Hay espacios que no se buscan, pero que simplemente se necesitan. Espacios que nacen como un llamado íntimo a encontrarse con otras personas y, a la vez, consigo misma.
‘Arte Propio’ surgió así, como una luz pequeña que dos mujeres decidieron seguir hasta convertirla en un refugio donde la creación y la fe se entrelazan para sanar.
Blanca Patricia Gómez Cáceres, abogada de 35 años, y Verónica Sofía González Paternina, su cuñada y amiga, recuerdan que todo comenzó como una conversación cotidiana.
Verónica, deseosa de encontrar un taller de arte que ofreciera algo más que técnica, le repetía a Blanca: “¿por qué no buscamos un lugar donde podamos pasar un rato chévere, vestirnos lindas y salir de la rutina?”.
Buscaron, pero nada coincidía con la experiencia que imaginaban. La idea entonces llegó clara, casi luminosa: “¿Y si hacemos nosotras ese espacio que no encontramos?” Blanca no dudó, y así nació ‘Arte propio’, como una necesidad personal convertida en proyecto. Conversando con EL HERALDO, ambas contaron que nunca imaginaron que esto impactaría significativamente en la vida de las mujeres que hoy hacen parte de cada encuentro.
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Crearon comunidad
Algo que tenían claro ambas era que no querían un simple taller, por eso se dedicaron a hacer de cada encuentro un espacio cuidado, cálido, estético y sobre todo humano, así lo comentó Blanca a esta casa editorial.
“Intentamos crear comunidad, no hacemos talleres por hacer porque cada mujer que llega debe sentir que vivió una experiencia completa y bonita. El primer taller se llenó con familiares y amigas, pero a partir del segundo Instagram comenzó a movilizar nuevas asistentes, y desde el tercero, el motor ha sido el voz a voz de mujeres que han asistido a los talleres, recomendando la experiencia porque allí lograron conectar, compartir y sentirse en casa”.

‘Divina voluntad’ tocó fibras
Entre todos los encuentros, uno marcó un antes y un después. ‘Divina Voluntad’, el taller devocional donde se pinta la imagen de la Virgen María mientras se reza el Santo Rosario.
“Yo siempre he sido consagrada a la virgen, y cuando tuvimos la idea de hacer este taller, teníamos miedo de que un espacio abiertamente católico generara resistencia. Sin embargo, ocurrió lo contrario porque se convirtió en el corazón de ‘Arte Propio’. Las mujeres han llorado pintando a la virgen; y no somos nosotras, es el Espíritu Santo”, contó Verónica.
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En estos talleres, cada paso técnico se transforma en metáfora. Al lijar, reflexionan sobre lo que deben soltar; al pegar la servilleta, sobre lo que sostiene; al pintar, sobre lo que renace. “Las mujeres llegan con miedo a no saber pintar y terminan sorprendiéndose a sí mismas porque la virgen inspira”, coincidieron Blanca y Verónica.
Una de las asistentes, consagrada también, les confesó que llevaba tiempo alejada de Dios y que ver en sus redes sociales el taller fue como un llamado. Su mensaje conmovió tanto que se convirtió en símbolo del alcance espiritual del proyecto.
Así mísmo, ‘Arte Propio’ también ha sembrado semillas inesperadas, pues varias participantes les escriben para mostrarles piezas que comenzaron a vender gracias a lo aprendido.

Una pequeña que enamora
Entre pinceles y risas, hay una figura que se ha ganado el corazón de todas, se trata de Ivana, la hija de Verónica, que tiene 10 años.
“ Mi hija conoce la técnica completa, ayuda a las asistentes y aportó ideas desde el nombre hasta la elección de materiales. Es nuestra parte tierna”, comentó Gonzalez a EL HERALDO.
Las ideas siguen surgiendo, y las ganas de crecer no se desvanecen, por lo que en este 2026 realizarán talleres con solo niñas, puesto que tuvieron una bella experiencia con la hija de una de sus integrantes.





















