Su odisea le llevará a encontrarse con sus dos parientes que no hablan en español y sobreviven a malas penas al margen de la burocracia colombiana, en un territorio herido. 'Una persona que demoró 45 años en obtener su identidad, en ser reconocida, es un llamado de atención súper fuerte a un Estado en cualquier lugar del mundo', lamentó la cineasta y antropóloga. 'Cada quien debería centrarse en su propia vida, las personas tienen derecho a decidir sobre sus propias existencias. Esa persona no le hace ningún daño a nadie, al contrario, el daño que hubo sobre su propia identidad y su vida en casi medio siglo no es reparable', lamentó. 'Afortunadamente es una persona que gracias a su entereza y su fortaleza pudo sobrevivir en el tiempo y por eso está contando su historia, porque muchas personas no sobreviven', sostuvo. 'La realidad me fue poniendo trabas a esa idea que yo tenía como directora y yo me moldeé a la realidad de unas realidades súper crudas (...) que merecían reconocimiento', subrayó. La realizadora valoró la presencia de su película en Venecia, que ve como 'un final feliz', pero sobre todo apreció el hecho de que 'un montón de comunidades indígenas de Colombia en este momento se están empoderando'. 'Todo va por muy buen camino para que personas que históricamente han sido desfavorecidas tengan cierto reconocimiento (...) después de un montón de injusticias históricas a lo largo del tiempo en muchos lugares del mundo con muchas personas que están fuera del sistema porque no hablan el idioma dominante o porque pertenecen a otras culturas', celebró. Por el momento, esta 'Alma del desierto' ha alcanzado Venecia para dirigir al mundo su prodigioso ejemplo de esperanza.