arte con esculturas hechas de chatarra.

También recordó sus vínculos con figuras como Jorge Gaitán Durán y Marta Traba, así como el episodio de su detención y tortura tras una visita a Cuba, hecho que la llevó al exilio en México y posteriormente a París, donde murió repentinamente en un restaurante.

A partir de ese desenlace, Vásquez explicó el origen de la novela y la obsesión que lo acompañó durante años: la frase con la que Gabriel García Márquez resumió la muerte de Feliza Bursztyn, al afirmar que había “muerto de tristeza”. Para el escritor, esa afirmación contenía una contradicción poderosa, ya que Feliza era recordada por su risa, su vitalidad y su carácter extrovertido.

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“El material de la novela nace de la contradicción”, señaló Vásquez, quien explicó que la ficción le permite explorar aquello que la biografía no puede: los pensamientos, emociones y conflictos internos de una persona. Insistió en que Los nombres de Feliza no es una biografía, sino un ejercicio de imaginación novelística que busca interpretar una vida y darle forma desde la literatura.

El autor también compartió detalles de su proceso creativo, que incluyó recorrer los espacios que habitó Feliza en París e incluso inscribirse como estudiante en una academia de escultura para comprender, desde la experiencia, el mundo que ella habitó. Según Vásquez, este esfuerzo por situarse en las coordenadas vitales de sus personajes es esencial para construir una ficción honesta y profunda.

El conversatorio cerró con la idea de que novelas como ‘Los nombres de Feliza’ se escriben para contar lo que no puede decirse desde la historia, el periodismo o la biografía, reafirmando el lugar de la literatura como un espacio para explorar las contradicciones humanas y la memoria desde la imaginación.